jueves, 17 de octubre de 2013

“Clarín” manda: Todos contra Juan (Cabandié). Lanata reconoce que es una operación política. El tipo se equivocó hace cinco meses y lo “fusilan” hoy porque le aplican la justicia mediática en la previa de las elecciones. El desafío de la batalla cultural frente a la comunicación dominante.

Si bien se mira, nos plantaron la agenda -como lacónico y mordaz,  señaló Artemio López- y nos obligan a discutir en torno de las cuestiones que “Clarín” construye y ofrece en bandeja como alimento “informativo”. Y así el “affaire” Cabandié nos lleva de gira y nos impone tomar posición sobre un suceso que ocurrió cinco meses atrás, en el pasado mes de mayo, pero que recién se difunde hoy y obtiene relevancia en plena competencia electoral. Al menos en este punto, Jorge Lanata fue honesto: “Es obvio que se trata de una operación política”, dijo. Y sí: “ruido negativo”.
¿Quién se adueñó de esas imágenes y las retuvo en secreto hasta ahora? ¿Quién las editó? ¿Quién administra aún hoy día su difusión en tramos? Digamos: los videos publicados por el usuario de Youtube “Pedro Picapiedra” condenan a Cabandié. El último, subido por “Pablo Mármol”, muestra otros tramos de la discusión e incorpora otras voces y “deja mejor parado” a Cabandié. ¿Se trata de una broma esquizoide de Hanna-Barbera Productions o hay algo muy siniestro operando por detrás? ¿Es un chiste que “La Nación” difunda que el ex gendarme tucumano Raúl Maza, quien fuera vocero de una protesta salarial anti K el año pasado, ahora diga: “Me pidieron opinión y les dije que no lo suban ellos, que se lo dieran a otro”? ¿Quién es el Otro?
Sería bueno y muy útil para la convivencia democrática saber el recorrido del documento visual que el perspicaz gendarme (aún anónimo para nosotros) decidió grabar en aquel momento y cómo llegó hasta el presente. Y, también, ¿por qué era tan importante para ese gendarme filmar al legislador porteño Juan Cabandié mientras discutía con funcionarios que le planteaban sanciones inexplicables? Por caso: el secuestro del vehículo como medida punitiva ante una simple contravención.
Y, sí, en ese embrollo una piba de 22 añitos era no sólo la portavoz de la discusión sino el único agente institucional en condiciones de cumplir con esta amenaza de “secuestro”. Porque -recordemos- los gendarmes no “labran” multas ni retienen vehículos por infracciones de tránsito (una cuestión municipal) sino por delitos federales. (Y por eso buscaban en el baúl, en el bolso, en la rueda de auxilio). Pero fue ella -esa niña tan activa en el cumplimiento de sus misiones y funciones- quien adquirió protagonismo y fue hábilmente construida por el Grupo “Clarín” como víctima del despotismo K. Y ya veremos a dónde la conduce esta inesperada popularidad.
¿Por qué apeló Cabandié a su trágica historia de vida a la hora de enfrentarse ante un gendarme prepotente? No sé. Estamos hartos de interpretaciones a distancia, “a la Nelson Castro”, así que no tenemos nada que decir. Lo que resulta difícil de comprender es el llamado de Juan a una autoridad -ese “Martín” que aparece en la banda de sonido del primer video- para que resuelva el embrollo. Y, peor, para que “aplique un correctivo” a una empleada, ¿coimera? No importa. Todo eso fue un error, creo. Pero, aquí cito a Carlos Barragán: “Juzgar cómo se siente un hijo de desaparecidos frente a la presencia policial, juzgar cómo se sienten las fuerzas de seguridad frente a un hijo de desaparecidos me excede”. Firmo al pie.
Sucede que este episodio banal, convertido en un acontecimiento por la comunicación dominante, en un “punto de clivaje” de las opciones electorales hacia el próximo 27 de octubre, nos exige insistir -aunque resulte viejo y sobado en la patria bloguera- en la convocatoria a la batalla cultural, a esa pelea que algunos desprecian como si ya estuviera ganada, pero NO. Hay que empezar de nuevo, una vez, y otra. “Clarín” nos domina.