Son más que bienvenidas las lecturas de izquierda que nos recuerdan (¡desde la España de hoy!) la legitimidad de los piquetes como herramienta de lucha de los trabajadores. Sólo que, lo que está bien allá, en abierta lucha contra la imposición del neoliberalismo que impone Rajoy, y la consiguiente pérdida de derechos obreros, resulta en una suerte de burla y también una provocación, aquí, donde hace años estamos librando una fuerte pelea por la demolición de ese paradigma. Pelea que nos sigue ocasionando costos ante los embates del poder financiero global (y allí está la Fragata Libertad, atrapada).
Los “piqueteros” argentinos de hoy no protestan por la pérdida de puestos de trabajo, por ningún recorte en los presupuestos de salud o educación, por ninguna disminución en la cobertura previsional, o la merma de la inversión en la educación pública. No. Y tampoco reclaman por la abolición del funcionamiento de las comisiones paritarias que actualizan sistemáticamente los salarios por encima del alza de la inflación que calculan las consultoras opositoras. No. Y tampoco reclaman por la resignación del Gobierno ante el sistema de complicidades que procuró indultar a los responsables del genocidio. No. Y No, porque quedarían muy expuestos en su impostura.
Estos piqueteros “new age” protestan por otras cosas. La más obvia: porque procuran convertirse en actores políticos protagonistas de un pos kirchnerismo, al que presumen “liquidador” de las conquistas alcanzadas desde 2003. Protestan por el “impuesto a las ganancias”, que afecta a una fracción minoritaria de los trabajadores formalizados, “en blanco”, como principal consigna convocante. Protestan porque perdieron su ligadura con la mayoría social y política que consagró abrumadoramente a Cristina, y a su proyecto de país, el pasado octubre.
¿Pueden hacer daño? Obviamente. Especialmente, dañarán a las personas que verán dificultado o impedido el ejercicio de su libertad, en tanto están dispuestas a llegar a su trabajo, y los piquetes (y NO el acatamiento a una medida de protesta sindical) se los impedirá. Recordemos: a nadie le han bajado el salario, se discute la “equidad” de un impuesto a los ingresos. Pero mañana veremos postales del “caos” que tanto le sirven al Grupo Clarín, en tanto cabeza de la comunicación dominante.
Es que también se discute otra cosa, en torno al “7D”. ¿Podrá el Gobierno democrático lograr que se cumpla la Ley de Medios? Las patrullas perdidas de Moyano, Micheli, Barrionuevo, Venegas, Buzzi y demás comparsas conducidas por Magnetto, ponen en la calle su voto negativo, en obvia complicidad con los caceroleros del “8N”. Piquete y cacerola contra Cristina. El desafío está abierto.
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martes, 20 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
La vocación golpista no será televisada. Sarlo y Fontevecchia justifican el balbuceo de los caceroleros. Y Cynthia García metió el dedo en la llaga, denunciando su impostura.
Los asistentes a la marcha del pasado 8N se acercaron voluntariamente a ofrecer su testimonio ante las cámaras de la televisión pública que durante la emisión de “6,7,8” ofreció una cobertura en directo desde el Obelisco, con Cynthia García como responsable de las entrevistas. Es más: los manifestantes reclamaban ser escuchados y, más aún, temían que sus dichos fueran manipulados, “editados”. Lo que ciertamente hizo TN, que no ofreció testimonios “en vivo”, sino que seleccionó los que consideró convenientes a su propósito de exhibir una manifestación supuestamente pacífica, sin insultos ni proclamas golpistas, las que ciertamente expresaban en los carteles que exhibían. Esas personas tan opositoras, tan anti K.
El testimonio de esos manifestantes ofreció un fiel reflejo acerca del modo en que la comunicación dominante orienta conductas, instala consignas y manipula la conciencia de sus públicos. La periodista de “6,7,8” se arriesgó a la escenificación de una polémica cara a cara, escuchando los dichos de cada uno y repreguntando con una eficacia demoledora, que acabó por exhibirlos en su impostura, y también en su carácter de víctimas de la inseguridad informativa, al tiempo que puso en evidencia la incapacidad de los caceroleros de capas medias cultas a la hora de explicar las razones de su protesta.
Fue tan obvia la demostración de esta particular (y asombrosa) indigencia argumentativa que desde los medios de comunicación que construyeron la movida cacerolera se creyó necesario argumentar alguna suerte de justificación, una coartada para tanta ignorancia expresada por gentes tan convencidas de la razón que avala su indignación.
Beatriz Sarlo, desde las páginas de “La Nación”, argumentó en defensa de los manifestantes: “Los que marcharon el jueves no fueron elegidos, no se representaban sino a sí mismos y para movilizarse lo hicieron sostenidos en su propia fuerza y las de una organización virtual en las redes sociales. Entre la marcha de septiembre y noviembre aprendieron bastante en lo que concierne a las consignas (inventar consignas es parte de la política). Supieron encontrar una traducción más interesante a su malestar. Hasta la llegada del micrófono de 6,7,8 no imaginaron que iban a rendir examen. Y no tuvieron tiempo de hacer un curso acelerado que incluyera la lectura de las leyes ni el análisis de los datos económicos.”
O sea, hasta que alguien no condescendiente con sus enojos, que eran distintos y no sintetizables, hasta que alguien, la cronista de “6,7,8”, Cynthia García, los interrogó acerca de las causas de su malestar, los manifestantes disfrutaban de su “aprendizaje”. Pero, cuando les preguntaron acerca de la supuesta inseguridad jurídica (“no sé, no soy abogada”, dijo una) o la devaluación (que otra denunciaba), su inconsistencia -según Sarlo- se explica porque “no tuvieron tiempo” de estudiar, entender, reflexionar. Y, entonces, si no saben, si no entienden, ¿por qué marchan tan convencidos, por qué se oponen tan cerrilmente, por qué son tan terminantes en sus acusaciones al Gobierno?
También Jorge Fontevecchia salió, desde las páginas de “Perfil”, en defensa de los manifestantes “hablados” por los medios dominantes, aunque en clave psicológica: “¿Y usted por qué está acá?”, preguntaba sin cesar la periodista Cynthia García, del programa 6, 7, 8, a cada uno de los manifestantes del 8N que alcanzaba con su micrófono. Un intento de explicación racional por parte de la TV Pública tan loable como infructuoso, porque no hay palabras que resuman los sentimientos.” O sea, según Fontevecchia, la manifestación fue la expresión de una “masa” que salió a la calle sin comprender el sentido de sus actos, disculpada de antemano por “inocente”, en tanto sólo expresaba sus “emociones”. ¡Animalitos de Dios!, se infiere, y no ciudadanos.
En suma, tanto Sarlo como Fontevecchia ejercen una suerte de paternalismo despectivo ante los caceroleros, justificándolos en su pobreza argumentativa como si fueran criaturas incompletas en su formación cívica, pero aptas sí para expresarse en las calles contra un Gobierno sustentado por una elocuente legitimidad democrática.
Quien explicó bien este conflicto interpretativo fue Jorge Alemán, en “Página/12”: “El pueblo transforma a la historia, la masa hace que vuelva lo de siempre. Nunca se sabe de entrada cuándo actúa el pueblo y cuándo actúa la masa, sólo a posteriori, en sus efectos y consecuencias podemos concluir cuál fue el sujeto en cuestión. De esta forma, cuando se ganó aquel día por el 54 por ciento, y cuando designamos con razón nuestra experiencia como popular, siempre recuerdo que se trata de una causa que no es susceptible de contabilidad alguna y que tendría mi apoyo aunque tuviera el uno por ciento de los números.” Así de simple, y complejo.
El testimonio de esos manifestantes ofreció un fiel reflejo acerca del modo en que la comunicación dominante orienta conductas, instala consignas y manipula la conciencia de sus públicos. La periodista de “6,7,8” se arriesgó a la escenificación de una polémica cara a cara, escuchando los dichos de cada uno y repreguntando con una eficacia demoledora, que acabó por exhibirlos en su impostura, y también en su carácter de víctimas de la inseguridad informativa, al tiempo que puso en evidencia la incapacidad de los caceroleros de capas medias cultas a la hora de explicar las razones de su protesta.
Fue tan obvia la demostración de esta particular (y asombrosa) indigencia argumentativa que desde los medios de comunicación que construyeron la movida cacerolera se creyó necesario argumentar alguna suerte de justificación, una coartada para tanta ignorancia expresada por gentes tan convencidas de la razón que avala su indignación.
Beatriz Sarlo, desde las páginas de “La Nación”, argumentó en defensa de los manifestantes: “Los que marcharon el jueves no fueron elegidos, no se representaban sino a sí mismos y para movilizarse lo hicieron sostenidos en su propia fuerza y las de una organización virtual en las redes sociales. Entre la marcha de septiembre y noviembre aprendieron bastante en lo que concierne a las consignas (inventar consignas es parte de la política). Supieron encontrar una traducción más interesante a su malestar. Hasta la llegada del micrófono de 6,7,8 no imaginaron que iban a rendir examen. Y no tuvieron tiempo de hacer un curso acelerado que incluyera la lectura de las leyes ni el análisis de los datos económicos.”
O sea, hasta que alguien no condescendiente con sus enojos, que eran distintos y no sintetizables, hasta que alguien, la cronista de “6,7,8”, Cynthia García, los interrogó acerca de las causas de su malestar, los manifestantes disfrutaban de su “aprendizaje”. Pero, cuando les preguntaron acerca de la supuesta inseguridad jurídica (“no sé, no soy abogada”, dijo una) o la devaluación (que otra denunciaba), su inconsistencia -según Sarlo- se explica porque “no tuvieron tiempo” de estudiar, entender, reflexionar. Y, entonces, si no saben, si no entienden, ¿por qué marchan tan convencidos, por qué se oponen tan cerrilmente, por qué son tan terminantes en sus acusaciones al Gobierno?
También Jorge Fontevecchia salió, desde las páginas de “Perfil”, en defensa de los manifestantes “hablados” por los medios dominantes, aunque en clave psicológica: “¿Y usted por qué está acá?”, preguntaba sin cesar la periodista Cynthia García, del programa 6, 7, 8, a cada uno de los manifestantes del 8N que alcanzaba con su micrófono. Un intento de explicación racional por parte de la TV Pública tan loable como infructuoso, porque no hay palabras que resuman los sentimientos.” O sea, según Fontevecchia, la manifestación fue la expresión de una “masa” que salió a la calle sin comprender el sentido de sus actos, disculpada de antemano por “inocente”, en tanto sólo expresaba sus “emociones”. ¡Animalitos de Dios!, se infiere, y no ciudadanos.
En suma, tanto Sarlo como Fontevecchia ejercen una suerte de paternalismo despectivo ante los caceroleros, justificándolos en su pobreza argumentativa como si fueran criaturas incompletas en su formación cívica, pero aptas sí para expresarse en las calles contra un Gobierno sustentado por una elocuente legitimidad democrática.
Quien explicó bien este conflicto interpretativo fue Jorge Alemán, en “Página/12”: “El pueblo transforma a la historia, la masa hace que vuelva lo de siempre. Nunca se sabe de entrada cuándo actúa el pueblo y cuándo actúa la masa, sólo a posteriori, en sus efectos y consecuencias podemos concluir cuál fue el sujeto en cuestión. De esta forma, cuando se ganó aquel día por el 54 por ciento, y cuando designamos con razón nuestra experiencia como popular, siempre recuerdo que se trata de una causa que no es susceptible de contabilidad alguna y que tendría mi apoyo aunque tuviera el uno por ciento de los números.” Así de simple, y complejo.
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viernes, 9 de noviembre de 2012
Macri no se hace cargo de la marcha cacerolera
La marcha de los caceroleros, largamente organizada a través de las redes sociales y abiertamente promovida por los medios dominantes, logró superar en la masividad de su convocatoria a la anterior, la del pasado 13S. Y fue también más prudente, en tanto los organizadores lograron disciplinar a los manifestantes, quienes moderaron su entusiasmo golpista en las leyendas impresas en sus carteles, aunque no en sus declaraciones ante las cámaras de la televisión pública, el único canal que transmitió en vivo las opiniones de los caceroleros, donde muchos insistieron en reclamar la renuncia de la presidenta Cristina Fernández.
Florencia Saintout hizo una síntesis de los dichos de los manifestantes, entrevistados por la movilera de “6,7,8”, Cynthia García: “No te banco más yegua”. “No me gusta nada”. “A nosotros nadie nos paga y a ustedes sí”. “Vine porque no quiero más a esta Presidenta”. “No quiero más subsidios a los vagos”. La pregunta es: ¿cuántos no estamos ahí?”. Y, ¿cuántos argentinos no compartimos esa mirada clasista, mezquina, y destituyente? Millones, por cierto. Las mayorías que se expresaron elocuentemente a través del voto.
Pero, mañana y en los días por venir los actores de la comunicación dominante (los medios y sus voceros en el sistema político) habrán de insistir en el carácter plebiscitario de esta marcha de “incluidos” y aún “ganadores” del modelo económico y social que protestan contra Cristina para contraponerlo con el voto popular, como si ambas expresiones fueran equivalentes a la hora de construir legitimidad democrática. Y, más aún, dirán que la marcha cacerola obliga a un cambio en la orientación política del Gobierno nacional.
Ahora bien, esta marcha opositora multitudinaria, ¿no interroga también a las estructuras políticas que convocaron a manifestarse en las calles? Muy especialmente al PRO, tan vinculado a las páginas digitales que promovieron la movida, tan apoyado en las últimas elecciones porteñas. ¿No debieran hacerse cargo de ese balbuceo discursivo de sus manifestantes y ofrecerles una expresión política acorde a su indignación anti K? Dicen que no, que el problema de dar respuesta a los caceroleros sólo incumbe a Cristina.
Por ese sendero avanzó Mauricio Macri, entrevistado ayer en TN (¿Tendremos Noticias?) por Eduardo Van Der Kooy.
Florencia Saintout hizo una síntesis de los dichos de los manifestantes, entrevistados por la movilera de “6,7,8”, Cynthia García: “No te banco más yegua”. “No me gusta nada”. “A nosotros nadie nos paga y a ustedes sí”. “Vine porque no quiero más a esta Presidenta”. “No quiero más subsidios a los vagos”. La pregunta es: ¿cuántos no estamos ahí?”. Y, ¿cuántos argentinos no compartimos esa mirada clasista, mezquina, y destituyente? Millones, por cierto. Las mayorías que se expresaron elocuentemente a través del voto.
Pero, mañana y en los días por venir los actores de la comunicación dominante (los medios y sus voceros en el sistema político) habrán de insistir en el carácter plebiscitario de esta marcha de “incluidos” y aún “ganadores” del modelo económico y social que protestan contra Cristina para contraponerlo con el voto popular, como si ambas expresiones fueran equivalentes a la hora de construir legitimidad democrática. Y, más aún, dirán que la marcha cacerola obliga a un cambio en la orientación política del Gobierno nacional.
Ahora bien, esta marcha opositora multitudinaria, ¿no interroga también a las estructuras políticas que convocaron a manifestarse en las calles? Muy especialmente al PRO, tan vinculado a las páginas digitales que promovieron la movida, tan apoyado en las últimas elecciones porteñas. ¿No debieran hacerse cargo de ese balbuceo discursivo de sus manifestantes y ofrecerles una expresión política acorde a su indignación anti K? Dicen que no, que el problema de dar respuesta a los caceroleros sólo incumbe a Cristina.
Por ese sendero avanzó Mauricio Macri, entrevistado ayer en TN (¿Tendremos Noticias?) por Eduardo Van Der Kooy.
-EVK: ¿No sería necesaria la conjunción de un liderazgo y un proyecto opositor?
-Macri: No coincido. La oposición es una definición artificial. Es el Gobierno que debe dar respuestas. El Gobierno debe resolver sus problemas. La oposición volverá a tener una mayoría en el Congreso y espero que la sepamos usar mejor. Estoy emocionado. Se me criticó por haber invitado a participar.
-EVK: El gobierno no tiene por qué responder a cada una y todas las demandas que le plantee un sector importante de la sociedad. El Gobierno fue votado hace un año, pero para ir a elecciones se necesita proponer, conducir.
-Macri: Hoy la gente esta pidiendo que la Presidenta no los defraude. Esta es la movilización más grande de la historia de los argentinos.
-EVK: Usted dice: la Presidente defraudó una promesa. Usted preside un partido. Se supone que entre la sociedad y las expresiones colectivas como la de hoy y llegar al ejercicio del poder en un gobierno hay una intermediación que son los partidos políticos. Si existe esa gente que protesta y no hay nadie que sea capaz de contenerlos hay un déficit en el sistema.
-Macri: No nos ponemos de acuerdo. Además de haberme animado a convocar en las calles, por lo que fui muy criticado, esta es una convocatoria espontánea de la gente, dirigida a aquél que tiene la capacidad de cambiarle la vida. En un país presidencialista como éste, y encima con una Presidenta que avasalla los poderes, no tenemos nada que decir. A nosotros nos van a reclamar dentro de un año.En fin, tira la piedra y esconde la mano. Si los caceroleros que hoy insistieron en declarar que no se sienten representados por nadie tenían alguna esperanza, vale advertirles que no será Mauricio Macri quien asuma los riesgos de expresar sus balbuceos. Él se preserva para las “grandes ligas”. Por ahora, no tiene nada que decir. Y las marchas cacerolas seguirán, o no, sin lograr expresarse en el plano de la política, la única herramienta transformadora. Lo demás, es sólo alboroto, circo para las cámaras del Grupo Clarín.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Barrionuevo ahora admira a Lanata y prometió acompañar la marcha cacerola. ¿Entonces, estamos entre fulleros?
A la hora de garantizar convocatoria para la próxima marcha cacerola, ¿todo suma? Así parece, al menos para el diario “La Nación”, tan jugado a la promoción de este acto opositor. Los editores del diario no le hacen asco a nada a esta altura, y publicitan la adhesión al cacerolazo del 8N de Luis Barrionuevo, un sindicalista que recoge nulo apoyo entre sus lectores, a punto tal que si se leen sus comentarios en la versión digital al pie de esta “noticia” no parecen bien dispuestos a “comerse el sapo”.
La nota de color es que Barrionuevo ha cambiado de opinión acerca de Jorge Lanata, el “frontman” de Clarín, quien años atrás lo hostilizara por la inconsistencia de sus declaraciones de ingresos. “Me encanta el programa de Lanata, nunca me lo pierdo. Siempre lo respeté porque es un tipo inteligente”, declaró Luis Barrionuevo en Radio Mitre.
El periodista “clarinista” Ernesto Tenembaun le preguntó: “¿En los 90 también te gustaba?”. Y el sindicalista gastronómico recordó: “Tuve choques bastante fuertes con Lanata. Muchas veces, cuando hay acusaciones, hay que buscar las fuentes donde está la verdad, para que no se tergiversen las cosas”. Y completó: “Creo que las cosas hay que verificarlas. Yo sigo vivito y coleando, gracias a Dios, de la misma manera de siempre”.
Lo paradójico es que “La Nación” incluye un video de la requisitoria de Lanata a Barrionuevo, en mayo de 2002, que los deja muy mal parados a los dos, exhibiéndose mutuamente papeles acusatorios, declaraciones juradas, fallos de la justicia. Y un remate antológico.
Barrionuevo: ¿Entonces, estamos entre fulleros?
Lanata: Por eso nos tuteamos, boludo, si no te trato de Usted.
La nota de color es que Barrionuevo ha cambiado de opinión acerca de Jorge Lanata, el “frontman” de Clarín, quien años atrás lo hostilizara por la inconsistencia de sus declaraciones de ingresos. “Me encanta el programa de Lanata, nunca me lo pierdo. Siempre lo respeté porque es un tipo inteligente”, declaró Luis Barrionuevo en Radio Mitre.
El periodista “clarinista” Ernesto Tenembaun le preguntó: “¿En los 90 también te gustaba?”. Y el sindicalista gastronómico recordó: “Tuve choques bastante fuertes con Lanata. Muchas veces, cuando hay acusaciones, hay que buscar las fuentes donde está la verdad, para que no se tergiversen las cosas”. Y completó: “Creo que las cosas hay que verificarlas. Yo sigo vivito y coleando, gracias a Dios, de la misma manera de siempre”.
Lo paradójico es que “La Nación” incluye un video de la requisitoria de Lanata a Barrionuevo, en mayo de 2002, que los deja muy mal parados a los dos, exhibiéndose mutuamente papeles acusatorios, declaraciones juradas, fallos de la justicia. Y un remate antológico.
Barrionuevo: ¿Entonces, estamos entre fulleros?
Lanata: Por eso nos tuteamos, boludo, si no te trato de Usted.
lunes, 15 de octubre de 2012
¿A quién le importa las cacerolas?
Los días que faltan hasta el “7D” están teñidos de amenaza, de sospecha. ¿Qué sucederá en estos dos meses? ¿Qué efectos procura alcanzar el Grupo Clarín en el campo de la sociedad (la opinión pública) o de las instituciones para lograr impedir la plena aplicación de la Ley de Medios?
Un primer campo de batalla tiene anclaje en la construcción mediática del “humor social”, supuestamente tan variable, tan volátil. Esa entelequia que sólo miden las encuestas express, y es tan útil para quien las produce y las difunde. El Grupo Clarín, por ejemplo, pretende que los resultados de los estudios de opinión pública de “Management & Fit” (su consultora favorita, siempre tan funcional a sus intereses) pueden abolir cualquier resultado electoral, incluso el más contundente y reciente, como el expresado en las elecciones del pasado octubre. (Ese 54%, a favor de Cristina, les duele mucho).
Están también los supuestos “datos” de la realidad, convergentes con las expectativas del Grupo Clarín, tendientes a descalificar al Gobierno que impulsa el “7D”, según las sintetizó Julio Blanck: “Porque pasaron cosas en las últimas semanas. Avalancha de zapping el día que la Presidenta se metió con la cadena nacional en el horario central de la televisión. Cacerolazo feroz en los grandes centros urbanos a favor del ascendente malhumor social. Desafortunada excursión presidencial a Harvard. Claudicación frente a Irán por el caso AMIA. Larga protesta en Prefectura y Gendarmería por un recorte salarial. Confusa desaparición transitoria de un testigo en el caso del crimen de Mariano Ferreyra. Masivo acto del sindicalismo opositor en Plaza de Mayo.” Y no encontró nada más.
O sea: Blanck reproduce una ristra de títulos “clarinistas” que han sido oportunamente refutados. Una enorme cantidad de argentinos sigue con interés los discursos de Cristina y no hace zapping; la “ferocidad” de los cacerolas es cierta a la vez que irrisoria su representatividad (están solos); la Presidenta ridiculizó a los “preguntadores” en Harvard; Irán se comprometió a contribuir a esclarecer el atentado; la protesta de Prefectura y Gendarmería terminó y se reconstruyó la línea de mandos; el testigo apareció y confirmó su disposición a declarar en el juicio; el acto del sindicalismo opositor fue una lágrima.
Cebitas, petardos, ruidos, que sólo adquieren “volumen” y “relevancia” porque “la prensa dominante” los fogonea hasta el hartazgo. Y, es seguro, hasta el “7D” habremos de soportar una ofensiva comunicacional cada vez más violenta e irracional, pero sin reflejo eficaz en la opinión pública nacional ni en las representaciones políticas en el Congreso. ¿A quién le importa la marcha de los cacerolas cuando vuelvan a salir a la calle a exhibir su capacidad de convocatoria?
Seguramente, al Grupo Clarín, siempre dispuesto a “construir como acontecimiento” una manifestación marcadamente segmentada, tanto política como socialmente, minoritaria y encapsulada en un cuestionamiento general a la legitimidad del gobierno encabezado por Cristina Fernández. Seguramente le importa, también, a los políticos opositores, tan necesitados de algún éxito, de algún sucedáneo de aval popular, tal como le sucede a Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Federico Pinedo y los demás que volvieron “cariacontecidos” de su excursión a Venezuela. ¡Y a Lanata, claro! Que allí podrá darse un baño de multitud perfumada. Pero, ¿a nosotros, qué? ¿Y para qué tanta “prensa propia” dedicada a convertir a la convocatoria cacerola en una amenaza, difundiendo sus consignas, sus estrategias en materia de vestimenta, sus puntos de encuentro, y demás? ¿Para qué? La respuesta ya la dio Cristina, la indomable, que no se asusta por boludeces: “No se enojen con nosotros porque no decimos lo que ustedes quieren escuchar. Busquen dirigentes que sepan expresar sus reclamos”.
La verdadera pelea política no pasa por ahí. Según puede verse, la estrategia del Grupo Clarín, más allá de los cacerolas, apunta a la potencia de sus aliados en el Poder Judicial, porque ahí sí tienen iniciativa, capacidad de veto y poder. Es allí donde van a librar la batalla final en torno al “7D”. El kirchnerismo no logra hasta el día de hoy destrabar el concurso 258 que permitiría designar jueces de la Constitución para ocupar los juzgados vacantes, particularmente el que puede decidir sobre el reclamo de Clarín acerca de la presunta “inconstitucionalidad” de la Ley de Medios. Y este es el punto: Clarín no logra “pudrir” la calle, no puede precipitar un cambio de Gobierno. No. Pero sí puede lograr otra “cautelar”, dictada por un juez “subrogante”, que postergue -con la anuencia de la Corte Suprema, que debiera “hacer la plancha”*- la “desinversión” tan temida. Y ese sería su mejor golpe. No la marcha cacerola.
*Tal vez, la convocatoria formulada por el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien citó, para hoy mismo, a los tres jueces que forman parte del Consejo de la Magistratura (Alejandro Sánchez Freytes, Mario Fera y al obvio operador clarinista Ricardo Recondo), a quienes recibirá junto a la número dos del máximo tribunal, la jueza Elena Highton de Nolasco, destraben esta ofensa a la ley.
Un primer campo de batalla tiene anclaje en la construcción mediática del “humor social”, supuestamente tan variable, tan volátil. Esa entelequia que sólo miden las encuestas express, y es tan útil para quien las produce y las difunde. El Grupo Clarín, por ejemplo, pretende que los resultados de los estudios de opinión pública de “Management & Fit” (su consultora favorita, siempre tan funcional a sus intereses) pueden abolir cualquier resultado electoral, incluso el más contundente y reciente, como el expresado en las elecciones del pasado octubre. (Ese 54%, a favor de Cristina, les duele mucho).
Están también los supuestos “datos” de la realidad, convergentes con las expectativas del Grupo Clarín, tendientes a descalificar al Gobierno que impulsa el “7D”, según las sintetizó Julio Blanck: “Porque pasaron cosas en las últimas semanas. Avalancha de zapping el día que la Presidenta se metió con la cadena nacional en el horario central de la televisión. Cacerolazo feroz en los grandes centros urbanos a favor del ascendente malhumor social. Desafortunada excursión presidencial a Harvard. Claudicación frente a Irán por el caso AMIA. Larga protesta en Prefectura y Gendarmería por un recorte salarial. Confusa desaparición transitoria de un testigo en el caso del crimen de Mariano Ferreyra. Masivo acto del sindicalismo opositor en Plaza de Mayo.” Y no encontró nada más.
O sea: Blanck reproduce una ristra de títulos “clarinistas” que han sido oportunamente refutados. Una enorme cantidad de argentinos sigue con interés los discursos de Cristina y no hace zapping; la “ferocidad” de los cacerolas es cierta a la vez que irrisoria su representatividad (están solos); la Presidenta ridiculizó a los “preguntadores” en Harvard; Irán se comprometió a contribuir a esclarecer el atentado; la protesta de Prefectura y Gendarmería terminó y se reconstruyó la línea de mandos; el testigo apareció y confirmó su disposición a declarar en el juicio; el acto del sindicalismo opositor fue una lágrima.
Cebitas, petardos, ruidos, que sólo adquieren “volumen” y “relevancia” porque “la prensa dominante” los fogonea hasta el hartazgo. Y, es seguro, hasta el “7D” habremos de soportar una ofensiva comunicacional cada vez más violenta e irracional, pero sin reflejo eficaz en la opinión pública nacional ni en las representaciones políticas en el Congreso. ¿A quién le importa la marcha de los cacerolas cuando vuelvan a salir a la calle a exhibir su capacidad de convocatoria?
Seguramente, al Grupo Clarín, siempre dispuesto a “construir como acontecimiento” una manifestación marcadamente segmentada, tanto política como socialmente, minoritaria y encapsulada en un cuestionamiento general a la legitimidad del gobierno encabezado por Cristina Fernández. Seguramente le importa, también, a los políticos opositores, tan necesitados de algún éxito, de algún sucedáneo de aval popular, tal como le sucede a Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Federico Pinedo y los demás que volvieron “cariacontecidos” de su excursión a Venezuela. ¡Y a Lanata, claro! Que allí podrá darse un baño de multitud perfumada. Pero, ¿a nosotros, qué? ¿Y para qué tanta “prensa propia” dedicada a convertir a la convocatoria cacerola en una amenaza, difundiendo sus consignas, sus estrategias en materia de vestimenta, sus puntos de encuentro, y demás? ¿Para qué? La respuesta ya la dio Cristina, la indomable, que no se asusta por boludeces: “No se enojen con nosotros porque no decimos lo que ustedes quieren escuchar. Busquen dirigentes que sepan expresar sus reclamos”.
La verdadera pelea política no pasa por ahí. Según puede verse, la estrategia del Grupo Clarín, más allá de los cacerolas, apunta a la potencia de sus aliados en el Poder Judicial, porque ahí sí tienen iniciativa, capacidad de veto y poder. Es allí donde van a librar la batalla final en torno al “7D”. El kirchnerismo no logra hasta el día de hoy destrabar el concurso 258 que permitiría designar jueces de la Constitución para ocupar los juzgados vacantes, particularmente el que puede decidir sobre el reclamo de Clarín acerca de la presunta “inconstitucionalidad” de la Ley de Medios. Y este es el punto: Clarín no logra “pudrir” la calle, no puede precipitar un cambio de Gobierno. No. Pero sí puede lograr otra “cautelar”, dictada por un juez “subrogante”, que postergue -con la anuencia de la Corte Suprema, que debiera “hacer la plancha”*- la “desinversión” tan temida. Y ese sería su mejor golpe. No la marcha cacerola.
*Tal vez, la convocatoria formulada por el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien citó, para hoy mismo, a los tres jueces que forman parte del Consejo de la Magistratura (Alejandro Sánchez Freytes, Mario Fera y al obvio operador clarinista Ricardo Recondo), a quienes recibirá junto a la número dos del máximo tribunal, la jueza Elena Highton de Nolasco, destraben esta ofensa a la ley.
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