A la hora de garantizar convocatoria para la próxima marcha cacerola, ¿todo suma? Así parece, al menos para el diario “La Nación”, tan jugado a la promoción de este acto opositor. Los editores del diario no le hacen asco a nada a esta altura, y publicitan la adhesión al cacerolazo del 8N de Luis Barrionuevo, un sindicalista que recoge nulo apoyo entre sus lectores, a punto tal que si se leen sus comentarios en la versión digital al pie de esta “noticia” no parecen bien dispuestos a “comerse el sapo”.
La nota de color es que Barrionuevo ha cambiado de opinión acerca de Jorge Lanata, el “frontman” de Clarín, quien años atrás lo hostilizara por la inconsistencia de sus declaraciones de ingresos. “Me encanta el programa de Lanata, nunca me lo pierdo. Siempre lo respeté porque es un tipo inteligente”, declaró Luis Barrionuevo en Radio Mitre.
El periodista “clarinista” Ernesto Tenembaun le preguntó: “¿En los 90 también te gustaba?”. Y el sindicalista gastronómico recordó: “Tuve choques bastante fuertes con Lanata. Muchas veces, cuando hay acusaciones, hay que buscar las fuentes donde está la verdad, para que no se tergiversen las cosas”. Y completó: “Creo que las cosas hay que verificarlas. Yo sigo vivito y coleando, gracias a Dios, de la misma manera de siempre”.
Lo paradójico es que “La Nación” incluye un video de la requisitoria de Lanata a Barrionuevo, en mayo de 2002, que los deja muy mal parados a los dos, exhibiéndose mutuamente papeles acusatorios, declaraciones juradas, fallos de la justicia. Y un remate antológico.
Barrionuevo: ¿Entonces, estamos entre fulleros?
Lanata: Por eso nos tuteamos, boludo, si no te trato de Usted.
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miércoles, 31 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
¡Escándalo!: Cristina elogió a Chávez y se niega a convocar a elecciones todos los meses
Hay una conclusión evidente, respecto de la operación mediática tendiente a involucrar a la presidenta argentina Cristina Fernández en el resultado de las elecciones del domingo pasado en Venezuela. Visto en perspectiva, dada la enorme victoria de Hugo Chávez, fue un grosero error comunicacional y político de la derecha, que suele arrojarse de bruces hacia el ridículo sin que nadie la empuje.
Por caso, las declaraciones de Jorge Lanata, antes del voto: “La elección venezolana va a tener un correlato muy fuerte en la Argentina. Pesando en los sueños de Cristina eterna, lo que hoy pase con Chávez puede llegar a avalar ese proyecto como también puede dejarlo por el piso. Se vota en Venezuela, pero se envía un mensaje hacia la Argentina”.
O también los dichos de Joaquín Morales Solá, después del voto: “Chávez es, a todo esto, uno de los políticos más impopulares en la sociedad argentina, según varias mediciones. En la precipitación de hacerse con una victoria que no es propia, el kirchnerismo corre el riesgo de alejarse aún más de vastos sectores sociales que venían manifestándose muy críticos de la Presidenta.”
O sea, según ambos publicistas hay muy fluidos vasos comunicantes entre la opinión pública argentina y la venezolana, que (supuestamente) se reflejan en sus preferencias electorales. Según Lanata: “Nosotros le pedimos a Management & Fit que nos midiera qué pensaban los argentinos de esta elección, y el 70% de los encuestados respondió que hay una relación directa entre esta elección y lo que pase en la Argentina”. Un negocio "chino" para Cristina: si perdía Chávez, ella era socia de la derrota; si ganaba Chávez, ella era cómplice de un "presidente desprestigiado".
Lo cierto es que Hugo Chávez ganó con el 54% de los votos, a diez puntos porcentuales de su opositor, Henrique Capriles. Y la oposición mediática y política no acierta a la hora de presentar este resultado como una “derrota” de Cristina, a quien (además, y para colmo) el presidente venezolano le dedicó la victoria.
El intento, fallido, es otro. Socavar la legitimidad democrática de la presidenta argentina, sometiéndola a una exposición caprichosa. Tal como dijo Cristina ayer: “Resulta que la oposición o ciertos sectores de la oposición plantearon casi como que había elecciones, no solamente en Venezuela, sino también en la República Argentina. Parece como que tuviéramos que tener elecciones todos los meses, o sea, desde octubre a acá deberíamos ir a elección todos los meses”.
Y, no. La oposición ansiosa, que teme el resultado electoral de 2015, ¡deberá consolarse con encuestas de Management & Fit!
Por caso, las declaraciones de Jorge Lanata, antes del voto: “La elección venezolana va a tener un correlato muy fuerte en la Argentina. Pesando en los sueños de Cristina eterna, lo que hoy pase con Chávez puede llegar a avalar ese proyecto como también puede dejarlo por el piso. Se vota en Venezuela, pero se envía un mensaje hacia la Argentina”.
O también los dichos de Joaquín Morales Solá, después del voto: “Chávez es, a todo esto, uno de los políticos más impopulares en la sociedad argentina, según varias mediciones. En la precipitación de hacerse con una victoria que no es propia, el kirchnerismo corre el riesgo de alejarse aún más de vastos sectores sociales que venían manifestándose muy críticos de la Presidenta.”
O sea, según ambos publicistas hay muy fluidos vasos comunicantes entre la opinión pública argentina y la venezolana, que (supuestamente) se reflejan en sus preferencias electorales. Según Lanata: “Nosotros le pedimos a Management & Fit que nos midiera qué pensaban los argentinos de esta elección, y el 70% de los encuestados respondió que hay una relación directa entre esta elección y lo que pase en la Argentina”. Un negocio "chino" para Cristina: si perdía Chávez, ella era socia de la derrota; si ganaba Chávez, ella era cómplice de un "presidente desprestigiado".
Lo cierto es que Hugo Chávez ganó con el 54% de los votos, a diez puntos porcentuales de su opositor, Henrique Capriles. Y la oposición mediática y política no acierta a la hora de presentar este resultado como una “derrota” de Cristina, a quien (además, y para colmo) el presidente venezolano le dedicó la victoria.
El intento, fallido, es otro. Socavar la legitimidad democrática de la presidenta argentina, sometiéndola a una exposición caprichosa. Tal como dijo Cristina ayer: “Resulta que la oposición o ciertos sectores de la oposición plantearon casi como que había elecciones, no solamente en Venezuela, sino también en la República Argentina. Parece como que tuviéramos que tener elecciones todos los meses, o sea, desde octubre a acá deberíamos ir a elección todos los meses”.
Y, no. La oposición ansiosa, que teme el resultado electoral de 2015, ¡deberá consolarse con encuestas de Management & Fit!
lunes, 8 de octubre de 2012
Lanata se quedó sin editorial. Ganó Chávez: ¡El odio se derrota en las urnas!
Mientras festejamos la victoria de Hugo Chávez, tan difícil, tan luchada, tan enorme, y tan legítima, resulta imprescindible tener presente a los hijos de puta que (mal) conviven con nosotros. Esto dijo el sábado, en “Clarín”, el “dirigente sin dirigidos” Rodolfo Terragno: “El riesgo es que, gane quien gane, Venezuela se hunda por un tiempo en crisis superiores a la presente. Si gana Chávez, es difícil que pueda terminar su mandato. El cáncer es una bomba de tiempo que está haciendo tic tac”. Y así sigue. Es el odio, nomás, el que tan bien conocemos en estas pampas, en este país al sur de todo. Y, sí: es “Viva el cáncer”, la consigna gorila que saludó la enfermedad de Evita.
Para reírnos queda el ridículo de los políticos argentinos, esa “armada brancaleone” que viajó a Venezuela para acompañar a Capriles. Y los esfuerzos de Lanata, previos a la elección, apostando al “miedo”: “La introducción del voto electrónico, en el que el votante debe dejar su huella digital, multiplicó las sospechas sobre el uso cruzado de los datos por parte del Estado: la gente teme que las huellas se crucen con el voto y queden expuestos a la venganza estatal contra los rebeldes. El temor es infundado, pero algo similar ocurrió con el plebiscito de la oposición en 2004: una extensa lista de quienes votaron en forma nominal contra el chavismo fueron, luego, expulsados de la administración pública. Miembros del Consejo Nacional Electoral aseguraron a Clarín que hoy esa hipótesis es imposible, ya que el software utilizado impide el cruce de datos personales.” ¿Y, ENTONCES, de qué hablabas?
Pero, lo más elocuente fue la “editorial” de Lanata, en su programa “Periodismo para Todos” sobre el resultado de la elección. La funcionaria electoral dio cuenta de las cifras: “…A saber, el candidato Hugo Rafael Chávez Frías, con el 54.42% de los votos (7.444.082 votos). El candidato Henrique Capriles, con el 44.97 % de los votos (6.151.544)…” Entonces, Lanata dice: “Bien, terminó la incógnita, escuchabas recién al Consejo Nacional Electoral (…) Vamos a un corte”. ¿Y qué pasó después del corte? ¿Qué dijo Lanata? ¿Qué explicación política dio a este resultado? Exhibió a un imitador de Chávez, que le reclamó haberse olvidado de las cacerolas. Y ahí apareció el cetáceo opositor mostrando el cielo con fuegos artificiales. Y dijo: “Finalmente se logró un resultado. Hay esta noche en Venezuela un 55 por ciento -casi- del país que está festejando y un 45 por ciento que debe estar lamentándolo. La pregunta mañana es cómo unir el 55 con el 45, porque Venezuela es un ciento por ciento. El desafío está dado y esperemos que se produzca en paz y en democracia. Gracias.” Y se fue, dejando a sus espectadores “en ascuas”.
Lo más lúcido fueron los tuits de Cristina:
Para reírnos queda el ridículo de los políticos argentinos, esa “armada brancaleone” que viajó a Venezuela para acompañar a Capriles. Y los esfuerzos de Lanata, previos a la elección, apostando al “miedo”: “La introducción del voto electrónico, en el que el votante debe dejar su huella digital, multiplicó las sospechas sobre el uso cruzado de los datos por parte del Estado: la gente teme que las huellas se crucen con el voto y queden expuestos a la venganza estatal contra los rebeldes. El temor es infundado, pero algo similar ocurrió con el plebiscito de la oposición en 2004: una extensa lista de quienes votaron en forma nominal contra el chavismo fueron, luego, expulsados de la administración pública. Miembros del Consejo Nacional Electoral aseguraron a Clarín que hoy esa hipótesis es imposible, ya que el software utilizado impide el cruce de datos personales.” ¿Y, ENTONCES, de qué hablabas?
Pero, lo más elocuente fue la “editorial” de Lanata, en su programa “Periodismo para Todos” sobre el resultado de la elección. La funcionaria electoral dio cuenta de las cifras: “…A saber, el candidato Hugo Rafael Chávez Frías, con el 54.42% de los votos (7.444.082 votos). El candidato Henrique Capriles, con el 44.97 % de los votos (6.151.544)…” Entonces, Lanata dice: “Bien, terminó la incógnita, escuchabas recién al Consejo Nacional Electoral (…) Vamos a un corte”. ¿Y qué pasó después del corte? ¿Qué dijo Lanata? ¿Qué explicación política dio a este resultado? Exhibió a un imitador de Chávez, que le reclamó haberse olvidado de las cacerolas. Y ahí apareció el cetáceo opositor mostrando el cielo con fuegos artificiales. Y dijo: “Finalmente se logró un resultado. Hay esta noche en Venezuela un 55 por ciento -casi- del país que está festejando y un 45 por ciento que debe estar lamentándolo. La pregunta mañana es cómo unir el 55 con el 45, porque Venezuela es un ciento por ciento. El desafío está dado y esperemos que se produzca en paz y en democracia. Gracias.” Y se fue, dejando a sus espectadores “en ascuas”.
Lo más lúcido fueron los tuits de Cristina:
“Hugo, siempre cuentas las palabras del Bolívar solitario del exilio, cuando decía: “siento que he arado en el mar”Y ahí vamos.
“Hugo, hoy quiero decirte que has arado en la tierra, la has sembrado, la has regado y hoy has levantado la cosecha”
“Tu victoria también es la nuestra. La de América del Sur y el Caribe. Fuerza Hugo! Fuerza Venezuela! Fuerza Mercosur y Unasur!”.
viernes, 8 de octubre de 2010
¡Y dále con Lanata!
Condenado al ostracismo, conduciendo un programa nocturno en una señal marginal (canal 26), en un horario donde compiten los “tanques” de la televisión abierta, Jorge Lanata la tenía muy difícil a la hora de encontrar, no sólo un público propio, sino algún “rebote”, algún espacio de incidencia, alguna mención en la corriente principal de la comunicación masiva.
Sin embargo, en los últimos días, Lanata, un exaltado decadente que quiere hacerse oír desde la periferia comunicacional, se ha visto favorecido por un inesperado aliado en su intento por hacerse visible y participar del debate político y adquirir algún simulacro de autoridad. En efecto, sorprendentemente, 6-7-8 decidió acudir en su ayuda y construirlo como un adversario de fuste. Una y otra vez, el programa de la TV pública reitera la ostensible mutación en las opiniones de Lanata, a lo largo de las sucesivas ediciones, convirtiéndolo en un protagonista, en apariencia ineludible.
En la edición de ayer, 6-7-8 difundió un informe acerca de las repercusiones de un artículo del diario El País, de España, titulado: “Maradona como metáfora argentina”, presentándolo bajo el título/zócalo “Lanata a la derecha de Feinmann… (Eduardo)”. Digamos, el propósito de este tramo del programa no fue cuestionar ese artículo bizarro, someterlo a crítica, sino ¡dejar sentada la coincidencia en las posiciones de Feinmann y Lanata! O sea, un abrazo en el barro de los luchadores de lo peor.
Después, señalaron la común aversión de Lanata y Feinmann sobre cualquier reconocimiento a la figura de Ernesto “Che” Guevara, y su crítica coincidente a la toma de colegios. Y, finalmente, el informe reiteró el “hit” denuncista sobre Lanata, que se resume en la contraposición de dos declaraciones. Lanata dice en 2003: “Yo creo que los asuntos del pasado siguen existiendo porque nunca hubo justicia. O sea, no creo que los asuntos del pasado sean pasado. Hasta que no haya justicia en serio, la grieta sigue abierta”. Y, luego, su sospechosa "actualización", en 2010. Dice Lanata: “Me tienen harto con la dictadura. ¡Algo que pasó hace 34 años!”.
Un apunte al paso. ¿No parece débil argumentar que, tanto Martín Caparrós como el propio Lanata eran defensores de la “memoria” cuando habían publicado sendos libros sobre la historia argentina? ¿Se trataba sólo de un afán comercial/editorial? ¿No resulta esto una chicana barata? Nos parece que una discusión acerca del papel que cumplen hoy algunos periodistas que, tiempo atrás, fueron clasificados como “progresistas” (¿qué será eso?) no admite semejante reduccionismo.
Pero, sigamos. Y aquí viene a cuento reivindicar al tan cuestionado Orlando Barone, porque él sí enfocó su crítica sobre el artículo del diario El País y su asombrosa difusión en los medios argentinos. Y porque, también, se declaró en rebeldía respecto del tratamiento sesgado de la producción de 6-7-8.
Dijo Barone: “No sé si nos estamos excediendo en poner algún personaje allí, siempre como protagonista. Como si su voz tuviera importancia. Me parece a veces importante reducir la importancia del mensaje. Porque si no, le estamos dando, a lo mejor, un escenario que no se merece. Hay cierta altura donde la decadencia debe decaer sola”.
Y sí, tiene razón Barone. Porque el “agite” que ha hecho PPT de la figura de Lanata, no hace sino favorecerlo, resucitarlo. Basta ver cuántas intervenciones en los blogs ha merecido, cuántas discusiones, a favor y en contra. El problema es que 6-7-8 se encapsula y discute con cualquiera que le “toma su palabra”, y se equivoca. Lanata no vale la pena.
Sin embargo, en los últimos días, Lanata, un exaltado decadente que quiere hacerse oír desde la periferia comunicacional, se ha visto favorecido por un inesperado aliado en su intento por hacerse visible y participar del debate político y adquirir algún simulacro de autoridad. En efecto, sorprendentemente, 6-7-8 decidió acudir en su ayuda y construirlo como un adversario de fuste. Una y otra vez, el programa de la TV pública reitera la ostensible mutación en las opiniones de Lanata, a lo largo de las sucesivas ediciones, convirtiéndolo en un protagonista, en apariencia ineludible.
En la edición de ayer, 6-7-8 difundió un informe acerca de las repercusiones de un artículo del diario El País, de España, titulado: “Maradona como metáfora argentina”, presentándolo bajo el título/zócalo “Lanata a la derecha de Feinmann… (Eduardo)”. Digamos, el propósito de este tramo del programa no fue cuestionar ese artículo bizarro, someterlo a crítica, sino ¡dejar sentada la coincidencia en las posiciones de Feinmann y Lanata! O sea, un abrazo en el barro de los luchadores de lo peor.
Después, señalaron la común aversión de Lanata y Feinmann sobre cualquier reconocimiento a la figura de Ernesto “Che” Guevara, y su crítica coincidente a la toma de colegios. Y, finalmente, el informe reiteró el “hit” denuncista sobre Lanata, que se resume en la contraposición de dos declaraciones. Lanata dice en 2003: “Yo creo que los asuntos del pasado siguen existiendo porque nunca hubo justicia. O sea, no creo que los asuntos del pasado sean pasado. Hasta que no haya justicia en serio, la grieta sigue abierta”. Y, luego, su sospechosa "actualización", en 2010. Dice Lanata: “Me tienen harto con la dictadura. ¡Algo que pasó hace 34 años!”.
Un apunte al paso. ¿No parece débil argumentar que, tanto Martín Caparrós como el propio Lanata eran defensores de la “memoria” cuando habían publicado sendos libros sobre la historia argentina? ¿Se trataba sólo de un afán comercial/editorial? ¿No resulta esto una chicana barata? Nos parece que una discusión acerca del papel que cumplen hoy algunos periodistas que, tiempo atrás, fueron clasificados como “progresistas” (¿qué será eso?) no admite semejante reduccionismo.
Pero, sigamos. Y aquí viene a cuento reivindicar al tan cuestionado Orlando Barone, porque él sí enfocó su crítica sobre el artículo del diario El País y su asombrosa difusión en los medios argentinos. Y porque, también, se declaró en rebeldía respecto del tratamiento sesgado de la producción de 6-7-8.
Dijo Barone: “No sé si nos estamos excediendo en poner algún personaje allí, siempre como protagonista. Como si su voz tuviera importancia. Me parece a veces importante reducir la importancia del mensaje. Porque si no, le estamos dando, a lo mejor, un escenario que no se merece. Hay cierta altura donde la decadencia debe decaer sola”.
Y sí, tiene razón Barone. Porque el “agite” que ha hecho PPT de la figura de Lanata, no hace sino favorecerlo, resucitarlo. Basta ver cuántas intervenciones en los blogs ha merecido, cuántas discusiones, a favor y en contra. El problema es que 6-7-8 se encapsula y discute con cualquiera que le “toma su palabra”, y se equivoca. Lanata no vale la pena.
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