miércoles, 27 de octubre de 2010

El asesinato de Mariano Ferreyra y los tiempos de la derecha mediática

Hay que decir, como reconocimiento a Ricardo Forster, que no sólo juega en el campo amigo de TVR o "6-7-8", sino que también tiene el coraje de jugar de visitante -como lo hizo ayer, martes- en el programa “Palabras más, palabras menos”, enfrentando las mordidas de la jauría y la distorsión de los “zócalos” mal intencionados. Sucede que, más allá del empeño de una fiscal y de una jueza por esclarecer el asesinato de Mariano Ferreyra, los tiempos del Poder Judicial son demasiado lentos para la avidez de la derecha mediática, de la que son parte Tenembaum y Zlotogwiazda. Como era previsible, la investigación se complejiza en el cotejo de declaraciones y refutaciones, videos y pistas, que nadie puede saber en qué habrá de culminar.
Lo cierto es que, en estos días, la derecha trafica con la muerte de un pibe. Y despliega un arsenal de acusaciones que, apelando a la peor manipulación, intenta establecer un vínculo entre los presuntos asesinos y la dirigencia sindical nucleada en la CGT, conducida por Hugo Moyano, que apoya al Gobierno. Un tiro por elevación.
Está claro, a esta altura, que a Ferreyra, un joven militante del Partido Obrero, lo mató la derecha que anida en la Unión Ferroviaria. Desde los medios hegemónicos, se insiste -y se insistirá- en hacer responsable al gobierno nacional de esta muerte. Por aquello de que hay un “clima” discursivo, un “espíritu de confrontación”, supuestamente generado por el oficialismo, que alienta o genera las condiciones para la violencia física, práctica y, al fin de cuentas, criminal, entre otras hipocresías.
Se pretende deslegitimar así, de un plumazo, lo que ha sido, y es, una de las más virtuosas banderas del kirchnerismo, gobernante desde 2003 a la fecha: la valiente decisión de no reprimir las manifestaciones de protesta en los espacios públicos. Sólo desde el cinismo más descarado se puede refutar esta verdad, evidente para cualquiera que recorra las postales de la conflictiva realidad de estos años.
Las fuerzas de seguridad que responden al Gobierno nacional jamás dispararon frente a las movilizaciones políticas y sociales que han jaqueado -¡y cuánto!- la tan mentada “gobernabilidad”. Por el contrario, desde el Estado siempre se procuró encontrar caminos de negociación, se buscaron “consensos” para resolver esas protestas legítimas, o no.
Está claro que en el juego del “péguele a Moyano” se apunta contra el Gobierno. Y se apunta contra el “modelo” económico y social que impulsa el kirchnerismo. Y, obviamente, se intenta construir un clima de opinión opositor de cara a las próximas elecciones.
Es muy evidente la debilidad de la línea argumentativa de la derecha, especialmente cuando tiene que apelar a la exhibición en simultáneo -en las tapas de Clarín, La Nación y Perfil- de ocasionales fotografías del presunto tirador junto a figuras ligadas al kirchnerismo. Es muy forzado el intento de asimilar la trayectoria gremial y política de Hugo Moyano (opositor al desguace del Estado en los años 90) con la de José Pedraza (cómplice y beneficiario de las privatizaciones) para desacreditar al gremialismo argentino en su conjunto. Hay mucha basura mediática, allí.
A la derecha comunicacional, ligada como nunca antes al establishment económico, sin dudas les preocupa el avance de los trabajadores organizados. ¡Qué cosa, ahora pretenden participar de las ganancias de las empresas, según lo establece algún artículo sospechosamente olvidado de la Constitución Nacional! Y les molesta, también, que al interior del peronismo la CGT reclame -como “columna vertebral”- una proporción en la representación legislativa. Y, la pregunta: ¿por qué no?
Frente a esta ofensiva, es obvio que desde el kirchnerismo -esta encarnación del peronismo del cual nos sentimos parte- entendemos que es necesario dar respuesta. Y aquí se instala una discusión, tan rica como urgente. Porque, a veces, en los debates que nos impone una coyuntura, también se van prefigurando las estrategias.
Por caso: es muy evidente la debilidad del intento de ciertos medios que apoyan al Gobierno de enlazar el asesinato de Ferreyra con sectores ligados al ex presidente Duhalde. Un intento vano que jamás llegará a la supuesta cúspide a la que se pretende responsabilizar. En rigor, la discusión es otra.
Tal como señaló el ya citado Forster: Nos cabe a nosotros dar cuenta de ese asesinato cometido por una patota sindical. Le cabe a las instituciones de un estado de derecho avanzar sobre los responsables materiales e intelectuales. Le cabe al gobierno garantizar no sólo que eso se haga con premura sino avanzar sobre algunas de las causas que hicieron posible la masacre de Barracas. Sindicalistas canallas, empresarios explotadores, un sistema que perpetúa la precarización laboral, medios de comunicación que de una manera cínica presentan como héroes y virtuosos a aquellos que, ayer nomás, mostraban como violentos piqueteros que amenazaban la paz social y a los que había que poner un límite”.
Y más allá: es urgente que el Gobierno desmonte, de una puta vez, esa llaga que constituye el sistema de administración de los ferrocarriles. Hay que meter la mano allí, y barrer esa estructura corrupta e ineficiente que castiga a millones de pobres (a los usuarios y a los trabajadores). Este es el desafío que puede acallar a los que ladran, por izquierda y por derecha.

2 comentarios:

Sujeto de la Historia dijo...

Amigazo Sanin:
Tal como nos tenés malacostumbrados, muy buen artículo. Desgraciadamente no ví a Forster, pero la frase que transcribís de él es de las que le escucho sábado por medio en Carta Abierta.
Y es nomás como decís: de una puta vez, olvidarse del porotómetro y usar el bisturí. Pero mucho me temo que el enquistamiento de tanta lacra responda a una cadena de negocios múltiples, cruzados, que vienen desde hace tantos años y que han pasado tantos gobiernos, que da escalofríos.
¿Sabés? en lo que escribí hace unos poquitos días, no pude, no quise hablar mucho del asesinato de este pibe, porque me asqueó lo que llamé el "festín caníbal" desatado alrededor del cadáver. No, preferí hablar de la(s) violencia(s) que nos rodean, de algunas de ellas. Pero creo que omití hablar de una muy importante: la estúpida autocensura que uno tiene para criticar a este gobierno que se apoya con las tripas, aún con sus mil defectos, para no darle pasto a las fieras. Y sé claramente que no me pasa solamente a mí, sino a muchos de nosotros. Y creo que estoy equivocándome al hacerlo.
Te agradezco la lectura, y te envío el afectuoso abrazo de siempre.

Javier dijo...

Yo no entiendo porque si el gobierno copio el sistema de funcionamiento del Renfe español , no lo implmentea efectivamente y termina con los negocios privados . No es que la infraestructura ferroviaria la debe manejar ADIF SE y la operacion diario la SOF SE y basta de Roggio , basta de TBA y basta de ugofes que son negocios con sindicalistas empresarios traidores y asesinos como Pedraza . No creo que alcancxe solo con la investigacion judicial y la identificacion de los culpables , tambien hace falta tomar decisiones politicas de fondo sino la muerte de Mariano a la larga la paga el gobierno y nada cambiara .

Un abrazo