El desempeño de la presidenta Cristina Fernández en la entrevista pública realizada por los estudiantes de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, ¿tendrá algún impacto sobre su imagen o intención de voto? Seguramente no, más allá de lo que comunique la prensa opositora, utilizando encuestas “express” que le darán “MAL” a Cristina, supuestamente perdedora en este “examen”. Y allí van Lanata, Sarlo y el resto del séquito de amanuenses. Y, dado que las audiencias siguen amuralladas en sus preferencias, como bien nos ha explicado Artemio López, el resultado final será, presumiblemente, nulo.
Pero, lo que no queda claro es el sentido y la oportunidad de esta exposición de Cristina en un territorio hostil, tan abierta a la polémica mediática. “Resultó ser una experiencia floja y poco redituable, para la Presidenta y para la Universidad, ya que se la vio a la mandataria bastante incómoda, y respondiendo a preguntas de poco nivel, que parecían más dirigidas a enervarla que a contribuir al conocimiento.”, según expresó Julio Burdman.
Y este es el núcleo de la cuestión. ¿Para qué, en procura de cuál efecto político se presentó Cristina ante esa audiencia, ante esos “preguntadores” obviamente aleccionados, dispuestos para “enervarla” con pseudo preguntas que sólo repetían consignas tributarias del discurso “clarinista”? Es decir, Cristina respondiendo a la enunciación de títulos periodísticos, a construcciones discursivas (“cepo al dólar”, la más obvia), al agradecimiento cínico de “los argentinos que pueden preguntar”. Otra vez, ¿para qué someterla a ese mal rato, a esa escena de conflicto gratuita? No se entiende.
Pero, claro, la hinchada K en las redes supone que se trató de una presentación deslumbrante. ¡Que los bailó a los pibes PRO! Y ahí están las fotos y la data de los “preguntadores”, y sus papelitos que los delatan en sus intenciones políticas y los descalifican. Pero, obviamente, vale considerar si el resultado comunicacional es el mejor. Diría un ajedrecista: a “la reina” no hay que exponerla en batallas triviales. No se gana ni se pierde mucho allí, pero se le da pasto (o carne) a las fieras que después manejan la interpretación de lo sucedido.
¿En el entorno de Cristina nadie pudo impedir la construcción de esa escena, nadie pudo interferir esa secuencia de estudiantes “opositores”, “espontáneos” e “independientes”? Volvemos a la sempiterna discusión acerca del “relato” y las “audiencias redundantes”. Nosotros, los K, desenmascaramos la verdadera identidad de los “preguntones”. Pero, la prensa dominante (no la nuestra) presenta una versión según la cual “Cristina fue aplazada en su examen”. ¿Quién gana y quién pierde en esta puesta en escena innecesaria?
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domingo, 30 de septiembre de 2012
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Macri: Cuando lo malo opaca lo peor.
“Hoy, la información nos oculta la información”.
Ignacio Ramonet
Ignacio Ramonet
¿De qué hablan los medios cuando hablan de Mauricio Macri? Dejemos de lado las operaciones más groseras como, por ejemplo, la realizada por el diario Clarín, en su edición del sábado pasado o, antes, la tapa “casamentera” que le dedicó la revista Gente. Son maneras de la complicidad, tributos que los medios de la derecha le ofrendan a uno de los suyos que está en problemas. Humanizaciones, si cabe el término, de un personaje que necesita construir un rostro amigable. Y sí, Sarkozy y Carla Bruni, Macri y la Awada. Ahí estamos, un millonario -metido a político- en problemas, y su novela amorosa como salvoconducto o línea de fuga hacia otra cosa. Sus sentimientos o su sexualidad, no importa. ¡Otro tema!
Pero, claro, la “bendita” agenda informativa no puede apartarse tanto de esa construcción que convenimos en llamar “la realidad”. El paisaje informativo. Porque, como bien lo ha explicado ya Artemio López, se quebró la “burbuja comunicacional”, esa cárcel mediática a la que nos había condenado la prensa hegemónica. Hay fisuras, “la gente” se entera. La burbuja se quebró, y listo.
Entonces, todos sabemos, incluso los tip@s que se informan leyendo Clarín, La Nación y sus infinitas terminales mediáticas, que el hijo bobo de Franco Macri afronta tres crisis superpuestas. (¡Siempre y cuando no le salten a la calle los médicos y enfermeros de los hospitales, porque allí tendría la cuarta!).
El conflicto más novedoso, que está en la agenda, se focaliza en el sistema de controles en la Ciudad de Buenos Aires. Un sistema que Macri derivó a una “Agencia”. De una parte: la “vista gorda“ hacia la construcción indiscriminada. Y, como consecuencia, los derrumbes. Un gimnasio en Villa Urquiza, ponele, y tres muertos. Claro, se trata de la “iniciativa privada” que impulsa la inversión en ladrillos.
De otra, la explotación de los boliches (si, la misma cuestión que le costó el cargo a Aníbal Ibarra) y que sigue como antes, con el mismo sistema de inspecciones truchas, que produce -previsiblemente, aquí también- víctimas. En este caso, dos chicas muertas.
La segunda cuestión que lo tiene acorralado a Macri es la protesta que están librando los estudiantes secundarios por las condiciones de mantenimiento edilicio de los colegios públicos, y por viandas, y por becas no pagadas. Una revuelta que el Gobierno porteño intentó desoír; luego reprimir, reclamando listas para ser enviadas a la policía. Luego, deslegitimar, recusándolos como tributarios de alguna operación política. Y, después, acusándolos de “piqueteros”.
Aquí, un punto aparte para las intervenciones en este conflicto de la “inefable” Gabriela Michetti, vía Twitter, llamando a los estudiantes a reconstruir los colegios por propia mano. Dijo la vicejefa de Gobierno, mandato incumplido: “Ojalá que quienes hoy toman escuelas presenten sus reclamos como lo hacíamos nosotros cuando estábamos en el secundario: organizándonos para ir todos los fines de semana a trabajar por nuestras escuelas. Pintábamos, arreglábamos el patio, limpiábamos, mejorábamos los muebles y lijábamos puertas”.
En fin, apagaron el incendio con nafta y esta cuestión crece y se amplía. Cada vez más colegios tomados y los pibes y sus padres y los docentes (dato no menor) se inscriben en una gesta en defensa de la educación pública. Y, ayer, los estudiantes salieron a la calle, generaron “caos de tránsito” para la “patria informativa”, y confirmaron el anuncio de su marcha en homenaje de los estudiantes desaparecidos en la llamada “Noche de los lápices”, ocurrida el 16 de septiembre de 1976.
Pero, subterráneamente, la tercera cuestión sigue rodando. Macri está procesado como partícipe necesario de una organización dedicada al espionaje. Cuestión que lo deja a un paso de un juicio oral. Y este temita, mal que le pese al jefe de Gobierno, es el que puede llevarlo a su fin. Claro, la comisión investigadora ha decidido convocar a más de un centenar de testigos, abriendo peligrosamente las puertas a un circo mediático. Allí vendrán las víctimas de las escuchas, los cómplices en las designaciones, los funcionarios, y vaya a saber Dios quién más, convocados por los unos o por los otros.
Pero lo que hay que señalar es que esta es la única cuestión que puede costarle a Mauricio Macri su cargo de jefe de Gobierno. Y que, dada la irrupción del derrumbe de boliches y el crescendo de las protestas de los estudiantes, seguramente quedará poco exhibida, como un tema silenciado, o menor. De donde, gracias a la complicidad de los medios dominantes, lo malo que le sucede ahora a Macri opaca lo peor.
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