Es obvio que la intervención del diputado kirchnerista Andrés “El Cuervo” Larroque, en el curso de la sesión de Diputados donde se discutía la incorporación al padrón electoral de los jóvenes desde los 16 años, habrá de generar aún más respuestas ofendidas. Fue muy fuerte la denominación de “narcosocialismo” para referirse a la relación que el gobierno de Santa Fe mantiene con una policía más que sospechada de tolerancia o connivencia con el tráfico de drogas o el otro señalamiento dedicado a la incapacidad de la UCR para “administrar” siquiera calesitas. En respuesta, los opositores “ofendidos” por el discurso de Larroque decidieron abandonar el recinto legislativo y no expresar su voto acerca de una ley ciertamente transformadora, en tanto concede derechos políticos a los más jóvenes.
Ante esta actitud de la oposición, dijo el diputado Larroque: “Me parece poco argumento que un solo discurso pueda ser lo que respalde el bochorno que vivimos. Porque, primero la oposición no daba quórum. Después, plantearon que iban a acompañar, que iban a votar, pero estaba clara la sensación de que no tenían un pleno convencimiento, que tienen una agenda muy marcada por los grupos de poder en la Argentina, fundamentalmente por el Grupo Clarín, y evidentemente ante la confusión que tienen trastabillaron y terminaron haciendo el papelón. Que damnifica a las instituciones, por una parte, y por otra siguen mostrando que no están a la altura de las circunstancias.” Y es cierto, porque aún podían responder tomando la palabra y no lo hicieron, porque tenían todos los cierres de los presidentes de bloque para contestar e incluso se podían quedar a debatir, pero los opositores eligieron el camino del escándalo y no de la respuesta política ante la requisitoria planteada.
Pero también es atendible la diferencia que planteó ayer en “6,7,8” la periodista Nora Veiras al propio Larroque: “Me pareció inoportuno, ya estaba la sesión prácticamente terminando. No habían dado quórum, como bien explicaste, pero según lo que cuentan algunos cronistas parlamentarios, parte de los radicales y parte del FAP iban a apoyar, y esa calificación terminó haciéndole el juego a lo que querían provocar, que evidentemente estaba coordinado. Mi duda es, y esto es evidentemente contra fáctico, ¿si vos no hubieses dicho eso les hubiera sido tan fácil poner en escena lo que tenían coordinado? ¿No les diste con esa calificación el pretexto?” Según Larroque NO, pero para nosotros SI.
Más en general: La tarea de la bancada del FPV es alcanzar acuerdos que robustezcan la legitimidad de las normas que se aprueban, especialmente de aquellas que modifican cuestiones tan delicadas como el sistema electoral. Había diputados del FAP y de la UCR que, atentos a su propia interna, estaban dispuestos a acompañar al oficialismo. La chicana de Larroque sólo sirvió para resolver las contradicciones de las bancadas opositoras en favor de sus fracciones más beligerantes, más cerriles, más anti K, en suma.
Traer a cuento los insultos y descalificaciones de las que es objeto el kirchnerismo todos los días, e incluso durante esa misma sesión, para justificar esta intervención es un argumento débil. Por tres razones: A) No era el momento para responder, ANTES se debía votar. B) La respuesta, LUEGO DEL VOTO FAVORABLE AL PROYECTO, debe quedar a cargo del jefe de la bancada, quien decidirá hasta dónde clava el cuchillo y confronta con los opositores habida cuenta de la necesidad de construir mayorías en el futuro. C) El oficialismo, ampliamente legitimado en elecciones, no debe caer en la lucha en el barro que ha sido y es el “estilo” de los que perdieron, por caso Carrió, que fue tan agresiva en la sesión: “¿Qué van a ofrecer a cambio del voto? ¿Dinero? ¿Acaso droga?”. No hay que entrar en ese intercambio de golpes.
Queda, para el final, señalar el modo en que el “clarinismo” procura aprovechar esta pérdida de apoyos opositores a la Ley. Según escribió Pablo De León: “Anoche, la idea era capitalizar en soledad el llamado “voto joven”. La jugada fue arriesgada pues ponía en riesgo este cambio en el padrón electoral, vital en la necesidad de sumar votos para 2013 y por ende, en la búsqueda de una posible reforma electoral.” O este párrafo de Julio Blanck: “La irrupción y el desborde personal de Larroque, a quien en el recinto rara vez se le escucha la voz, provocó el retiro masivo de los bloques opositores y dejó al oficialismo votando y aprobando la ley en soledad. Esa soledad fue el efecto buscado, la decisión política puesta en acto por Larroque. Es muy del cristinismo duro, en esta etapa de contrariedades económicas y malhumor social, esa idea de cortar todo en dos partes inapelables, de edificar un abismo entre el ellos y el nosotros.”
En fin, más allá de la convicción y de la buena fe, un error no forzado.
viernes, 2 de noviembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
Barrionuevo ahora admira a Lanata y prometió acompañar la marcha cacerola. ¿Entonces, estamos entre fulleros?
A la hora de garantizar convocatoria para la próxima marcha cacerola, ¿todo suma? Así parece, al menos para el diario “La Nación”, tan jugado a la promoción de este acto opositor. Los editores del diario no le hacen asco a nada a esta altura, y publicitan la adhesión al cacerolazo del 8N de Luis Barrionuevo, un sindicalista que recoge nulo apoyo entre sus lectores, a punto tal que si se leen sus comentarios en la versión digital al pie de esta “noticia” no parecen bien dispuestos a “comerse el sapo”.
La nota de color es que Barrionuevo ha cambiado de opinión acerca de Jorge Lanata, el “frontman” de Clarín, quien años atrás lo hostilizara por la inconsistencia de sus declaraciones de ingresos. “Me encanta el programa de Lanata, nunca me lo pierdo. Siempre lo respeté porque es un tipo inteligente”, declaró Luis Barrionuevo en Radio Mitre.
El periodista “clarinista” Ernesto Tenembaun le preguntó: “¿En los 90 también te gustaba?”. Y el sindicalista gastronómico recordó: “Tuve choques bastante fuertes con Lanata. Muchas veces, cuando hay acusaciones, hay que buscar las fuentes donde está la verdad, para que no se tergiversen las cosas”. Y completó: “Creo que las cosas hay que verificarlas. Yo sigo vivito y coleando, gracias a Dios, de la misma manera de siempre”.
Lo paradójico es que “La Nación” incluye un video de la requisitoria de Lanata a Barrionuevo, en mayo de 2002, que los deja muy mal parados a los dos, exhibiéndose mutuamente papeles acusatorios, declaraciones juradas, fallos de la justicia. Y un remate antológico.
Barrionuevo: ¿Entonces, estamos entre fulleros?
Lanata: Por eso nos tuteamos, boludo, si no te trato de Usted.
La nota de color es que Barrionuevo ha cambiado de opinión acerca de Jorge Lanata, el “frontman” de Clarín, quien años atrás lo hostilizara por la inconsistencia de sus declaraciones de ingresos. “Me encanta el programa de Lanata, nunca me lo pierdo. Siempre lo respeté porque es un tipo inteligente”, declaró Luis Barrionuevo en Radio Mitre.
El periodista “clarinista” Ernesto Tenembaun le preguntó: “¿En los 90 también te gustaba?”. Y el sindicalista gastronómico recordó: “Tuve choques bastante fuertes con Lanata. Muchas veces, cuando hay acusaciones, hay que buscar las fuentes donde está la verdad, para que no se tergiversen las cosas”. Y completó: “Creo que las cosas hay que verificarlas. Yo sigo vivito y coleando, gracias a Dios, de la misma manera de siempre”.
Lo paradójico es que “La Nación” incluye un video de la requisitoria de Lanata a Barrionuevo, en mayo de 2002, que los deja muy mal parados a los dos, exhibiéndose mutuamente papeles acusatorios, declaraciones juradas, fallos de la justicia. Y un remate antológico.
Barrionuevo: ¿Entonces, estamos entre fulleros?
Lanata: Por eso nos tuteamos, boludo, si no te trato de Usted.
sábado, 27 de octubre de 2012
Un abrazo para Néstor
Sucede a veces, muy pocas, que se llora la muerte de un dirigente político. Sucedió cuando Evita “pasó a la inmortalidad”. Sucedió, también, cuando murió Perón y asistimos a sus funerales tan tensos y conflictivos. Pero mucho más cerca habrá que recordar el impacto que produjo en nuestra sociedad la muerte de Néstor Kirchner.
Fue un hombre excepcional, un dirigente que logró arrancar a un país de su postración, que intervino decisivamente a favor de los más débiles, que recuperó nuestra memoria social y nos puso de pie. Néstor inauguró una nueva etapa política en nuestro país, una etapa de libertad, de lucha, de discusión, de albores. Néstor fue el artífice de esta suerte de “revolución” populista que colocó al neoliberalismo en jaque, que contradijo tantas décadas (desde el 76, por caso, hasta el 2003) de entrega, de sumisión, de violencia antipopular, de desánimo y tristeza.
Néstor se fue, pero nos queda Cristina, su compañera. Abrazar a Néstor es acompañarla a Ella. Los enemigos siguen siendo los mismos.
Fue un hombre excepcional, un dirigente que logró arrancar a un país de su postración, que intervino decisivamente a favor de los más débiles, que recuperó nuestra memoria social y nos puso de pie. Néstor inauguró una nueva etapa política en nuestro país, una etapa de libertad, de lucha, de discusión, de albores. Néstor fue el artífice de esta suerte de “revolución” populista que colocó al neoliberalismo en jaque, que contradijo tantas décadas (desde el 76, por caso, hasta el 2003) de entrega, de sumisión, de violencia antipopular, de desánimo y tristeza.
Néstor se fue, pero nos queda Cristina, su compañera. Abrazar a Néstor es acompañarla a Ella. Los enemigos siguen siendo los mismos.
jueves, 25 de octubre de 2012
¡Bochorno! El diputado radical Oscar Aguad escapa de una cámara de “6-7-8” y niega su firma en un documento público. ¿Apoyar a Cristina es un pecado?
Ayer, en “6-7-8”, se exhibió la impotencia de Oscar Aguad, diputado nacional por el radicalismo, que además es miembro del Consejo de la Magistratura, a la hora de explicar sus actitudes contradictorias, sus intentos de borrar con el codo lo que escribió con la mano.
La referencia es el ya muy conocido concurso 258, en miras a cubrir las cinco vacantes existentes en los juzgados de primera instancia del fuero Civil y Comercial Federal, uno de los cuales posee el expediente con el amparo presentado por el “Grupo Clarín” contra la cláusula de desinversión de la Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
El periodista de “6-7-8” logró interferir la caminata de Aguad y formularle algunas preguntas.
“6-7-8”: En este concurso 258, usted era el encargado de estudiar el curriculum, la trayectoria…
Aguad: Sí.
“6-7-8”: ¿Qué ocurrió con la doctora (Lorena) Gagliardi? Porque usted firmó documentos avalando su trayectoria y después sostuvo que esa terna estaba viciada, que respondían al oficialismo.
Aguad: Yo lo invito a que lea el acta.
“6-7-8”: La tengo acá, diputado…
Aguad: Esa no es el acta…
“6-7-8”: Pero esto lleva su firma.
El diputado se coloca los anteojos, simula leer y dice:
Aguad: Esa no es el acta, el acta es otra, ¡esa es un acta falsa! Yo me enteré que era kirchnerista después del hecho de la selección. Antes no me había enterado.
“6-7-8”: Antes había avalado…
Aguad: Yo no avalé. A ella no avalé. Después me enteré que además de ella hay otros kirchneristas en esa lista.
“6-7-8”: La pusieron en un sexto lugar…
Aguad: ¡La puso (Hernán) Ordiales! Pero yo la puse en el número 16.
Resulta claro que al diputado Aguad la posible adhesión al kirchnerismo de un candidato a ocupar una magistratura en un juzgado federal le resulta un demérito. O sea: él puede tirar por la borda su evaluación positiva hacia una concursante sólo porque tuvo noticias de que la misma tenía una posición política que él no comparte. Más allá de esto -tan irrisorio, insostenible y antidemocrático- Aguad ingresa en el ridículo cuando, ante la exhibición del documento con su firma, elige escapar argumentando que ese acta es falsa. No falta mucho para que los “operadores” tengan que dar explicaciones acerca de sus actos tendientes a entorpecer la designación de jueces de la Constitución en los juzgados donde litiga el “Grupo Clarín” contra la plena aplicación de la Ley de Medios.
La referencia es el ya muy conocido concurso 258, en miras a cubrir las cinco vacantes existentes en los juzgados de primera instancia del fuero Civil y Comercial Federal, uno de los cuales posee el expediente con el amparo presentado por el “Grupo Clarín” contra la cláusula de desinversión de la Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
El periodista de “6-7-8” logró interferir la caminata de Aguad y formularle algunas preguntas.
“6-7-8”: En este concurso 258, usted era el encargado de estudiar el curriculum, la trayectoria…
Aguad: Sí.
“6-7-8”: ¿Qué ocurrió con la doctora (Lorena) Gagliardi? Porque usted firmó documentos avalando su trayectoria y después sostuvo que esa terna estaba viciada, que respondían al oficialismo.
Recordatorio de los dichos de Aguad, en TN:
“Nosotros creemos que ese concurso está sospechado de todas maneras”.
Recordatorio de Víctor Hugo Morales, en Continental:Y sigue la entrevista bochornosa.
“En este concurso 258 hay que decir que se anotaron 24 personas. Se deben analizar los antecedentes de los postulantes, el currículum. Dicha tarea la realiza un miembro de la Comisión de Selección, que para esta oportunidad fue el Consejero Aguad, que dirá: 'Sobre la postulante Gagliardi, resulta relevante su formación, vocación y visión para el desempeño de los cargos concursados y su exposición concreta respecto de todos los temas vinculados al fuero sobre los que fue interrogada (…) Su vinculación con la ética y su valor como política de Estado, en consonancia con los principios que sostiene la Corte Suprema de Justicia de la Nación (…) Por lo dicho, postulamos su reposicionamiento al sexto lugar del orden de mérito.' Porque estaba séptima, y la pasaron al sexto lugar.”
Aguad: Yo lo invito a que lea el acta.
“6-7-8”: La tengo acá, diputado…
Aguad: Esa no es el acta…
“6-7-8”: Pero esto lleva su firma.
El diputado se coloca los anteojos, simula leer y dice:
Aguad: Esa no es el acta, el acta es otra, ¡esa es un acta falsa! Yo me enteré que era kirchnerista después del hecho de la selección. Antes no me había enterado.
“6-7-8”: Antes había avalado…
Aguad: Yo no avalé. A ella no avalé. Después me enteré que además de ella hay otros kirchneristas en esa lista.
“6-7-8”: La pusieron en un sexto lugar…
Aguad: ¡La puso (Hernán) Ordiales! Pero yo la puse en el número 16.
Resulta claro que al diputado Aguad la posible adhesión al kirchnerismo de un candidato a ocupar una magistratura en un juzgado federal le resulta un demérito. O sea: él puede tirar por la borda su evaluación positiva hacia una concursante sólo porque tuvo noticias de que la misma tenía una posición política que él no comparte. Más allá de esto -tan irrisorio, insostenible y antidemocrático- Aguad ingresa en el ridículo cuando, ante la exhibición del documento con su firma, elige escapar argumentando que ese acta es falsa. No falta mucho para que los “operadores” tengan que dar explicaciones acerca de sus actos tendientes a entorpecer la designación de jueces de la Constitución en los juzgados donde litiga el “Grupo Clarín” contra la plena aplicación de la Ley de Medios.
martes, 23 de octubre de 2012
Moyano, Macri, Venegas: los límites de la “fotopolítica”.
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| Foto: DyN |
Posó junto a Daniel Scioli, Hermes Binner, Fernando "Pino" Solanas, Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Pablo Micheli, Adolfo Rodríguez Saá, Francisco De Narváez, José Manuel De la Sota y Jesús Cariglino, entre otros. Y, ayer, junto al intendente porteño, Mauricio Macri.
Moyano intenta, claro, proyectarse en los medios de comunicación opositores (especialmente, los que controla el Grupo Clarín, que antes lo denigraban por “kirchnerista” y “violento” y “corrupto”), como un dirigente “moderado” y “dialoguista” ante la opinión pública atenta a las expresiones políticas de la derecha. Un “baño de blancura”, o algo así.
Una construcción de imagen en marcha. Así, leímos en “La Nación”: “El líder de la facción opositora de la CGT, Hugo Moyano, encabezó un acto por el Día de la Lealtad peronista en la puerta de la central obrera en el cual criticó sin miramientos a la administración de Cristina Fernández. "Hacen todo lo contrario a lo que hacían Perón y Eva Perón. ¿Cómo podemos creer que este gobierno tiene algo que ver con el peronismo?", dijo.”
Y ya está, porque Moyano es ahora, para “La Nación” (y el pensamiento dominante), el supuesto representante y vocero del peronismo por excelencia y -en tanto anti K-, el "auténtico", útil a sus fines. Un peronista Tío Tom, que reivindica a Rucci, y se pasea por los escenarios de TN despotricando contra el mismo Gobierno que apoyaba, enfáticamente, un año atrás. Porque Cristina “era” peronista entonces y ahora, súbitamente, no lo es más.
Es significativo que quienes deciden romper con el kirchnerismo después de haberlo apoyado (y de haber aportado a su construcción política) no logren encontrar una lengua propia, más respetuosa de su propia historia, y terminen balbuceando ese discurso (todavía mal aprendido) que les dicta “Clarín”.
Y esto es lo que le sucedió a Hugo Moyano, cuando fue entrevistado en “A dos voces”:
Marcelo Bonelli: Usted creó la frase “Clarín miente”…En fin, ¡chiste! Ante su impotencia discursiva y organizativa, a Moyano sólo le queda el recurso de la “fotopolítica”. La “foto por la foto” que “vende” cierta actitud opositora, útil al marketing político de los medios, pero muy débil a la hora de construir una opción política creíble.
Hugo Moyano: Si… Porque “Clarín” mentía, en ese momento. Seguramente me van a decir: “¿No ve?, lo compró Magnetto” ¿Por qué no le dice a los muchachos del monopolio, oligopolio de “6,7,8” que inviten a uno de los que no están a favor del gobierno? ¿De qué monopolio me hablan?
En defensa de su padre, el diputado nacional por el Frente para la Victoria Facundo Moyano pidió no hacer lecturas políticas del encuentro opositor. "Una foto no es una alianza política. ¿Qué tiene de malo que el jefe de Gobierno porteño se junte con el secretario general de la CGT?", se preguntó el hijo del líder camionero a través de una serie de tuits en su cuenta en la red social Twitter.”
En verdad, “lo que tiene de malo” (además del obvio cambio de bando de Hugo Moyano, esa traición) es el desgaste expresivo de este juego de la “fotopolítica”, el derrumbe de estas estrategias de la imagen que no se corresponden con ningún contenido, que se revelan como pura escenificación, pura manipulación mediàtica a favor de una oposición que no encuentra el rumbo, siempre desconectada de la realidad que “no sale” en la foto.
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martes, 16 de octubre de 2012
El amor es más fuerte, y “pesifica” el ahorro: ¡Los billetes de Evita cotizan al doble porque todos los quieren guardar y poner en un cuadrito!
Leemos en el “inobjetable” Clarín: “La edición especial de billetes de 100 pesos con el rostro de Eva Perón que cuesta ver en la calle, en el intercambio cotidiano en negocios y supermercados, ya se coló en los sitios de ventas por Internet. Ya son siete los vendedores de Mercado Libre que ofertan el billete entre los $150 y $210 cada uno.” ¡Upa! ¡Qué giles los compradores de este “equivalente general”, según Marx, que lo pagan más caro por amor!
Y añaden “estremecedores” testimonios para el “gorilaje“ que no tocaría estos billetes ni con un palo: “Uno de los vendedores aclara: "Estos billetes no son fáciles de conseguir y cada día serán mas difíciles, dado que la mayoría de los que han recibido uno se lo guardarán. Mirá, te cuento que recibí $ 2.000 de estos billetes, directamente del banco, al llegar al trabajo vinieron cinco de mis compañeros a cambiarme uno para guardar. Otra historia, tuve que comprar comida en una rotisería y no me quedó otra que cambiar uno de esos... la dueña dijo, el primero que veo, este va para el cuadrito... Y esto es hoy, dentro de unos meses este billete no baja de $250". ¿Inflación?
Y sí. Tanto jodieron con que el billete no era aceptado por los cajeros automáticos, porque era más chico, o pesaba menos, y al fin circula con fluidez e irá desplazando paulatinamente (no mientas más "Clarín", no es una edición especial) al otro billete que homenajeaba al genocida Julio Argentino Roca. Una suerte de justicia histórica, o simbólica, o dineraria, o política. ¿Se conoce algún caso de personas que hayan hecho un cuadrito con el billete de Roca?
Los billetes “Evita” constituyen otra provocación lúcida de Cristina, tan empeñada en cambiar el curso de las cosas en nuestro país. Los argentinos los atesoran hoy, cuando son una novedad, por lo que valen (que es mucho), pero también por lo que significan. Siempre hubo estampitas de Evita en los hogares peronistas. Ahora, es para todos y todas, de curso legal.
Y añaden “estremecedores” testimonios para el “gorilaje“ que no tocaría estos billetes ni con un palo: “Uno de los vendedores aclara: "Estos billetes no son fáciles de conseguir y cada día serán mas difíciles, dado que la mayoría de los que han recibido uno se lo guardarán. Mirá, te cuento que recibí $ 2.000 de estos billetes, directamente del banco, al llegar al trabajo vinieron cinco de mis compañeros a cambiarme uno para guardar. Otra historia, tuve que comprar comida en una rotisería y no me quedó otra que cambiar uno de esos... la dueña dijo, el primero que veo, este va para el cuadrito... Y esto es hoy, dentro de unos meses este billete no baja de $250". ¿Inflación?
Y sí. Tanto jodieron con que el billete no era aceptado por los cajeros automáticos, porque era más chico, o pesaba menos, y al fin circula con fluidez e irá desplazando paulatinamente (no mientas más "Clarín", no es una edición especial) al otro billete que homenajeaba al genocida Julio Argentino Roca. Una suerte de justicia histórica, o simbólica, o dineraria, o política. ¿Se conoce algún caso de personas que hayan hecho un cuadrito con el billete de Roca?
Los billetes “Evita” constituyen otra provocación lúcida de Cristina, tan empeñada en cambiar el curso de las cosas en nuestro país. Los argentinos los atesoran hoy, cuando son una novedad, por lo que valen (que es mucho), pero también por lo que significan. Siempre hubo estampitas de Evita en los hogares peronistas. Ahora, es para todos y todas, de curso legal.
lunes, 15 de octubre de 2012
¿A quién le importa las cacerolas?
Los días que faltan hasta el “7D” están teñidos de amenaza, de sospecha. ¿Qué sucederá en estos dos meses? ¿Qué efectos procura alcanzar el Grupo Clarín en el campo de la sociedad (la opinión pública) o de las instituciones para lograr impedir la plena aplicación de la Ley de Medios?
Un primer campo de batalla tiene anclaje en la construcción mediática del “humor social”, supuestamente tan variable, tan volátil. Esa entelequia que sólo miden las encuestas express, y es tan útil para quien las produce y las difunde. El Grupo Clarín, por ejemplo, pretende que los resultados de los estudios de opinión pública de “Management & Fit” (su consultora favorita, siempre tan funcional a sus intereses) pueden abolir cualquier resultado electoral, incluso el más contundente y reciente, como el expresado en las elecciones del pasado octubre. (Ese 54%, a favor de Cristina, les duele mucho).
Están también los supuestos “datos” de la realidad, convergentes con las expectativas del Grupo Clarín, tendientes a descalificar al Gobierno que impulsa el “7D”, según las sintetizó Julio Blanck: “Porque pasaron cosas en las últimas semanas. Avalancha de zapping el día que la Presidenta se metió con la cadena nacional en el horario central de la televisión. Cacerolazo feroz en los grandes centros urbanos a favor del ascendente malhumor social. Desafortunada excursión presidencial a Harvard. Claudicación frente a Irán por el caso AMIA. Larga protesta en Prefectura y Gendarmería por un recorte salarial. Confusa desaparición transitoria de un testigo en el caso del crimen de Mariano Ferreyra. Masivo acto del sindicalismo opositor en Plaza de Mayo.” Y no encontró nada más.
O sea: Blanck reproduce una ristra de títulos “clarinistas” que han sido oportunamente refutados. Una enorme cantidad de argentinos sigue con interés los discursos de Cristina y no hace zapping; la “ferocidad” de los cacerolas es cierta a la vez que irrisoria su representatividad (están solos); la Presidenta ridiculizó a los “preguntadores” en Harvard; Irán se comprometió a contribuir a esclarecer el atentado; la protesta de Prefectura y Gendarmería terminó y se reconstruyó la línea de mandos; el testigo apareció y confirmó su disposición a declarar en el juicio; el acto del sindicalismo opositor fue una lágrima.
Cebitas, petardos, ruidos, que sólo adquieren “volumen” y “relevancia” porque “la prensa dominante” los fogonea hasta el hartazgo. Y, es seguro, hasta el “7D” habremos de soportar una ofensiva comunicacional cada vez más violenta e irracional, pero sin reflejo eficaz en la opinión pública nacional ni en las representaciones políticas en el Congreso. ¿A quién le importa la marcha de los cacerolas cuando vuelvan a salir a la calle a exhibir su capacidad de convocatoria?
Seguramente, al Grupo Clarín, siempre dispuesto a “construir como acontecimiento” una manifestación marcadamente segmentada, tanto política como socialmente, minoritaria y encapsulada en un cuestionamiento general a la legitimidad del gobierno encabezado por Cristina Fernández. Seguramente le importa, también, a los políticos opositores, tan necesitados de algún éxito, de algún sucedáneo de aval popular, tal como le sucede a Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Federico Pinedo y los demás que volvieron “cariacontecidos” de su excursión a Venezuela. ¡Y a Lanata, claro! Que allí podrá darse un baño de multitud perfumada. Pero, ¿a nosotros, qué? ¿Y para qué tanta “prensa propia” dedicada a convertir a la convocatoria cacerola en una amenaza, difundiendo sus consignas, sus estrategias en materia de vestimenta, sus puntos de encuentro, y demás? ¿Para qué? La respuesta ya la dio Cristina, la indomable, que no se asusta por boludeces: “No se enojen con nosotros porque no decimos lo que ustedes quieren escuchar. Busquen dirigentes que sepan expresar sus reclamos”.
La verdadera pelea política no pasa por ahí. Según puede verse, la estrategia del Grupo Clarín, más allá de los cacerolas, apunta a la potencia de sus aliados en el Poder Judicial, porque ahí sí tienen iniciativa, capacidad de veto y poder. Es allí donde van a librar la batalla final en torno al “7D”. El kirchnerismo no logra hasta el día de hoy destrabar el concurso 258 que permitiría designar jueces de la Constitución para ocupar los juzgados vacantes, particularmente el que puede decidir sobre el reclamo de Clarín acerca de la presunta “inconstitucionalidad” de la Ley de Medios. Y este es el punto: Clarín no logra “pudrir” la calle, no puede precipitar un cambio de Gobierno. No. Pero sí puede lograr otra “cautelar”, dictada por un juez “subrogante”, que postergue -con la anuencia de la Corte Suprema, que debiera “hacer la plancha”*- la “desinversión” tan temida. Y ese sería su mejor golpe. No la marcha cacerola.
*Tal vez, la convocatoria formulada por el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien citó, para hoy mismo, a los tres jueces que forman parte del Consejo de la Magistratura (Alejandro Sánchez Freytes, Mario Fera y al obvio operador clarinista Ricardo Recondo), a quienes recibirá junto a la número dos del máximo tribunal, la jueza Elena Highton de Nolasco, destraben esta ofensa a la ley.
Un primer campo de batalla tiene anclaje en la construcción mediática del “humor social”, supuestamente tan variable, tan volátil. Esa entelequia que sólo miden las encuestas express, y es tan útil para quien las produce y las difunde. El Grupo Clarín, por ejemplo, pretende que los resultados de los estudios de opinión pública de “Management & Fit” (su consultora favorita, siempre tan funcional a sus intereses) pueden abolir cualquier resultado electoral, incluso el más contundente y reciente, como el expresado en las elecciones del pasado octubre. (Ese 54%, a favor de Cristina, les duele mucho).
Están también los supuestos “datos” de la realidad, convergentes con las expectativas del Grupo Clarín, tendientes a descalificar al Gobierno que impulsa el “7D”, según las sintetizó Julio Blanck: “Porque pasaron cosas en las últimas semanas. Avalancha de zapping el día que la Presidenta se metió con la cadena nacional en el horario central de la televisión. Cacerolazo feroz en los grandes centros urbanos a favor del ascendente malhumor social. Desafortunada excursión presidencial a Harvard. Claudicación frente a Irán por el caso AMIA. Larga protesta en Prefectura y Gendarmería por un recorte salarial. Confusa desaparición transitoria de un testigo en el caso del crimen de Mariano Ferreyra. Masivo acto del sindicalismo opositor en Plaza de Mayo.” Y no encontró nada más.
O sea: Blanck reproduce una ristra de títulos “clarinistas” que han sido oportunamente refutados. Una enorme cantidad de argentinos sigue con interés los discursos de Cristina y no hace zapping; la “ferocidad” de los cacerolas es cierta a la vez que irrisoria su representatividad (están solos); la Presidenta ridiculizó a los “preguntadores” en Harvard; Irán se comprometió a contribuir a esclarecer el atentado; la protesta de Prefectura y Gendarmería terminó y se reconstruyó la línea de mandos; el testigo apareció y confirmó su disposición a declarar en el juicio; el acto del sindicalismo opositor fue una lágrima.
Cebitas, petardos, ruidos, que sólo adquieren “volumen” y “relevancia” porque “la prensa dominante” los fogonea hasta el hartazgo. Y, es seguro, hasta el “7D” habremos de soportar una ofensiva comunicacional cada vez más violenta e irracional, pero sin reflejo eficaz en la opinión pública nacional ni en las representaciones políticas en el Congreso. ¿A quién le importa la marcha de los cacerolas cuando vuelvan a salir a la calle a exhibir su capacidad de convocatoria?
Seguramente, al Grupo Clarín, siempre dispuesto a “construir como acontecimiento” una manifestación marcadamente segmentada, tanto política como socialmente, minoritaria y encapsulada en un cuestionamiento general a la legitimidad del gobierno encabezado por Cristina Fernández. Seguramente le importa, también, a los políticos opositores, tan necesitados de algún éxito, de algún sucedáneo de aval popular, tal como le sucede a Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Federico Pinedo y los demás que volvieron “cariacontecidos” de su excursión a Venezuela. ¡Y a Lanata, claro! Que allí podrá darse un baño de multitud perfumada. Pero, ¿a nosotros, qué? ¿Y para qué tanta “prensa propia” dedicada a convertir a la convocatoria cacerola en una amenaza, difundiendo sus consignas, sus estrategias en materia de vestimenta, sus puntos de encuentro, y demás? ¿Para qué? La respuesta ya la dio Cristina, la indomable, que no se asusta por boludeces: “No se enojen con nosotros porque no decimos lo que ustedes quieren escuchar. Busquen dirigentes que sepan expresar sus reclamos”.
La verdadera pelea política no pasa por ahí. Según puede verse, la estrategia del Grupo Clarín, más allá de los cacerolas, apunta a la potencia de sus aliados en el Poder Judicial, porque ahí sí tienen iniciativa, capacidad de veto y poder. Es allí donde van a librar la batalla final en torno al “7D”. El kirchnerismo no logra hasta el día de hoy destrabar el concurso 258 que permitiría designar jueces de la Constitución para ocupar los juzgados vacantes, particularmente el que puede decidir sobre el reclamo de Clarín acerca de la presunta “inconstitucionalidad” de la Ley de Medios. Y este es el punto: Clarín no logra “pudrir” la calle, no puede precipitar un cambio de Gobierno. No. Pero sí puede lograr otra “cautelar”, dictada por un juez “subrogante”, que postergue -con la anuencia de la Corte Suprema, que debiera “hacer la plancha”*- la “desinversión” tan temida. Y ese sería su mejor golpe. No la marcha cacerola.
*Tal vez, la convocatoria formulada por el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien citó, para hoy mismo, a los tres jueces que forman parte del Consejo de la Magistratura (Alejandro Sánchez Freytes, Mario Fera y al obvio operador clarinista Ricardo Recondo), a quienes recibirá junto a la número dos del máximo tribunal, la jueza Elena Highton de Nolasco, destraben esta ofensa a la ley.
jueves, 11 de octubre de 2012
¡Escándalo!: Cristina elogió a Chávez y se niega a convocar a elecciones todos los meses
Hay una conclusión evidente, respecto de la operación mediática tendiente a involucrar a la presidenta argentina Cristina Fernández en el resultado de las elecciones del domingo pasado en Venezuela. Visto en perspectiva, dada la enorme victoria de Hugo Chávez, fue un grosero error comunicacional y político de la derecha, que suele arrojarse de bruces hacia el ridículo sin que nadie la empuje.
Por caso, las declaraciones de Jorge Lanata, antes del voto: “La elección venezolana va a tener un correlato muy fuerte en la Argentina. Pesando en los sueños de Cristina eterna, lo que hoy pase con Chávez puede llegar a avalar ese proyecto como también puede dejarlo por el piso. Se vota en Venezuela, pero se envía un mensaje hacia la Argentina”.
O también los dichos de Joaquín Morales Solá, después del voto: “Chávez es, a todo esto, uno de los políticos más impopulares en la sociedad argentina, según varias mediciones. En la precipitación de hacerse con una victoria que no es propia, el kirchnerismo corre el riesgo de alejarse aún más de vastos sectores sociales que venían manifestándose muy críticos de la Presidenta.”
O sea, según ambos publicistas hay muy fluidos vasos comunicantes entre la opinión pública argentina y la venezolana, que (supuestamente) se reflejan en sus preferencias electorales. Según Lanata: “Nosotros le pedimos a Management & Fit que nos midiera qué pensaban los argentinos de esta elección, y el 70% de los encuestados respondió que hay una relación directa entre esta elección y lo que pase en la Argentina”. Un negocio "chino" para Cristina: si perdía Chávez, ella era socia de la derrota; si ganaba Chávez, ella era cómplice de un "presidente desprestigiado".
Lo cierto es que Hugo Chávez ganó con el 54% de los votos, a diez puntos porcentuales de su opositor, Henrique Capriles. Y la oposición mediática y política no acierta a la hora de presentar este resultado como una “derrota” de Cristina, a quien (además, y para colmo) el presidente venezolano le dedicó la victoria.
El intento, fallido, es otro. Socavar la legitimidad democrática de la presidenta argentina, sometiéndola a una exposición caprichosa. Tal como dijo Cristina ayer: “Resulta que la oposición o ciertos sectores de la oposición plantearon casi como que había elecciones, no solamente en Venezuela, sino también en la República Argentina. Parece como que tuviéramos que tener elecciones todos los meses, o sea, desde octubre a acá deberíamos ir a elección todos los meses”.
Y, no. La oposición ansiosa, que teme el resultado electoral de 2015, ¡deberá consolarse con encuestas de Management & Fit!
Por caso, las declaraciones de Jorge Lanata, antes del voto: “La elección venezolana va a tener un correlato muy fuerte en la Argentina. Pesando en los sueños de Cristina eterna, lo que hoy pase con Chávez puede llegar a avalar ese proyecto como también puede dejarlo por el piso. Se vota en Venezuela, pero se envía un mensaje hacia la Argentina”.
O también los dichos de Joaquín Morales Solá, después del voto: “Chávez es, a todo esto, uno de los políticos más impopulares en la sociedad argentina, según varias mediciones. En la precipitación de hacerse con una victoria que no es propia, el kirchnerismo corre el riesgo de alejarse aún más de vastos sectores sociales que venían manifestándose muy críticos de la Presidenta.”
O sea, según ambos publicistas hay muy fluidos vasos comunicantes entre la opinión pública argentina y la venezolana, que (supuestamente) se reflejan en sus preferencias electorales. Según Lanata: “Nosotros le pedimos a Management & Fit que nos midiera qué pensaban los argentinos de esta elección, y el 70% de los encuestados respondió que hay una relación directa entre esta elección y lo que pase en la Argentina”. Un negocio "chino" para Cristina: si perdía Chávez, ella era socia de la derrota; si ganaba Chávez, ella era cómplice de un "presidente desprestigiado".
Lo cierto es que Hugo Chávez ganó con el 54% de los votos, a diez puntos porcentuales de su opositor, Henrique Capriles. Y la oposición mediática y política no acierta a la hora de presentar este resultado como una “derrota” de Cristina, a quien (además, y para colmo) el presidente venezolano le dedicó la victoria.
El intento, fallido, es otro. Socavar la legitimidad democrática de la presidenta argentina, sometiéndola a una exposición caprichosa. Tal como dijo Cristina ayer: “Resulta que la oposición o ciertos sectores de la oposición plantearon casi como que había elecciones, no solamente en Venezuela, sino también en la República Argentina. Parece como que tuviéramos que tener elecciones todos los meses, o sea, desde octubre a acá deberíamos ir a elección todos los meses”.
Y, no. La oposición ansiosa, que teme el resultado electoral de 2015, ¡deberá consolarse con encuestas de Management & Fit!
miércoles, 10 de octubre de 2012
Ley de Medios: renunció el juez Raúl Tettamanti que debía intervenir en el caso Clarín. Magnetto retrocede un casillero
La renuncia del jubilado juez federal Raúl Tettamanti al cargo que recientemente había conseguido en el juzgado federal en lo Civil y Comercial N° 1 para dictar sentencias, juzgado donde (¡precisamente!) se tramita una denuncia del Grupo Clarín (por supuesta inconstitucionalidad) contra el artículo 161 de desinversión de la Ley de Medios, desencadenó una airada reacción del grupo comunicacional dominante (y sus afines).
Se trataría, según la prensa opositora, del drama moral que afronta una de las tantas “almas bellas” que integran la familia judicial ante la “fuerte presión del oficialismo”, así dicho, escuetamente, en “La Nación”, sin precisar “actores”. O más directamente de la “presión de los medios oficialistas”, en la versión ofrecida por “Clarín”, que paradójicamente siempre ningunea a los medios oficialistas que “nadie escucha, ni lee, ni ve”, pero que lograron doblegar la “vocación de servicio” de este juez jubilado.
Enorme victoria de “Página/12”, “Tiempo Argentino”, los medios estatales, los blogs K, y especialmente de “6,7,8” que tuvo en el piso la noche del pasado domingo al Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Julio Alak, quien denunció: “Tettamanti puede tomar el cuerpo del reclamo presentado por Clarín, que lo hizo demasiado largo para trabar la causa, y puede dictar una nueva cautelar que dure otros tres años al declarar la inconstitucionalidad del artículo 161”. Y agregó: “Quiero alertar a la opinión pública y a los trabajadores de prensa, que estamos cerca de que se consume la inconstitucionalidad del artículo 161 de la Ley de Medios con un juez jubilado, designado en la dictadura por Rafael Videla y que además tiene un pedido de juicio político por manejos irregulares en una causa con Telecom”.
Pero, además, según explicó la prensa “no tan opositora” al abordar el caso: “El nombramiento de Tettamanti debía superar un examen de idoneidad, que se anunciaba complicado. Es que la secretaría N° 1 de ese tribunal está bajo la custodia de su nuera Ana Laura Bruno, y el reglamento de designaciones impide taxativamente ser secretario judicial en un juzgado a quien tenga hasta el cuarto grado de consanguinidad con el juez a cargo. Y esa misma normativa establece que el funcionario que debe desistir es el último nombrado.” O sea, el límite a la aspiración de Tettamanti lo trazó también una imposibilidad reglamentaria, más allá de los cuestionamientos del kirchnerismo a su designación “entre gallos y medias noches”.
El senador nacional Marcelo Fuentes (FPV) dijo: “Es evidente que las denuncias de la maniobra que había hecho Clarín al querer designar un juez subrogante calaron muy hondo”. El legislador sostuvo que “el juez natural para ocupar ese juzgado debe ser el juez de la Constitución Nacional y no un juez subrogante, jubilado y designado entre cuatro paredes y en una elección entre sólo dos magistrados”. Y, sí, el Grupo Clarín retrocede un casillero en su estrategia judicial para enfrentar el “7D”. Nos toca a todos estar muy atentos para detectar a tiempo las próximas jugadas, en los tribunales o en las calles, de las huestes de Magnetto.
Se trataría, según la prensa opositora, del drama moral que afronta una de las tantas “almas bellas” que integran la familia judicial ante la “fuerte presión del oficialismo”, así dicho, escuetamente, en “La Nación”, sin precisar “actores”. O más directamente de la “presión de los medios oficialistas”, en la versión ofrecida por “Clarín”, que paradójicamente siempre ningunea a los medios oficialistas que “nadie escucha, ni lee, ni ve”, pero que lograron doblegar la “vocación de servicio” de este juez jubilado.
Enorme victoria de “Página/12”, “Tiempo Argentino”, los medios estatales, los blogs K, y especialmente de “6,7,8” que tuvo en el piso la noche del pasado domingo al Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Julio Alak, quien denunció: “Tettamanti puede tomar el cuerpo del reclamo presentado por Clarín, que lo hizo demasiado largo para trabar la causa, y puede dictar una nueva cautelar que dure otros tres años al declarar la inconstitucionalidad del artículo 161”. Y agregó: “Quiero alertar a la opinión pública y a los trabajadores de prensa, que estamos cerca de que se consume la inconstitucionalidad del artículo 161 de la Ley de Medios con un juez jubilado, designado en la dictadura por Rafael Videla y que además tiene un pedido de juicio político por manejos irregulares en una causa con Telecom”.
Pero, además, según explicó la prensa “no tan opositora” al abordar el caso: “El nombramiento de Tettamanti debía superar un examen de idoneidad, que se anunciaba complicado. Es que la secretaría N° 1 de ese tribunal está bajo la custodia de su nuera Ana Laura Bruno, y el reglamento de designaciones impide taxativamente ser secretario judicial en un juzgado a quien tenga hasta el cuarto grado de consanguinidad con el juez a cargo. Y esa misma normativa establece que el funcionario que debe desistir es el último nombrado.” O sea, el límite a la aspiración de Tettamanti lo trazó también una imposibilidad reglamentaria, más allá de los cuestionamientos del kirchnerismo a su designación “entre gallos y medias noches”.
El senador nacional Marcelo Fuentes (FPV) dijo: “Es evidente que las denuncias de la maniobra que había hecho Clarín al querer designar un juez subrogante calaron muy hondo”. El legislador sostuvo que “el juez natural para ocupar ese juzgado debe ser el juez de la Constitución Nacional y no un juez subrogante, jubilado y designado entre cuatro paredes y en una elección entre sólo dos magistrados”. Y, sí, el Grupo Clarín retrocede un casillero en su estrategia judicial para enfrentar el “7D”. Nos toca a todos estar muy atentos para detectar a tiempo las próximas jugadas, en los tribunales o en las calles, de las huestes de Magnetto.
martes, 9 de octubre de 2012
El publicista Lanata nuevamente en problemas en la tierra de Chávez. ¡Otro papelón en conflicto con los aduaneros!
Es obvio, que al publicista Jorge Lanata no le resultó bien su excursión a Venezuela para apoyar a Henrique Capriles, en su intento de vencer al presidente Hugo Chávez. No, a punto tal, que terminó abruptamente la emisión de su programa “Periodismo para Todos”, por Canal 13, quince minutos antes de lo previsto. Lanata no pudo ofrecernos un cierre, tan locuaz, tan canchero, tan irónico, como suele ser, porque la enorme derrota política de la derecha en tierras bolivarianas lo dejó sin palabras.
El último recurso de Lanata (y del Grupo Clarín) es la promoción de escándalos. Y así sucede cuando en las versiones digitales de los medios dominantes se difunde la “noticia” acerca de los problemas, de las supuestas restricciones que afectan a Lanata a la hora de viajar hacia nuestro país.
Se trata de un contrapunto de voces. Según Clarín y La Nación, dijo Lanata: “Fue insólito. Nos acusaron de que que (SIC) estábamos haciendo espionaje. Nos interrogaron un largo (SIC), más que nada a mí y a Nicolás Wiñazki (NdR: periodista de Clarín). Revisaron exhaustivamente los equipajes y retuvieron nuestros pasaportes. Ahora nos liberaron y vamos a poder abordar el avión pero nos borraron todo lo que teníamos en las computadoras y los teléfonos”.
Sin embargo, frente a este relato, hay otra versión. La enviada especial del programa “6,7,8” para cubrir las elecciones, Cynthia García, entrevistó en vivo al embajador argentino en Venezuela, Carlos Alberto Cheppi, quien se refirió a esta cuestión en litigio informativo.
Cheppi, al explicar lo sucedido, afirmó: “Lanata pasó los controles exhibiendo provocativamente una carpeta de los servicios de inteligencia venezolanos. Eso motivó el alerta de los controles”. Y agregó: “Es como si alguien quiere entrar a Estados Unidos con una carpeta que diga “CIA”. Y aseguró que se trató de “un procedimiento de rutina”, y que el periodista “estuvo una hora y cuarto demorado” pero que “nunca estuvo detenido”. Asimismo, subrayó que las autoridades venezolanas afirmaron que “no se le borró el material a nadie”, en respuesta a las declaraciones de Lanata que denunciaba haber perdido toda su información. Y algo más, el embajdor argentino Cheppi declaró que recibió una llamada de Jorge Lanata, quien le pidió “ayuda” para minimizar los efectos previsibles de su provocación.
En fin, Lanata y la “armada brancaleone” de opositores argentinos que viajaron a Venezuela volvieron con la cabeza gacha, muy derrotados. Y este chiste, esta boludez que formula el publicista, victimizándose, es apenas una cañita voladora, un intento torpe para justificar el fracaso de la enorme, desmesurada, incomprensible inversión (económica, comunicacional, y simbólica) que hace el Grupo Clarín para sostener a un figurón que no tiene aguante cuando la realidad le pega una bofetada. Porque ante un resultado electoral adverso se escapa. Los aduaneros venezolanos tienen razón: Lanata no quiso declarar algo que “tenía muy adentro”, no precisamente en sus valijas.
El último recurso de Lanata (y del Grupo Clarín) es la promoción de escándalos. Y así sucede cuando en las versiones digitales de los medios dominantes se difunde la “noticia” acerca de los problemas, de las supuestas restricciones que afectan a Lanata a la hora de viajar hacia nuestro país.
Se trata de un contrapunto de voces. Según Clarín y La Nación, dijo Lanata: “Fue insólito. Nos acusaron de que que (SIC) estábamos haciendo espionaje. Nos interrogaron un largo (SIC), más que nada a mí y a Nicolás Wiñazki (NdR: periodista de Clarín). Revisaron exhaustivamente los equipajes y retuvieron nuestros pasaportes. Ahora nos liberaron y vamos a poder abordar el avión pero nos borraron todo lo que teníamos en las computadoras y los teléfonos”.
Sin embargo, frente a este relato, hay otra versión. La enviada especial del programa “6,7,8” para cubrir las elecciones, Cynthia García, entrevistó en vivo al embajador argentino en Venezuela, Carlos Alberto Cheppi, quien se refirió a esta cuestión en litigio informativo.
Cheppi, al explicar lo sucedido, afirmó: “Lanata pasó los controles exhibiendo provocativamente una carpeta de los servicios de inteligencia venezolanos. Eso motivó el alerta de los controles”. Y agregó: “Es como si alguien quiere entrar a Estados Unidos con una carpeta que diga “CIA”. Y aseguró que se trató de “un procedimiento de rutina”, y que el periodista “estuvo una hora y cuarto demorado” pero que “nunca estuvo detenido”. Asimismo, subrayó que las autoridades venezolanas afirmaron que “no se le borró el material a nadie”, en respuesta a las declaraciones de Lanata que denunciaba haber perdido toda su información. Y algo más, el embajdor argentino Cheppi declaró que recibió una llamada de Jorge Lanata, quien le pidió “ayuda” para minimizar los efectos previsibles de su provocación.
En fin, Lanata y la “armada brancaleone” de opositores argentinos que viajaron a Venezuela volvieron con la cabeza gacha, muy derrotados. Y este chiste, esta boludez que formula el publicista, victimizándose, es apenas una cañita voladora, un intento torpe para justificar el fracaso de la enorme, desmesurada, incomprensible inversión (económica, comunicacional, y simbólica) que hace el Grupo Clarín para sostener a un figurón que no tiene aguante cuando la realidad le pega una bofetada. Porque ante un resultado electoral adverso se escapa. Los aduaneros venezolanos tienen razón: Lanata no quiso declarar algo que “tenía muy adentro”, no precisamente en sus valijas.
lunes, 8 de octubre de 2012
Lanata se quedó sin editorial. Ganó Chávez: ¡El odio se derrota en las urnas!
Mientras festejamos la victoria de Hugo Chávez, tan difícil, tan luchada, tan enorme, y tan legítima, resulta imprescindible tener presente a los hijos de puta que (mal) conviven con nosotros. Esto dijo el sábado, en “Clarín”, el “dirigente sin dirigidos” Rodolfo Terragno: “El riesgo es que, gane quien gane, Venezuela se hunda por un tiempo en crisis superiores a la presente. Si gana Chávez, es difícil que pueda terminar su mandato. El cáncer es una bomba de tiempo que está haciendo tic tac”. Y así sigue. Es el odio, nomás, el que tan bien conocemos en estas pampas, en este país al sur de todo. Y, sí: es “Viva el cáncer”, la consigna gorila que saludó la enfermedad de Evita.
Para reírnos queda el ridículo de los políticos argentinos, esa “armada brancaleone” que viajó a Venezuela para acompañar a Capriles. Y los esfuerzos de Lanata, previos a la elección, apostando al “miedo”: “La introducción del voto electrónico, en el que el votante debe dejar su huella digital, multiplicó las sospechas sobre el uso cruzado de los datos por parte del Estado: la gente teme que las huellas se crucen con el voto y queden expuestos a la venganza estatal contra los rebeldes. El temor es infundado, pero algo similar ocurrió con el plebiscito de la oposición en 2004: una extensa lista de quienes votaron en forma nominal contra el chavismo fueron, luego, expulsados de la administración pública. Miembros del Consejo Nacional Electoral aseguraron a Clarín que hoy esa hipótesis es imposible, ya que el software utilizado impide el cruce de datos personales.” ¿Y, ENTONCES, de qué hablabas?
Pero, lo más elocuente fue la “editorial” de Lanata, en su programa “Periodismo para Todos” sobre el resultado de la elección. La funcionaria electoral dio cuenta de las cifras: “…A saber, el candidato Hugo Rafael Chávez Frías, con el 54.42% de los votos (7.444.082 votos). El candidato Henrique Capriles, con el 44.97 % de los votos (6.151.544)…” Entonces, Lanata dice: “Bien, terminó la incógnita, escuchabas recién al Consejo Nacional Electoral (…) Vamos a un corte”. ¿Y qué pasó después del corte? ¿Qué dijo Lanata? ¿Qué explicación política dio a este resultado? Exhibió a un imitador de Chávez, que le reclamó haberse olvidado de las cacerolas. Y ahí apareció el cetáceo opositor mostrando el cielo con fuegos artificiales. Y dijo: “Finalmente se logró un resultado. Hay esta noche en Venezuela un 55 por ciento -casi- del país que está festejando y un 45 por ciento que debe estar lamentándolo. La pregunta mañana es cómo unir el 55 con el 45, porque Venezuela es un ciento por ciento. El desafío está dado y esperemos que se produzca en paz y en democracia. Gracias.” Y se fue, dejando a sus espectadores “en ascuas”.
Lo más lúcido fueron los tuits de Cristina:
Para reírnos queda el ridículo de los políticos argentinos, esa “armada brancaleone” que viajó a Venezuela para acompañar a Capriles. Y los esfuerzos de Lanata, previos a la elección, apostando al “miedo”: “La introducción del voto electrónico, en el que el votante debe dejar su huella digital, multiplicó las sospechas sobre el uso cruzado de los datos por parte del Estado: la gente teme que las huellas se crucen con el voto y queden expuestos a la venganza estatal contra los rebeldes. El temor es infundado, pero algo similar ocurrió con el plebiscito de la oposición en 2004: una extensa lista de quienes votaron en forma nominal contra el chavismo fueron, luego, expulsados de la administración pública. Miembros del Consejo Nacional Electoral aseguraron a Clarín que hoy esa hipótesis es imposible, ya que el software utilizado impide el cruce de datos personales.” ¿Y, ENTONCES, de qué hablabas?
Pero, lo más elocuente fue la “editorial” de Lanata, en su programa “Periodismo para Todos” sobre el resultado de la elección. La funcionaria electoral dio cuenta de las cifras: “…A saber, el candidato Hugo Rafael Chávez Frías, con el 54.42% de los votos (7.444.082 votos). El candidato Henrique Capriles, con el 44.97 % de los votos (6.151.544)…” Entonces, Lanata dice: “Bien, terminó la incógnita, escuchabas recién al Consejo Nacional Electoral (…) Vamos a un corte”. ¿Y qué pasó después del corte? ¿Qué dijo Lanata? ¿Qué explicación política dio a este resultado? Exhibió a un imitador de Chávez, que le reclamó haberse olvidado de las cacerolas. Y ahí apareció el cetáceo opositor mostrando el cielo con fuegos artificiales. Y dijo: “Finalmente se logró un resultado. Hay esta noche en Venezuela un 55 por ciento -casi- del país que está festejando y un 45 por ciento que debe estar lamentándolo. La pregunta mañana es cómo unir el 55 con el 45, porque Venezuela es un ciento por ciento. El desafío está dado y esperemos que se produzca en paz y en democracia. Gracias.” Y se fue, dejando a sus espectadores “en ascuas”.
Lo más lúcido fueron los tuits de Cristina:
“Hugo, siempre cuentas las palabras del Bolívar solitario del exilio, cuando decía: “siento que he arado en el mar”Y ahí vamos.
“Hugo, hoy quiero decirte que has arado en la tierra, la has sembrado, la has regado y hoy has levantado la cosecha”
“Tu victoria también es la nuestra. La de América del Sur y el Caribe. Fuerza Hugo! Fuerza Venezuela! Fuerza Mercosur y Unasur!”.
viernes, 5 de octubre de 2012
Apareció con vida Alfonso Severo. Pero el “plan caos” contra Cristina sigue en curso
Después de haber temido lo peor, resulta una muy buena noticia la “aparición con vida” de Alfonso Severo, testigo en el juicio por el crimen de Mariano Ferreyra. Apareció golpeado, esposado con precintos, y en un estado de fuerte de conmoción. Estuvo secuestrado un día entero, con el evidente propósito de impedir que se presentara a declarar el día de ayer en tribunales, y de asustarlo. ¿Hace falta decir que no se trató de un delito común sino de una maniobra política?
Los secuestradores, además de impedirle declarar, provocaron un efecto más amplio: meternos miedo. No en vano, la desaparición hasta el presente, sin explicación, de Jorge Julio López, testigo en una causa donde se investigaban crímenes de lesa humanidad, apareció como referencia ineludible. ¿Otra vez?, nos preguntamos. Por suerte, esta vez, NO.
El ministro de Justicia, Julio Alak explicó que el programa de protección a testigos sólo se aplica cuando la justicia lo decide o el propio interesado lo reclama. Pero, habida cuenta de los bueyes con los que aramos, y que la casa de este testigo había sido baleada con armas de calibre 40, ¿no debiera instrumentarse una estrategia de protección más amplia y flexible, de custodia o cercanía, con aquellos valientes que se atreven a declarar contra los represores?
Este secuestro de un testigo adverso a las mafias ocurre en el mismo momento en que dos fuerzas de seguridad interior (Prefectura y Gendarmería) sostienen un desafío dirigido hacia el gobierno constitucional. La ruptura de la “cadena de mandos”, la sublevación argumentada en principio como respuesta ante una mala aplicación de un reordenamiento salarial, error reparado por el Gobierno nacional, se prolonga hasta el día de hoy, sin solución a la vista.
Establecer una conexión entre ambos sucesos (un secuestro, una rebelión) puede ser producto de una lectura paranoica. O puede resultar del reconocimiento de un clima político y de una acción concertada de la oposición, de algún plan que intenta socavar la legitimidad del gobierno constitucional. Más fácil: el intento de instalar en la sociedad la convicción de que enfrentamos el caos, de que Cristina carece de “autoridad“ para garantizar el orden.
Tal como lo explicó Edgardo Mocca, ayer, en “6,7,8”: “Hay una estrategia clara de la derecha, articulada por los medios de comunicación, que pasa por la “calle”. El problema es calentar la calle, dar todos los días la sensación de que hay un estado de desasosiego, de incertidumbre, y sobre todo, de falta de autoridad. Uno, a esta altura, aprendió a leer los dos principales diarios -Clarín y La Nación- buscando las pistas por dónde pasa el eje conceptual de lo que quieren meter en la opinión pública. Y lo que quieren meter es que la Presidenta no tiene autoridad, y que comente errores. Es el “plan caos“, que estaba pensado con las maniobras respecto del dólar, frenado por el cepo cambiario, un plan orientado a forzar una devaluación y producir un caos económico estratégico. Hoy, es la calle. Y la expectativa de la violencia. Hoy no encontramos a un testigo del caso Mariano Ferreyra. Todos sabemos qué significa la violencia, la sangre, cómo se ha usado en el siglo XX argentino este tipo de situaciones para desestabilizar.”
Por suerte, el testigo Alfonso Severo sigue con vida. Por suerte, y no por efecto de la acción virtuosa de las fuerzas de seguridad. Los captores decidieron no escalar más aún su acción represiva. Y punto. Pero lo cierto es que “el plan caos” sigue en curso.
Los secuestradores, además de impedirle declarar, provocaron un efecto más amplio: meternos miedo. No en vano, la desaparición hasta el presente, sin explicación, de Jorge Julio López, testigo en una causa donde se investigaban crímenes de lesa humanidad, apareció como referencia ineludible. ¿Otra vez?, nos preguntamos. Por suerte, esta vez, NO.
El ministro de Justicia, Julio Alak explicó que el programa de protección a testigos sólo se aplica cuando la justicia lo decide o el propio interesado lo reclama. Pero, habida cuenta de los bueyes con los que aramos, y que la casa de este testigo había sido baleada con armas de calibre 40, ¿no debiera instrumentarse una estrategia de protección más amplia y flexible, de custodia o cercanía, con aquellos valientes que se atreven a declarar contra los represores?
Este secuestro de un testigo adverso a las mafias ocurre en el mismo momento en que dos fuerzas de seguridad interior (Prefectura y Gendarmería) sostienen un desafío dirigido hacia el gobierno constitucional. La ruptura de la “cadena de mandos”, la sublevación argumentada en principio como respuesta ante una mala aplicación de un reordenamiento salarial, error reparado por el Gobierno nacional, se prolonga hasta el día de hoy, sin solución a la vista.
Establecer una conexión entre ambos sucesos (un secuestro, una rebelión) puede ser producto de una lectura paranoica. O puede resultar del reconocimiento de un clima político y de una acción concertada de la oposición, de algún plan que intenta socavar la legitimidad del gobierno constitucional. Más fácil: el intento de instalar en la sociedad la convicción de que enfrentamos el caos, de que Cristina carece de “autoridad“ para garantizar el orden.
Tal como lo explicó Edgardo Mocca, ayer, en “6,7,8”: “Hay una estrategia clara de la derecha, articulada por los medios de comunicación, que pasa por la “calle”. El problema es calentar la calle, dar todos los días la sensación de que hay un estado de desasosiego, de incertidumbre, y sobre todo, de falta de autoridad. Uno, a esta altura, aprendió a leer los dos principales diarios -Clarín y La Nación- buscando las pistas por dónde pasa el eje conceptual de lo que quieren meter en la opinión pública. Y lo que quieren meter es que la Presidenta no tiene autoridad, y que comente errores. Es el “plan caos“, que estaba pensado con las maniobras respecto del dólar, frenado por el cepo cambiario, un plan orientado a forzar una devaluación y producir un caos económico estratégico. Hoy, es la calle. Y la expectativa de la violencia. Hoy no encontramos a un testigo del caso Mariano Ferreyra. Todos sabemos qué significa la violencia, la sangre, cómo se ha usado en el siglo XX argentino este tipo de situaciones para desestabilizar.”
Por suerte, el testigo Alfonso Severo sigue con vida. Por suerte, y no por efecto de la acción virtuosa de las fuerzas de seguridad. Los captores decidieron no escalar más aún su acción represiva. Y punto. Pero lo cierto es que “el plan caos” sigue en curso.
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miércoles, 3 de octubre de 2012
Sobre “6,7,8” y los supuestos “debates” que debilitan a los expositores K en beneficio de las “buenas maneras” que protegen a los opositores caceroleros
El programa “híper” oficialista, “6,7,8” decidió desde el mes de agosto pasado presentar “debates” o algo así. Edgardo Mocca y Roberto Gargarella fueron los primeros “actores” de esta puesta en escena. Luego, Roberto Feletti y Rogelio Frigerio. Después, Horacio González y José Pablo Feinmann. Y, ayer, Eduardo Jozami y Sergio Bergman.
Aclaremos: los debates transmitidos por televisión tienen reglas propias (distintas de las que rigen la discusión por escrito, de una revista literaria a otra, para dar un ejemplo viejo, en los cuales los argumentos tienen que estar fundados). El público de la “tele” no espera (no tolera) conversaciones apacibles, en las cuales se busca el acuerdo y la mutua comprensión en la diversidad. No. Se trata de exhibir una discusión, en el curso de la cual los “polemistas” (personas en posición de combate argumentativo) intentan vencer al otro. Y está bien. Al fin, ese “debate” remite a una discusión política, que nos involucra a todos. Algunos ganan, otros pierden.
La pregunta es: ¿para qué tenemos que asistir a estos simulacros? (Dejemos fuera el coloquio González vs. Feinmann, ambos votantes K). Una explicación posible: la producción de “6,7,8” procura desmentir la acusación de la “opo” que lo señala como un programa oficialista, que sólo trasmite el discurso del kirchnerismo, y le exige incorporar otras visiones en ese programa de la televisión pública que “pagamos todos” ¿Los “debates” amplían el público y se incorporan nuevos televidentes, que piensan distinto? Seguramente, NO.
Gvirtz y compañía se equivocan. Porque los opositores invitados (Gargarella, Frigerio, Bergman) se comportan en su vida política como “agitadores” que ponen en cuestión la legitimidad democrática del gobierno de Cristina, después del abrumador triunfo de octubre, y cuestionan sus supuestos “excesos“. Pero, cuando se presentan en ese “territorio” (“hostil”) se abuenan, y son “dialoguistas”. O sea, “ositos cariñosos” de la derecha que reciben su baño de pluralismo porque (tal como la Sarlo, ¡y lo que ha comido después de esa presencia ahí!) estuvieron en el piso de “6,7,8”.
Y, de otra parte, ¡cómo les pesa a los “nuestros” defender la posición sin ofender a ese “OTRO” que juega de visitante! Ayer, Jozami, que tiene títulos políticos, intelectuales y morales muy superiores a su “polemista” invitado (pero amordazado por esa estrategia de las “buenas maneras”) tuvo que esperar hasta final para, ya indignado, decir lo que pensaba de Bergman y Macri, apurado por el cierre, después de que el rabino que marchó con los cacerolos, jugando de local en cancha ajena, ya había formulado sus 6,7,8 reclamos al Gobierno, según dijo. Y, todo esto, ¿para qué? Cuestiones a resolver de la comunicación oficial.
Aclaremos: los debates transmitidos por televisión tienen reglas propias (distintas de las que rigen la discusión por escrito, de una revista literaria a otra, para dar un ejemplo viejo, en los cuales los argumentos tienen que estar fundados). El público de la “tele” no espera (no tolera) conversaciones apacibles, en las cuales se busca el acuerdo y la mutua comprensión en la diversidad. No. Se trata de exhibir una discusión, en el curso de la cual los “polemistas” (personas en posición de combate argumentativo) intentan vencer al otro. Y está bien. Al fin, ese “debate” remite a una discusión política, que nos involucra a todos. Algunos ganan, otros pierden.
La pregunta es: ¿para qué tenemos que asistir a estos simulacros? (Dejemos fuera el coloquio González vs. Feinmann, ambos votantes K). Una explicación posible: la producción de “6,7,8” procura desmentir la acusación de la “opo” que lo señala como un programa oficialista, que sólo trasmite el discurso del kirchnerismo, y le exige incorporar otras visiones en ese programa de la televisión pública que “pagamos todos” ¿Los “debates” amplían el público y se incorporan nuevos televidentes, que piensan distinto? Seguramente, NO.
Gvirtz y compañía se equivocan. Porque los opositores invitados (Gargarella, Frigerio, Bergman) se comportan en su vida política como “agitadores” que ponen en cuestión la legitimidad democrática del gobierno de Cristina, después del abrumador triunfo de octubre, y cuestionan sus supuestos “excesos“. Pero, cuando se presentan en ese “territorio” (“hostil”) se abuenan, y son “dialoguistas”. O sea, “ositos cariñosos” de la derecha que reciben su baño de pluralismo porque (tal como la Sarlo, ¡y lo que ha comido después de esa presencia ahí!) estuvieron en el piso de “6,7,8”.
Y, de otra parte, ¡cómo les pesa a los “nuestros” defender la posición sin ofender a ese “OTRO” que juega de visitante! Ayer, Jozami, que tiene títulos políticos, intelectuales y morales muy superiores a su “polemista” invitado (pero amordazado por esa estrategia de las “buenas maneras”) tuvo que esperar hasta final para, ya indignado, decir lo que pensaba de Bergman y Macri, apurado por el cierre, después de que el rabino que marchó con los cacerolos, jugando de local en cancha ajena, ya había formulado sus 6,7,8 reclamos al Gobierno, según dijo. Y, todo esto, ¿para qué? Cuestiones a resolver de la comunicación oficial.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Coloquio en Harvard: ¿exponiendo a Cristina, para qué?
El desempeño de la presidenta Cristina Fernández en la entrevista pública realizada por los estudiantes de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, ¿tendrá algún impacto sobre su imagen o intención de voto? Seguramente no, más allá de lo que comunique la prensa opositora, utilizando encuestas “express” que le darán “MAL” a Cristina, supuestamente perdedora en este “examen”. Y allí van Lanata, Sarlo y el resto del séquito de amanuenses. Y, dado que las audiencias siguen amuralladas en sus preferencias, como bien nos ha explicado Artemio López, el resultado final será, presumiblemente, nulo.
Pero, lo que no queda claro es el sentido y la oportunidad de esta exposición de Cristina en un territorio hostil, tan abierta a la polémica mediática. “Resultó ser una experiencia floja y poco redituable, para la Presidenta y para la Universidad, ya que se la vio a la mandataria bastante incómoda, y respondiendo a preguntas de poco nivel, que parecían más dirigidas a enervarla que a contribuir al conocimiento.”, según expresó Julio Burdman.
Y este es el núcleo de la cuestión. ¿Para qué, en procura de cuál efecto político se presentó Cristina ante esa audiencia, ante esos “preguntadores” obviamente aleccionados, dispuestos para “enervarla” con pseudo preguntas que sólo repetían consignas tributarias del discurso “clarinista”? Es decir, Cristina respondiendo a la enunciación de títulos periodísticos, a construcciones discursivas (“cepo al dólar”, la más obvia), al agradecimiento cínico de “los argentinos que pueden preguntar”. Otra vez, ¿para qué someterla a ese mal rato, a esa escena de conflicto gratuita? No se entiende.
Pero, claro, la hinchada K en las redes supone que se trató de una presentación deslumbrante. ¡Que los bailó a los pibes PRO! Y ahí están las fotos y la data de los “preguntadores”, y sus papelitos que los delatan en sus intenciones políticas y los descalifican. Pero, obviamente, vale considerar si el resultado comunicacional es el mejor. Diría un ajedrecista: a “la reina” no hay que exponerla en batallas triviales. No se gana ni se pierde mucho allí, pero se le da pasto (o carne) a las fieras que después manejan la interpretación de lo sucedido.
¿En el entorno de Cristina nadie pudo impedir la construcción de esa escena, nadie pudo interferir esa secuencia de estudiantes “opositores”, “espontáneos” e “independientes”? Volvemos a la sempiterna discusión acerca del “relato” y las “audiencias redundantes”. Nosotros, los K, desenmascaramos la verdadera identidad de los “preguntones”. Pero, la prensa dominante (no la nuestra) presenta una versión según la cual “Cristina fue aplazada en su examen”. ¿Quién gana y quién pierde en esta puesta en escena innecesaria?
Pero, lo que no queda claro es el sentido y la oportunidad de esta exposición de Cristina en un territorio hostil, tan abierta a la polémica mediática. “Resultó ser una experiencia floja y poco redituable, para la Presidenta y para la Universidad, ya que se la vio a la mandataria bastante incómoda, y respondiendo a preguntas de poco nivel, que parecían más dirigidas a enervarla que a contribuir al conocimiento.”, según expresó Julio Burdman.
Y este es el núcleo de la cuestión. ¿Para qué, en procura de cuál efecto político se presentó Cristina ante esa audiencia, ante esos “preguntadores” obviamente aleccionados, dispuestos para “enervarla” con pseudo preguntas que sólo repetían consignas tributarias del discurso “clarinista”? Es decir, Cristina respondiendo a la enunciación de títulos periodísticos, a construcciones discursivas (“cepo al dólar”, la más obvia), al agradecimiento cínico de “los argentinos que pueden preguntar”. Otra vez, ¿para qué someterla a ese mal rato, a esa escena de conflicto gratuita? No se entiende.
Pero, claro, la hinchada K en las redes supone que se trató de una presentación deslumbrante. ¡Que los bailó a los pibes PRO! Y ahí están las fotos y la data de los “preguntadores”, y sus papelitos que los delatan en sus intenciones políticas y los descalifican. Pero, obviamente, vale considerar si el resultado comunicacional es el mejor. Diría un ajedrecista: a “la reina” no hay que exponerla en batallas triviales. No se gana ni se pierde mucho allí, pero se le da pasto (o carne) a las fieras que después manejan la interpretación de lo sucedido.
¿En el entorno de Cristina nadie pudo impedir la construcción de esa escena, nadie pudo interferir esa secuencia de estudiantes “opositores”, “espontáneos” e “independientes”? Volvemos a la sempiterna discusión acerca del “relato” y las “audiencias redundantes”. Nosotros, los K, desenmascaramos la verdadera identidad de los “preguntones”. Pero, la prensa dominante (no la nuestra) presenta una versión según la cual “Cristina fue aplazada en su examen”. ¿Quién gana y quién pierde en esta puesta en escena innecesaria?
viernes, 28 de septiembre de 2012
Ignacio Fidanza y el optimismo acerca del porvenir de la guerrilla cacerola
La primavera, tanto como las cacerolas, han llegado para quedarse entre nosotros por algún tiempo, que se medirá en semanas. Y, tal vez, se vuelvan pasado cuando llegue el verano y (después de la eclosión del 7D, cuando “Clarìn” se ajuste a la ley, claro) los “indignados” argentinos emprendan viaje hacia alguna playa. ¿Tendrán dólares? ¿Buen tiempo o lluvias? ¿Tendrán noticias? ¿Tendrán TN? No se sabe.
Lo cierto es que la manifestación del pasado jueves 13 brindó una materia maleable para la prensa opositora, tan necesitada de construir “acontecimientos” que socaven la sólida prevalencia electoral y hegemonía política del kirchnerismo. Y así esa prensa editorializa acerca de ese “ánimo” opositor (¿destituyente?) y aspira a construir en los medios una suerte de “insurgencia” social anti K, al parecer en ascenso e incontrolable. Una visión optimista de la derecha.
Todo sirve. Un minúsculo grupo protestando en el domicilio del juez Oyarbide, un centenar en Nueva York repudiando la visita de Cristina e, inclusive, ¡30 personas! ante la casa del secretario Guillermo Moreno. Todo suma a la hora de construir un clima de contestación social generalizada ante el Gobierno democrático.
Por ese camino avanza Fidanza, Ignacio, quien más rápido que despacio saluda a este “nuevo actor político”, la cacerola, “que busca equilibrar el sistema desde afuera”. O sea, dice que la cacerola procura oponerse por fuera del sistema de partidos y contrapesar la dominancia K. Ahora bien: más allá de los medios de comunicación opositores, ¿cuál sería la polea de transmisión de sus quejas airadas? ¿Si no hay partido que se presente a elecciones vehiculando sus demandas, a dónde marchan las marchas cacerolas? ¿A quién interrogan sus algaradas callejeras, sus gritos, carteles e insultos? ¿Al Gobierno o a la oposición?
Según Fidanza, el desafío cacerola sólo atañe al oficialismo: “El gobierno tiene hoy amartillada sobre su humanidad la convocatoria a un nuevo cacerolazo para el 8 de Noviembre en el Obelisco. Mientras intermitente, todo su dispositivo de poder, sufre microcacerolazos aquí y allá. Como sea, la cita del mes próximo puede terminar en un mitín deslucido de un puñado de resentidos o reventar las calles con multitudes semejantes o acaso superiores a las del reciente cacerolazo.”
¿Un Gobierno acorralado, una pistola sobre su humanidad, o en la cabeza? ¿Una luz cegadora, un disparo de nieve? ¿No será mucho? Recordemos a las entusiastas capas medias que acompañaron a Blumberg y a Biolcatti, y a sus débiles efectos de largo plazo sobre los resultados electorales posteriores para moderar tanto entusiasmo opositor.
Como bien señalan Mariano Montes y Javier Caches: “Sin organización que los contenga, la movilización ciudadana y la ocupación del espacio público puede ser una experiencia estimulante (sobre todo para los sectores sin tradición política previa, como parecerían ser aquellos que se manifestaron), pero no pasa de ser una expresión espasmódica. En otras palabras, cuando la gente vuelve a su casa, lo que quedan son los partidos.”
El intento de Fidanza es otorgarle al cacareo de los cacerolas una “voz” unificada, un mensaje claro. Y dice que dijeron: “Inflación, Inseguridad, Colapso del transporte público.” Mentira: los testimonios obtenidos por las cámaras de los programas televisivos (“6,7,8”, “CQC“, “La cornisa“) que (a diferencia de “TN”) les dieron la palabra a los manifestantes, no registraron esos reclamos. Ninguno mencionó la inflación, ni el transporte público, y sólo tangencialmente se refirieron a la “inseguridad”.
Marchaban por otra cosa, por la expresión de un odio visceral ante el Gobierno, la “diktadura”, culpable de la restricción a sus privilegios, especialmente porque les cobra impuestos, e impone límites a la compra de dólares, tanto para atesorar como para viajar al exterior. Y hablaban, confusamente, de la falta de una representación que les permita intervenir en la discusión acerca de la conducción política del Estado. Y, claro, de sus “gastos” para mitigar la inequidad, la Asignación Universal por Hijo, por caso. Y su propuesta antipolítica era, sencillamente, “el golpe”. “Que se vaya la Yegua”, así nomás, sin elecciones.
Acerca de la gravedad de estas enunciaciones antidemocráticas Fidanza guarda silencio, porque consignarlas no le sirve a su propósito de encubrir la orfandad representativa de la movilización cacerola. Una falta de conducción, de liderazgo, que según él la volvería aún más amenazante. Dice: “Lo grave -para el kirchnerismo- es que se trata de un proceso que transcurre por fuera de sus designios y peor aún, sobre el que tiene una casi nula capacidad de intervención ¿A quién ir a buscar para ofrecer qué?”.
A la marcha cacerola, a la que se expresó en las calles, a esa manifestación de personas indignadas, el kirchnerismo no debe “intervenirlas” ni “ofrecerles” nada. ¿Son opositores al Gobierno democrático? Es su tarea organizarse en torno a alguna expresión política existente o generar una nueva. (Salvo que quieran precipitar un “golpe en defensa de la democracia”, como dijo algún cacerola lúcido y bocón.)
Ante la falta de representación política de la cacerola, la pelota está en la cancha del PRO, el partido de Mauricio Macri, el “gran ausente”, que no se hace cargo de aquello que promueve, junto con el Grupo Clarín: el odio, el revanchismo social. Son ellos, Clarín y el PRO, quienes buscan torcer la voluntad expresada por la vía electoral en octubre. La presidenta Cristina no les impide expresarse en las calles. Los escucha cuando la insultan, a ella y a la democracia. Y los invita a presentarse a elecciones presidenciales, si se animan, Mauricio o Magnetto, ¿por qué no?
Lo cierto es que la manifestación del pasado jueves 13 brindó una materia maleable para la prensa opositora, tan necesitada de construir “acontecimientos” que socaven la sólida prevalencia electoral y hegemonía política del kirchnerismo. Y así esa prensa editorializa acerca de ese “ánimo” opositor (¿destituyente?) y aspira a construir en los medios una suerte de “insurgencia” social anti K, al parecer en ascenso e incontrolable. Una visión optimista de la derecha.
Todo sirve. Un minúsculo grupo protestando en el domicilio del juez Oyarbide, un centenar en Nueva York repudiando la visita de Cristina e, inclusive, ¡30 personas! ante la casa del secretario Guillermo Moreno. Todo suma a la hora de construir un clima de contestación social generalizada ante el Gobierno democrático.
Por ese camino avanza Fidanza, Ignacio, quien más rápido que despacio saluda a este “nuevo actor político”, la cacerola, “que busca equilibrar el sistema desde afuera”. O sea, dice que la cacerola procura oponerse por fuera del sistema de partidos y contrapesar la dominancia K. Ahora bien: más allá de los medios de comunicación opositores, ¿cuál sería la polea de transmisión de sus quejas airadas? ¿Si no hay partido que se presente a elecciones vehiculando sus demandas, a dónde marchan las marchas cacerolas? ¿A quién interrogan sus algaradas callejeras, sus gritos, carteles e insultos? ¿Al Gobierno o a la oposición?
Según Fidanza, el desafío cacerola sólo atañe al oficialismo: “El gobierno tiene hoy amartillada sobre su humanidad la convocatoria a un nuevo cacerolazo para el 8 de Noviembre en el Obelisco. Mientras intermitente, todo su dispositivo de poder, sufre microcacerolazos aquí y allá. Como sea, la cita del mes próximo puede terminar en un mitín deslucido de un puñado de resentidos o reventar las calles con multitudes semejantes o acaso superiores a las del reciente cacerolazo.”
¿Un Gobierno acorralado, una pistola sobre su humanidad, o en la cabeza? ¿Una luz cegadora, un disparo de nieve? ¿No será mucho? Recordemos a las entusiastas capas medias que acompañaron a Blumberg y a Biolcatti, y a sus débiles efectos de largo plazo sobre los resultados electorales posteriores para moderar tanto entusiasmo opositor.
Como bien señalan Mariano Montes y Javier Caches: “Sin organización que los contenga, la movilización ciudadana y la ocupación del espacio público puede ser una experiencia estimulante (sobre todo para los sectores sin tradición política previa, como parecerían ser aquellos que se manifestaron), pero no pasa de ser una expresión espasmódica. En otras palabras, cuando la gente vuelve a su casa, lo que quedan son los partidos.”
El intento de Fidanza es otorgarle al cacareo de los cacerolas una “voz” unificada, un mensaje claro. Y dice que dijeron: “Inflación, Inseguridad, Colapso del transporte público.” Mentira: los testimonios obtenidos por las cámaras de los programas televisivos (“6,7,8”, “CQC“, “La cornisa“) que (a diferencia de “TN”) les dieron la palabra a los manifestantes, no registraron esos reclamos. Ninguno mencionó la inflación, ni el transporte público, y sólo tangencialmente se refirieron a la “inseguridad”.
Marchaban por otra cosa, por la expresión de un odio visceral ante el Gobierno, la “diktadura”, culpable de la restricción a sus privilegios, especialmente porque les cobra impuestos, e impone límites a la compra de dólares, tanto para atesorar como para viajar al exterior. Y hablaban, confusamente, de la falta de una representación que les permita intervenir en la discusión acerca de la conducción política del Estado. Y, claro, de sus “gastos” para mitigar la inequidad, la Asignación Universal por Hijo, por caso. Y su propuesta antipolítica era, sencillamente, “el golpe”. “Que se vaya la Yegua”, así nomás, sin elecciones.
Acerca de la gravedad de estas enunciaciones antidemocráticas Fidanza guarda silencio, porque consignarlas no le sirve a su propósito de encubrir la orfandad representativa de la movilización cacerola. Una falta de conducción, de liderazgo, que según él la volvería aún más amenazante. Dice: “Lo grave -para el kirchnerismo- es que se trata de un proceso que transcurre por fuera de sus designios y peor aún, sobre el que tiene una casi nula capacidad de intervención ¿A quién ir a buscar para ofrecer qué?”.
A la marcha cacerola, a la que se expresó en las calles, a esa manifestación de personas indignadas, el kirchnerismo no debe “intervenirlas” ni “ofrecerles” nada. ¿Son opositores al Gobierno democrático? Es su tarea organizarse en torno a alguna expresión política existente o generar una nueva. (Salvo que quieran precipitar un “golpe en defensa de la democracia”, como dijo algún cacerola lúcido y bocón.)
Ante la falta de representación política de la cacerola, la pelota está en la cancha del PRO, el partido de Mauricio Macri, el “gran ausente”, que no se hace cargo de aquello que promueve, junto con el Grupo Clarín: el odio, el revanchismo social. Son ellos, Clarín y el PRO, quienes buscan torcer la voluntad expresada por la vía electoral en octubre. La presidenta Cristina no les impide expresarse en las calles. Los escucha cuando la insultan, a ella y a la democracia. Y los invita a presentarse a elecciones presidenciales, si se animan, Mauricio o Magnetto, ¿por qué no?
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Mensaje para Macri: Beatriz Sarlo reclama la alfabetización política “progresista, democrática y autónoma” de los caceroleros
| Foto: Ceci Estalles (censurada en Facebook). |
Protestan por el freno a su voracidad en tanto “ganadores” del modelo capitalista argentino. No viven la carencia, pero ahora tienen problemas a la hora de convertir sus ahorros en dólares. Y sufren cuando deben explicar su plan de gastos en el exterior. Sucede que son “indignados” a los que les va entre bien y muy bien y “levantarla con pala” a la hora de medir el reparto de la torta económica, y están peleando por más en la cancha del decil más alto. Pero “la Diktadura” interfiere su deseada plenitud del goce. Les pone límites. Y encima “gasta” en los pobres con la Asignación Universal por Hijo. Y así promueve la “procreación irresponsable” a la que se dedican las “gentes sin recursos”, dicen.
“Nadie nos escucha”, dicen. Y en realidad sí, son escuchados, editorializados, comunicados en sus demandas llegando hasta el exceso. Ahí cumple su papel el sistema de medios dominantes. Sólo que tanta sobre-representación mediática (“en los diarios que leo siempre hablan de mí“) no se corresponde con su representación política en el Congreso, con su menguada capacidad de incidir en la marcha de las cosas.
La dirigencia política opositora fracasa, no logra (ni siquiera cuando se aglutina en el Grupo A) conseguir resultados que satisfagan esa expectativa de las clases acomodadas de fijar un límite eficaz a la experiencia populista. “Hacen lo que quieren”, dicen, resentidos. Y cacerolean, en la calle o tímidamente desde los balcones, o tocando bocinas mientras dan vueltas a la manzana.
Sería valioso para el sistema democrático verlo a Mauricio Macri participando abiertamente de la convocatoria a las marchas caceroleras hacia Plaza de Mayo y tomando la palabra para otorgarle un sentido claro a la movilización. Es “su gente” la que protesta, la misma que él (Macri) convoca a manifestarse desde sus locales, las estructuras estatales que gobierna, sus referentes (Pinedo, Bergman, Bullrich) participantes de la marcha y los medios que lo acompañan. Es muy pobre y cobarde de su parte decir, como todo intento de evaluación, que la movilización fogoneada por “Clarín” fue “impresionante”. ¿Y qué más? ¿Macri comparte las consignas de los caceroleros, sus cantos, sus carteles, tan insultantes y antidemocráticos? “Que Cristina se vaya con Néstor”, por ejemplo.
Y aquí mete su cuchara Beatriz Sarlo al adoptar una mirada tan protectora como despectiva: “Es injusto hacer responsables a los manifestantes de lo que les falta y les sobra a sus consignas. Su movilización indica que hay allí fuerzas dispuestas a jugar en el espacio público. La responsabilidad cae del lado de intelectuales y políticos que no articulamos una interpelación progresista, democrática y autónoma. No supimos escribir las cosas mejor que en Facebook.”
Según Sarlo, se trató, al fin, de una manifestación de personas que no pueden hacerse cargo de sus actos, ni de sus gestos (manitos haciendo “fuck you”) ni de sus dichos (“que se vaya la yegua Cristina”), porque son “inocentes”. Simples “cabezas huecas”, manipuladas por algún “gran hermano” al que Sarlo no identifica. La esperanza sería para estas gentes de derecha la “interpelación progresista”, que reemplazaría “el lenguaje del odio contra los planes sociales y la asignación universal (“planes descansar” y “asignación para coger”, entre otras frases)”, que ella cita, por otras más “educadas” o políticamente correctas. ¿Será “Clarín”, será “La Nación”, será la orfandad de representación de los caceroleros de cara al 2015? ¿Cuáles son las fuentes que animan el odio social? Sarlo no lo dice.
En toda movilización organizada (y ésta lo fue) hay una dirigencia que convoca (que en este caso no da la cara) y decide el formato de la protesta. Hay participantes activos, convencidos, que promueven las consignas: “El que no salta, es negro o K”, por caso. Y otros que acompañan porque comparten el núcleo de significación de la marcha, su trazo grueso “anti K”, en el que se inscriben sus demandas individuales, aunque tal vez no compartan el objetivo político más ambicioso de los organizadores: forzar un abrupto cambio de rumbo favorable a los grupos económicos y políticos enfrentados con el Gobierno que impulsan una escalada destituyente. El desafío de la comunicación política K es operar ese deslinde, aislando a los promotores del odio golpista de los (supuestamente) “confundidos”.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Los caceroleros no quieren presentarse a elecciones. Quieren golpe.
¿“El gobierno se habla a sí mismo”? Chiste. ¿El aumento de la AUH es para los funcionarios? ¿O para “La Cámpora”? ¿No modifica los índices de pobreza e indigencia? ¿Los caceroleros reclaman una mejor distribución del ingreso? ¿La equidad? ¿O el fin de la “diktadura”? La oposición se “chaviza” y desde el universo “nac & pop”, no sólo desde TN, la estimulan.
Sí: esa poca gente se moviliza con ganas. Están perdiendo privilegios, ganar más (lucha contra la Gesta AFIP) y disfrutar (dólares para el turismo “libre”). “¡Qué cuestión”, diría Gelman.
Los que se excitan por estas salidas a la calle de la derecha gorila deberían moderar su entusiasmo. No tienen ideas compartidas, apenas expresan “un estado de ánimo”. NO SEAN OPTIMISTAS. Ese magma opositor está muy lejos de construir equivalencias entre sus demandas, tan diversas. Lean, por caso, sus carteles. Escuchen sus reclamos.
Seamos claros: esta algarada la construyeron los medios de comunicación opositores. La “corpo”, sí, la que construye, día a día, minuto a minuto, el “clima de opinión” en sus públicos. La corporación mediática que no se presenta a elecciones pero mantiene la jefatura intelectual de la oposición. La hegemonía mediática que provee a los “indignados” anti K la legitimación de sus “motivos” y “razones”.
Los políticos profesionales vacilan, envían mensajes de apoyo, antes o después, pero no se atreven a presentarse en las calles. Saben que, si pretendieran ofrecer a esta “muchedumbre” un programa electoral los cagarían a patadas. Los movilizados no quieren elecciones. Son golpistas.
martes, 11 de septiembre de 2012
Cristina y Dios en la cadena del miedo dominical
El pasado domingo asistimos a un festival de la manipulación informativa. La “cadena nacional del miedo y el desánimo” tiene cada día menos argumentos para ofrecer. Se limita a hurgar en cada discurso de la presidenta Cristina Fernández, picoteando aquí o allá, buscando una falla, una inconsistencia, una posible contradicción para convertir ese retazo discursivo en un acontecimiento político. Y cuando no encuentra nada, lo inventa.
La prensa dominical de la derecha -siguiendo un guión previsible- editorializó hasta el hartazgo en torno al “miedo”, como palabra clave de la consigna que desencadena la escritura de los amanuenses.
Cristina dijo: “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito. Por lo menos los funcionarios que dependen de mi nombramiento. Es responsabilidad mía. Todos y cada uno de los funcionarios. He firmado los decretos de sus nombramientos. Notifico solemnemente en este acto a todo el Poder Ejecutivo, organismos autárquicos y satélites: cuando suceden situaciones de esta naturaleza se comuniquen conmigo para ver lo que está pasando.”
¿A qué se refería Cristina? A la cadena de complicidades y negocios que afectan el saneamiento de la Cuenca Matanza Riachuelo, denunciada por el periodista Horacio Verbitsky, en el muy oficialista periódico “Página/12” y no advertida por la línea de funcionarios cuya “misión y función” es ocuparse de ese asunto. Simple y claro. Un mensaje presidencial con destinatarios precisos. Pero, la prensa opositora decidió distorsionar este mensaje dirigido a los funcionarios cómplices o indolentes o cobardes y convertirlo en una “amenaza” a la ciudadanía en general. Sólo reprodujeron la frase: “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito.” Y nada dijeron acerca del contexto argumentativo en que fue enunciada. Y así se generó la cascada de notas que apuntaron al “miedo” que Cristina, supuestamente, suscita y promueve, como estrategia de disciplinamiento social.
Veamos:
En fin, como diría el filósofo macrista Fernando Niembro: “Se nota mucho” la directiva de un “estado mayor” que afecta y atraviesa a todas la redacciones opositoras que escriben al unísono, presentando al “miedo” (la coerción) y no el consenso democrático como sustento y explicación de la hegemonía kirchnerista en estos años. Mentira que insiste, y aún convoca a jornadas de protesta en las calles a través de las redes sociales. Los “indignados” que se manifiestan sin un partido que se haga cargo. ¿Y el PRO? Bien, gracias.
La prensa dominical de la derecha -siguiendo un guión previsible- editorializó hasta el hartazgo en torno al “miedo”, como palabra clave de la consigna que desencadena la escritura de los amanuenses.
Cristina dijo: “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito. Por lo menos los funcionarios que dependen de mi nombramiento. Es responsabilidad mía. Todos y cada uno de los funcionarios. He firmado los decretos de sus nombramientos. Notifico solemnemente en este acto a todo el Poder Ejecutivo, organismos autárquicos y satélites: cuando suceden situaciones de esta naturaleza se comuniquen conmigo para ver lo que está pasando.”
¿A qué se refería Cristina? A la cadena de complicidades y negocios que afectan el saneamiento de la Cuenca Matanza Riachuelo, denunciada por el periodista Horacio Verbitsky, en el muy oficialista periódico “Página/12” y no advertida por la línea de funcionarios cuya “misión y función” es ocuparse de ese asunto. Simple y claro. Un mensaje presidencial con destinatarios precisos. Pero, la prensa opositora decidió distorsionar este mensaje dirigido a los funcionarios cómplices o indolentes o cobardes y convertirlo en una “amenaza” a la ciudadanía en general. Sólo reprodujeron la frase: “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito.” Y nada dijeron acerca del contexto argumentativo en que fue enunciada. Y así se generó la cascada de notas que apuntaron al “miedo” que Cristina, supuestamente, suscita y promueve, como estrategia de disciplinamiento social.
Veamos:
“Una presidenta que reclama que se le tema casi como a Dios (¿una semidiosa, entonces?) es un caso único en la historia de la democracia argentina.” (“Un proyecto para cambiar la democracia”, por Joaquín Morales Solá. “La Nación”).
“Pocos días después de reflejar cierta nostalgia por los faraones del antiguo Egipto, la presidenta de la Nación volvió a sorprendernos con una frase de antología: Sólo hay que tenerle temor a Dios, y a mí, en todo caso, también un poquito.” (“El sincericidio presidencial y los corderos cristinistas”, por Fernando Laborda. “La Nación“).
“Entre ser amada o ser temida, Cristina aspira a que la quieran, pero se siente más segura si le tienen miedo.” (“Se acentúan los síntomas de autoritarismo en el Gobierno”, por Ricardo Kirschbaum. “Clarín”).
“Y sonó a advertencia: “Solamente hay que tenerle temor a Dios… y a mí, en todo caso, un poquito”. El miedo y la obediencia han sido los materiales con que se construyó el estilo “k”, las dos caras del sistema que el matrimonio impuso en Santa Cruz , su marca de fábrica.” (“El miedo y la obediencia, elevados a regla de oro”, por Susana Viau. “Clarín”).
“Advirtió sobre el miedo que habría que tenerle a Dios. Le faltó alzar un crucifijo e invocar al diablo. También habló del miedo que, por suerte en menor escala, habría que tenerle a ella misma.” (“La política de la intolerancia y el apriete”, por Eduardo Van Der Kooy. “Clarín”).
“Habla Cristina y dice: “Hay que tenerle miedo a Dios y un poquito también a mí”. La corte de adulones, embobada y servil, aplaude la intimidación que los alcanza también a ellos porque nadie es peor tratado que la propia tropa, a la que el poder considera funcional e inofensiva.” (“Receta Cristina: meter miedo y tratar a los grandes como chicos”, por Julio Blanck. “Clarín”).
“Fueron tragicómicas declaraciones en línea con la cercanía a Dios de la Presidenta a la hora de fomentar el miedo entre los mortales.” (“Disidentes y enemigos”, por Alfredo Leuco. “Perfil”).
“El otro concepto lo dio la Presidenta cuando dijo que “hay que temerle a Dios y un poquito a mí”. No está claro si se quiso equiparar a Dios, pero que haya habido funcionarios que aplaudieron jocosamente esta advertencia, es patético. No hay registro de que en un acto en la Casa Rosada funcionarios festejen el estar bajo la dominación del miedo hacia quien desempeña la primera magistratura del país.” (“La Argentina del miedo”, por Nelson Castro. “Perfil”).
En fin, como diría el filósofo macrista Fernando Niembro: “Se nota mucho” la directiva de un “estado mayor” que afecta y atraviesa a todas la redacciones opositoras que escriben al unísono, presentando al “miedo” (la coerción) y no el consenso democrático como sustento y explicación de la hegemonía kirchnerista en estos años. Mentira que insiste, y aún convoca a jornadas de protesta en las calles a través de las redes sociales. Los “indignados” que se manifiestan sin un partido que se haga cargo. ¿Y el PRO? Bien, gracias.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Cristina: La tapa “erótica” de Noticias o la estrategia de la consolación
El núcleo duro de la oposición, cada vez más irracional e impotente, necesita algo que lo sacie, que vehicule su odio. Como un psicópata que clava alfileres en la foto de su enemigo. Ya no les alcanza con caricaturas de Sabat, cruzando bandas adhesivas en la boca de Cristina para brutalmente descalificar su derecho a la palabra. Ni de las otras muchas representaciones obscenas que la han intentado ridiculizar a lo largo de estos años. Ahora apelan a una animación de imágenes dibujadas para ilustrar “el erotismo del poder”, al que supuestamente sucumbe nuestra presidenta, Cristina Fernández.
En realidad, lo que “Noticias” satisface es el deseo de convertir a Cristina en un objeto sexual asequible para todos. Exhibida en su supuesta intimidad. Y descargar sobre ella la revancha imaginaria de la cultura machista de la derecha argentina que desea “tenerla”, “dominarla”, “someterla”. Y todo eso, además, con el concurso de Barack Obama, presente en la escena fantaseada, representando la posición “viril”.
Es decir: una estrategia de la consolación. Publican dibujitos que resuelven en el plano de la imaginación aquello que no pueden lograr en la realidad. Un testimonio más del derrumbe intelectual y moral del periodismo opositor. Y también de la dirigencia política que ha guardado un silencio condescendiente y cómplice ante este ataque insultante cargado de misoginia y revanchismo social.
No nos equivoquemos. Ese “cómic” llevado a tapa es un ataque a Cristina, a la persona presidencial, a lo que ella simboliza. Esa basura mediática presentada como un producto “artístico” y “desprejuiciado” es una falta de respeto, a ella, y va de suyo que también a los millones de personas que la elegimos para conducir el país. Una nueva descalificación que se suma a las insistentes editoriales que la presentan como una persona que vive encerrada en un mundo irreal, engañada por las versiones fraudulentas de la realidad que le comunica un grupo de cortesanos, una mujer “aislada” que “fantasea”. Y allí apunta “Noticias”, esa lacra que medra excitando el odio.
Por suerte para nosotros, los argentinos de a pie que la elegimos (y la elegiremos otra vez en 2015, si ella quiere), Cristina es muy fuerte, inteligente, y capaz de ponerse siempre de pie ante los golpes. Y también es muy bella, y atractiva al borde de los 60 años, a punto tal de convertirse en un objeto verosímil de ese deseo colectivo que sostiene ese dibujo animado. ¡Qué cuestión! Cristina y Evita, tan odiadas y deseadas.
En realidad, lo que “Noticias” satisface es el deseo de convertir a Cristina en un objeto sexual asequible para todos. Exhibida en su supuesta intimidad. Y descargar sobre ella la revancha imaginaria de la cultura machista de la derecha argentina que desea “tenerla”, “dominarla”, “someterla”. Y todo eso, además, con el concurso de Barack Obama, presente en la escena fantaseada, representando la posición “viril”.
Es decir: una estrategia de la consolación. Publican dibujitos que resuelven en el plano de la imaginación aquello que no pueden lograr en la realidad. Un testimonio más del derrumbe intelectual y moral del periodismo opositor. Y también de la dirigencia política que ha guardado un silencio condescendiente y cómplice ante este ataque insultante cargado de misoginia y revanchismo social.
No nos equivoquemos. Ese “cómic” llevado a tapa es un ataque a Cristina, a la persona presidencial, a lo que ella simboliza. Esa basura mediática presentada como un producto “artístico” y “desprejuiciado” es una falta de respeto, a ella, y va de suyo que también a los millones de personas que la elegimos para conducir el país. Una nueva descalificación que se suma a las insistentes editoriales que la presentan como una persona que vive encerrada en un mundo irreal, engañada por las versiones fraudulentas de la realidad que le comunica un grupo de cortesanos, una mujer “aislada” que “fantasea”. Y allí apunta “Noticias”, esa lacra que medra excitando el odio.
Por suerte para nosotros, los argentinos de a pie que la elegimos (y la elegiremos otra vez en 2015, si ella quiere), Cristina es muy fuerte, inteligente, y capaz de ponerse siempre de pie ante los golpes. Y también es muy bella, y atractiva al borde de los 60 años, a punto tal de convertirse en un objeto verosímil de ese deseo colectivo que sostiene ese dibujo animado. ¡Qué cuestión! Cristina y Evita, tan odiadas y deseadas.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Macri: del exitoso 0800 a la fuga hacia adelante
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| Imagen: www.facebook.com/pages/El-Cobayo-Tira-Bombas |
Así lo reconoce un semanario macrista: “El Gobierno porteño sabe que, más tarde o más temprano, deberá hacerse cargo de la red de subterráneos y por eso ya encargó una auditoría para saber cuánto le costará poner en óptimas condiciones el servicio. Por eso, y a pesar de lo que diga públicamente el Jefe de Gobierno de la Ciudad, las segundas líneas ya están trabajando en el pase. Seguir negándolo trae más problemas que ventajas frente a la ciudadanía. Si se llega a producir un nuevo paro de los metrodelegados, el costo político que pagará el Pro será altísimo, le adelantó a Noticias Urbanas un operador porteño que está involucrado en las reuniones que se vienen realizando entre Nación y Ciudad a través del Ente Tripartito.”
El problema es que la gestión PRO no puede presentar ninguna ilusión a futuro para sus votantes. La prometida reducción de personal (con su correspondiente 0800 ÑOQUI) culminó en un pacto con el gremio municipal, y la consiguiente ampliación de cargos. La mejora en el transporte se tradujo en una vuelta al esquema de circulación en las avenidas que regía en los años 70, con el añadido de metrobús y bicisendas. Los kilómetros de subte, en nada. Hospitales públicos sin gas, escuelas públicas sin maestros. La baja de impuestos, se convirtió en suba indiscriminada. ¿Algún cambio estructural en la ciudad más rica del país? No.
Tal vez por eso, la provocación pensada por el ministro de Educación, el licenciado en sistemas Esteban Bullrich para ganar notoriedad ante la inopia de sus pares, con el manoseado 0800 BUCHÓN, se convirtió en una política de Estado (municipal). ¡Hay tan poco para ofrecer! Y hasta el propio Macri salió a apropiársela. Y sí, tanto se empecina en litigar por derecha, en construirse como negación del kirchnerismo, que todo sirve.
Por supuesto: los chistes a veces salen mal. Y Bullrich y Macri se terminan enchastrando en una discusión entre “El Eternauta“ (una historieta), “El Nestornauta” (una imagen), y un juego participativo, y lo que no leyeron y no saben y no entienden, porque viven en otra burbuja cultural. Son torpes, pero esa ignorancia que los volvía atractivos para sus votantes (no me la hagas difícil) termina por delatarlos en su incapacidad. No para reprimir (que lo hacen hasta donde pueden y ahí están como prueba los docentes separados de sus cargos por “dramatizar” su situación) sino para conducir el conflicto a un lugar inerte, como hacía Narodowsky, el renegado, hasta que lo atraparon espiando.
La discusión se espiraliza y el macrismo se expone al ridículo. Imperdible el papelón protagonizado por el ministro Bullrich ante la jueza Liberatori, divulgado por “Página/12”, y ocultado por los medios dominantes. Pero la protección mediática funciona hasta que entra al juego Fito Páez y rompe el cerco de silencio. “Los dirigentes del PRO hubieran sido buchones y entregado gente en la dictadura”. Y obliga a Macri a contestar, y así sigue. No hay mucho más. Macri anuncia la extensión de la red de WiFi a las bibliotecas públicas y la llegada de Sri Sri Ravi Shankar.
Hace dos semanas, el “house organ” del macrismo (“Clarín”) había lanzado un globo de ensayo, informando acerca del debate abierto en el PRO sobre el futuro de Mauricio y su posible paso al costado. No se trataría, ¡NO!, de sacarle el cuerpo a una gestión que se derrumba en las encuestas, ni de una salida anticipada de un cargo ejecutivo en procura de fueros legislativos (¡cargo menor!) ante el progreso imparable de la justicia hacia el juicio oral en la causa por las “escuchas” ilegales. ¡NO!
Dijo “Clarín”, citando a un promotor de la movida: “El único que se animó a confirmarlo fue el diputado nacional Jorge Triaca: “Ante el deterioro de la política que impulsa el Gobierno, ante el deseo de eternización en el poder y ante un escenario tan grave que se viene para todos, no sé si hay margen para que Mauricio no juegue. Esa carta tiene que estar a disposición”, dijo. ¿En qué distrito? “Donde haga falta”, completó.” Muy bien: el adalid republicano no le hace asco a nada, con tal de fugarse.
Más allá de las desmentidas, lo cierto es que en estos días se está realizando una encuesta telefónica a los residentes en la Capital, consultando acerca de la evaluación (entre muy buena, buena, regular y mala) de la gestión PRO; indagando si el entrevistado había votado a Macri; y tercera, significativa cuestión: “¿Qué opina acerca de la posible candidatura de Mauricio Macri en las elecciones legislativas de 2013?” En fin, algo se aproxima.
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