En los talleres literarios se escribe a partir de una “consigna”, una palabra o una frase que debe funcionar como disparador de la escritura de los “talleristas”. Ficciones.
La comunicación dominante en nuestro país funciona de ese modo. La consigna que se ofrece (impone) a los escribas (periodistas) puede ser cualquiera: “Antonini” o “Skanska” o “Schoklender” o Boudou” o “Moreno” o “Echegaray” o “Cristina” o “bóvedas” o el perrito “Simón” convertido en palometa agresiva por “Perfil”, la cloaca. Se les pide que escriban algo en respuesta a ese “disparador”.
El vínculo de la ficción que construyen los periodistas con la realidad es laxo: la discusión se libra en torno a lo “verosímil”. O sea, lo que puede ser aceptado como creíble por los lectores. No se puede decir cualquier cosa si el pacto de lectura es: “Yo te digo la verdad, porque tengo pruebas”. Pero la línea de frontera se desplaza. (Ver, por caso, los ejercicios terroristas de Carrasco, Asís, y Pagni y Cía.)
Ayer, “Clarín” inventó un ataque a sus empleados (“periodistas”) en Brasil responsabilizando al cobrador de impuestos del Estado kirchnerista -Echegaray- y no pudo exhibir ni una prueba. Ficciones.
Pero, la consigna actual, la de esta época, la estratégica para los “talleristas” de cara a 2015 es: “Capitanich fracasó”. Por supuesto, se admiten algunas variantes o modalizaciones: “desgastó”, “debilitó”, “aburrió”, “saturó”, y demás calificativos negativos. But, ¿why? Ficciones. ¡NO!
Porque el éxito posible de Capitanich, se juega en dos flancos. De una parte, su virtuoso avance en el convencimiento de la centroizquierda como posible heredero K (la progresía que no lo quería por “cristianuchi”), al tiempo que también su progreso como expresión de la síntesis de un proyecto compartido por buena parte de los gobernadores peronistas (que tienen por delante largos meses de gestión con una presidenta K), lo vuelve alguien peligroso. Una confluencia que pone muy nerviosos a otros potenciales “herederos”. Humores.
¿Y por qué Carta Abierta no invitó a Daniel Scioli para escuchar su discurso RUTA Y MAR? Algo pasa ahí, porque esos tipos invitaron a “Coqui” Capitanich y hablaron largo rato.
O sea: si tu quieres que el Kirchnerismo NO tenga herederos, sólo tienes que atacar a Capitanich.
Si tu eres K, defiéndelo. Porque Cristina lo "instituyó", y entre otras cosas, con buena lógica “Clarín” y sus esbirros lo están matando.
¿Y Macri? Haciendo el ridículo, que es lo que mejor le sale. ¿Y Massa? Reclutando “peornistas” en nombre de “lo nuevo”. ¿Y Sanz? No jodas.
Un beso, para todos y todas, por un feliz 2014.
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viernes, 3 de enero de 2014
lunes, 4 de noviembre de 2013
Crónica de un candidato asustado. Sergio Massa y sus mutaciones en torno a la Ley de Medios. Del amague de tercerismo frente al conflicto Gobierno versus Clarín al vergonzoso alineamiento con el Grupo, Adepa y SIP, firmando lo que le pongan a la mano. ¿Chapultepec? El bochorno es que ahora dice que Sabbatella es comunista.
A decir verdad, no deja de ser gracioso el intento del “massismo” de constituirse en una suerte de “tercera posición”, o algo así, como un sujeto político y comunicacional autónomo llamado a superar la inconducente disputa entre “el kirchnerismo y el partido Clarín, en su carácter de voces de un pasado que resiste al desalojo”. O sea: el “negocio del país dividido” y todo ese diagnóstico marketinero acerca de la supuesta lucidez de quienes se colocan por fuera de una pelea entre dos elites, que se retroalimentan recíprocamente en un “simulacro de combate”, y demás sarasa. Todo viejo, porque la Corte decidió a favor de la Ley de Medios, y los muñecos que apostaban a la ambigüedad quedaron fuera de juego, tal como le sucedió a Sergio Massa.
Claro que habría que tener presente que fue el propio Massa, funcionando en modo kirchnerista, el encargado de presentar el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en marzo de 2009, cuando fungía como Jefe de Gabinete de la “diktadura”. Y que, balbuceando, leyendo y tropezando (ante la carencia de teleprompter), logró dejar sentado que, en aquel momento, Massita (como le dicen los propios) pensaba que:
La cuestión actual es que el pasado domingo 27 de octubre la lista encabezada por Massa ganó las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires -venciendo al oficialismo K- y en consecuencia se aprestó a recibir un prolongado masaje comunicacional de sus sponsors, el Grupo “Clarín” y adláteres. Y así fue su día de gloria, el lunes 28, en el transcurso del cual fue entrevistado hasta el hartazgo.
Pero -la realidad tiene estas cosas y llega a ser ingrata incluso con los ganadores, quizás para reconducirlos a la humildad-, el martes 29 la Corte Suprema falló a favor de la Ley de Medios y la victoria de “Massita” quedó eclipsada por este rayo en el cielo sereno de la democracia argentina. Y, para colmo, el bueno de Sergio no tenía nada preparado para decir. O sea que: ¡El candidato a presidente se escondió ante la primera dificultad y guardó silencio!
Recién el miércoles 30 por la noche apareció en “A dos voces”, por la señal TN del Grupo “Clarín”, y dijo: “Lo que la Corte resuelva va a estar bien, porque es el tribunal del control constitucional. Todos deben respetar la decisión de la Corte”. Según resumió “Perfil” los dichos de Massa en TN: “Pese a su respeto por el fallo, manifestó sus objeciones sobre el manejo arbitrario del Gobierno en ciertos temas "como la publicidad oficial y su no abuso, así como la igualdad en la distribución (de la pauta), para tener todos la posibilidad de pluralidad de voces". Massa afirmó que "falta profesionalizar y ordenar el funcionamiento del AFSCA", y no dudó en reclamar un "trato igualitario" de parte del Estado para todo el espectro de los medios audiovisuales.”
Obviamente, al Grupo “Clarín” estas apreciaciones le resultaron débiles y gaseosas por lo que le reclamaron “actitud” y al día siguiente lo mandaron a la sede de Adepa -la asociación que agrupa a los editores de diarios- para ¡firmar la Declaración de Chapultepec por la libertad de prensa! Allí, el jueves 31 de octubre, el diputado electo por el Frente Renovador calificó como un “avasallamiento” la notificación que realizó el titular de la Afsca, Martín Sabbatella, en la sede del Grupo Clarín. “No se puede confundir constitucionalidad con arbitrariedad”, se quejó, definitivamente corrido de la “tercera posición” y ya obviamente alineado con el multimedios, con la línea Adepa - SIP, su ruta.
Pero, como para el Grupo la entrega (tal como sucede en el amor) nunca es completa, nos enteramos a través del Blog del Ingeniero que también le han pedido a Massa que -en línea con sus fluidos contactos con la Embajada yanqui- haga gala de su macartismo y diga: “Me parece también que no hay que confundir constitucionalidad con arbitrariedad. La mirada de (Martín) Sabbatella (titular del Afsca), por su formación en el Partido Comunista, es la de creer que el Estado tiene que tener una voz única en el sistema de información hacia la gente, y eso puede llevar a la arbitrariedad. Tiene que ver con su origen, lo marca la mirada de su formación política. Me parece que los medios son en la era moderna un vehículo de comunicación con la gente y que está bueno que estén representadas todas las voces... en la medida en que no prime el pensamiento comunista de la voz única”.
En fin, un periplo interesante del “candidate” que no puede sostener una posición democrática y se termina plegando a la derecha más obvia a la hora de “ser útil”. Según “Clarín” la secuencia de bochornos quedará en suspenso porque se fue. Descansará en Punta del Este, en la casa del artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, con sus tres celulares, que seguramente comunican con la Santísima Trinidad, o algo así.
Claro que habría que tener presente que fue el propio Massa, funcionando en modo kirchnerista, el encargado de presentar el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en marzo de 2009, cuando fungía como Jefe de Gabinete de la “diktadura”. Y que, balbuceando, leyendo y tropezando (ante la carencia de teleprompter), logró dejar sentado que, en aquel momento, Massita (como le dicen los propios) pensaba que:
a) Debía agradecerles “a todos los presentes la presencia hoy aquí, en esto que pretende ser el inicio o el punto de partida de un camino “darle finalmente a la Argentina una nueva Ley de Comunicación Audiovisual o en reemplazo de la Ley de Radiodifusión.”En fin, ante la mirada de la presidenta Cristina Fernández y del ex presidente Néstor Kirchner, en aquel entonces el Massa funcionario K intentaba alinearse con el reclamo de una información “plural”. Y aseguraba estar a favor de la información en beneficio del ciudadano común, de a pie, y de carne y hueso, lo que dejaba claro a los ciudadanos que a la hora de verbalizar frases gastadas es un tigre que las enhebra de a tres.
b) Y dijo: “Con todos los sectores tenemos la vocación y la voluntad de abrir un proceso en los próximos días que en foros de debate nos permita discutir y madurar todas las opiniones para luego sí darle una forma definitiva en la discusión en el Parlamento nacional.”
c) Y continuó: “Tenemos además la posibilidad de corregir los errores de una apertura indiscriminada que se dio durante los 90 para transformarla en una apertura mucho más federalizada que aumente nuestras voces, nuestros contenidos, generando más y mejores fuentes de trabajo en una industria que a lo largo y a lo ancho del mundo se va expandiendo.”
d) Y concluyó: “Los invitamos, en definitiva, a participar, a debatir, a consensuar y a disentir, a dejar de emparchar para construir, a multiplicar la voces, teniendo en cuenta que el beneficiario final del esfuerzo que hagamos entre todos va a ser el ciudadano común, de a pie, y de carne y hueso que está en su casa esperando que a este tema también, que hace 25 años que espera, le pongamos de una vez y para siempre, un marco normativo que pluralice el derecho a la información.” (Aplausos y ovación).
La cuestión actual es que el pasado domingo 27 de octubre la lista encabezada por Massa ganó las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires -venciendo al oficialismo K- y en consecuencia se aprestó a recibir un prolongado masaje comunicacional de sus sponsors, el Grupo “Clarín” y adláteres. Y así fue su día de gloria, el lunes 28, en el transcurso del cual fue entrevistado hasta el hartazgo.
Pero -la realidad tiene estas cosas y llega a ser ingrata incluso con los ganadores, quizás para reconducirlos a la humildad-, el martes 29 la Corte Suprema falló a favor de la Ley de Medios y la victoria de “Massita” quedó eclipsada por este rayo en el cielo sereno de la democracia argentina. Y, para colmo, el bueno de Sergio no tenía nada preparado para decir. O sea que: ¡El candidato a presidente se escondió ante la primera dificultad y guardó silencio!
Recién el miércoles 30 por la noche apareció en “A dos voces”, por la señal TN del Grupo “Clarín”, y dijo: “Lo que la Corte resuelva va a estar bien, porque es el tribunal del control constitucional. Todos deben respetar la decisión de la Corte”. Según resumió “Perfil” los dichos de Massa en TN: “Pese a su respeto por el fallo, manifestó sus objeciones sobre el manejo arbitrario del Gobierno en ciertos temas "como la publicidad oficial y su no abuso, así como la igualdad en la distribución (de la pauta), para tener todos la posibilidad de pluralidad de voces". Massa afirmó que "falta profesionalizar y ordenar el funcionamiento del AFSCA", y no dudó en reclamar un "trato igualitario" de parte del Estado para todo el espectro de los medios audiovisuales.”
Obviamente, al Grupo “Clarín” estas apreciaciones le resultaron débiles y gaseosas por lo que le reclamaron “actitud” y al día siguiente lo mandaron a la sede de Adepa -la asociación que agrupa a los editores de diarios- para ¡firmar la Declaración de Chapultepec por la libertad de prensa! Allí, el jueves 31 de octubre, el diputado electo por el Frente Renovador calificó como un “avasallamiento” la notificación que realizó el titular de la Afsca, Martín Sabbatella, en la sede del Grupo Clarín. “No se puede confundir constitucionalidad con arbitrariedad”, se quejó, definitivamente corrido de la “tercera posición” y ya obviamente alineado con el multimedios, con la línea Adepa - SIP, su ruta.
Pero, como para el Grupo la entrega (tal como sucede en el amor) nunca es completa, nos enteramos a través del Blog del Ingeniero que también le han pedido a Massa que -en línea con sus fluidos contactos con la Embajada yanqui- haga gala de su macartismo y diga: “Me parece también que no hay que confundir constitucionalidad con arbitrariedad. La mirada de (Martín) Sabbatella (titular del Afsca), por su formación en el Partido Comunista, es la de creer que el Estado tiene que tener una voz única en el sistema de información hacia la gente, y eso puede llevar a la arbitrariedad. Tiene que ver con su origen, lo marca la mirada de su formación política. Me parece que los medios son en la era moderna un vehículo de comunicación con la gente y que está bueno que estén representadas todas las voces... en la medida en que no prime el pensamiento comunista de la voz única”.
En fin, un periplo interesante del “candidate” que no puede sostener una posición democrática y se termina plegando a la derecha más obvia a la hora de “ser útil”. Según “Clarín” la secuencia de bochornos quedará en suspenso porque se fue. Descansará en Punta del Este, en la casa del artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, con sus tres celulares, que seguramente comunican con la Santísima Trinidad, o algo así.
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domingo, 11 de noviembre de 2012
La vocación golpista no será televisada. Sarlo y Fontevecchia justifican el balbuceo de los caceroleros. Y Cynthia García metió el dedo en la llaga, denunciando su impostura.
Los asistentes a la marcha del pasado 8N se acercaron voluntariamente a ofrecer su testimonio ante las cámaras de la televisión pública que durante la emisión de “6,7,8” ofreció una cobertura en directo desde el Obelisco, con Cynthia García como responsable de las entrevistas. Es más: los manifestantes reclamaban ser escuchados y, más aún, temían que sus dichos fueran manipulados, “editados”. Lo que ciertamente hizo TN, que no ofreció testimonios “en vivo”, sino que seleccionó los que consideró convenientes a su propósito de exhibir una manifestación supuestamente pacífica, sin insultos ni proclamas golpistas, las que ciertamente expresaban en los carteles que exhibían. Esas personas tan opositoras, tan anti K.
El testimonio de esos manifestantes ofreció un fiel reflejo acerca del modo en que la comunicación dominante orienta conductas, instala consignas y manipula la conciencia de sus públicos. La periodista de “6,7,8” se arriesgó a la escenificación de una polémica cara a cara, escuchando los dichos de cada uno y repreguntando con una eficacia demoledora, que acabó por exhibirlos en su impostura, y también en su carácter de víctimas de la inseguridad informativa, al tiempo que puso en evidencia la incapacidad de los caceroleros de capas medias cultas a la hora de explicar las razones de su protesta.
Fue tan obvia la demostración de esta particular (y asombrosa) indigencia argumentativa que desde los medios de comunicación que construyeron la movida cacerolera se creyó necesario argumentar alguna suerte de justificación, una coartada para tanta ignorancia expresada por gentes tan convencidas de la razón que avala su indignación.
Beatriz Sarlo, desde las páginas de “La Nación”, argumentó en defensa de los manifestantes: “Los que marcharon el jueves no fueron elegidos, no se representaban sino a sí mismos y para movilizarse lo hicieron sostenidos en su propia fuerza y las de una organización virtual en las redes sociales. Entre la marcha de septiembre y noviembre aprendieron bastante en lo que concierne a las consignas (inventar consignas es parte de la política). Supieron encontrar una traducción más interesante a su malestar. Hasta la llegada del micrófono de 6,7,8 no imaginaron que iban a rendir examen. Y no tuvieron tiempo de hacer un curso acelerado que incluyera la lectura de las leyes ni el análisis de los datos económicos.”
O sea, hasta que alguien no condescendiente con sus enojos, que eran distintos y no sintetizables, hasta que alguien, la cronista de “6,7,8”, Cynthia García, los interrogó acerca de las causas de su malestar, los manifestantes disfrutaban de su “aprendizaje”. Pero, cuando les preguntaron acerca de la supuesta inseguridad jurídica (“no sé, no soy abogada”, dijo una) o la devaluación (que otra denunciaba), su inconsistencia -según Sarlo- se explica porque “no tuvieron tiempo” de estudiar, entender, reflexionar. Y, entonces, si no saben, si no entienden, ¿por qué marchan tan convencidos, por qué se oponen tan cerrilmente, por qué son tan terminantes en sus acusaciones al Gobierno?
También Jorge Fontevecchia salió, desde las páginas de “Perfil”, en defensa de los manifestantes “hablados” por los medios dominantes, aunque en clave psicológica: “¿Y usted por qué está acá?”, preguntaba sin cesar la periodista Cynthia García, del programa 6, 7, 8, a cada uno de los manifestantes del 8N que alcanzaba con su micrófono. Un intento de explicación racional por parte de la TV Pública tan loable como infructuoso, porque no hay palabras que resuman los sentimientos.” O sea, según Fontevecchia, la manifestación fue la expresión de una “masa” que salió a la calle sin comprender el sentido de sus actos, disculpada de antemano por “inocente”, en tanto sólo expresaba sus “emociones”. ¡Animalitos de Dios!, se infiere, y no ciudadanos.
En suma, tanto Sarlo como Fontevecchia ejercen una suerte de paternalismo despectivo ante los caceroleros, justificándolos en su pobreza argumentativa como si fueran criaturas incompletas en su formación cívica, pero aptas sí para expresarse en las calles contra un Gobierno sustentado por una elocuente legitimidad democrática.
Quien explicó bien este conflicto interpretativo fue Jorge Alemán, en “Página/12”: “El pueblo transforma a la historia, la masa hace que vuelva lo de siempre. Nunca se sabe de entrada cuándo actúa el pueblo y cuándo actúa la masa, sólo a posteriori, en sus efectos y consecuencias podemos concluir cuál fue el sujeto en cuestión. De esta forma, cuando se ganó aquel día por el 54 por ciento, y cuando designamos con razón nuestra experiencia como popular, siempre recuerdo que se trata de una causa que no es susceptible de contabilidad alguna y que tendría mi apoyo aunque tuviera el uno por ciento de los números.” Así de simple, y complejo.
El testimonio de esos manifestantes ofreció un fiel reflejo acerca del modo en que la comunicación dominante orienta conductas, instala consignas y manipula la conciencia de sus públicos. La periodista de “6,7,8” se arriesgó a la escenificación de una polémica cara a cara, escuchando los dichos de cada uno y repreguntando con una eficacia demoledora, que acabó por exhibirlos en su impostura, y también en su carácter de víctimas de la inseguridad informativa, al tiempo que puso en evidencia la incapacidad de los caceroleros de capas medias cultas a la hora de explicar las razones de su protesta.
Fue tan obvia la demostración de esta particular (y asombrosa) indigencia argumentativa que desde los medios de comunicación que construyeron la movida cacerolera se creyó necesario argumentar alguna suerte de justificación, una coartada para tanta ignorancia expresada por gentes tan convencidas de la razón que avala su indignación.
Beatriz Sarlo, desde las páginas de “La Nación”, argumentó en defensa de los manifestantes: “Los que marcharon el jueves no fueron elegidos, no se representaban sino a sí mismos y para movilizarse lo hicieron sostenidos en su propia fuerza y las de una organización virtual en las redes sociales. Entre la marcha de septiembre y noviembre aprendieron bastante en lo que concierne a las consignas (inventar consignas es parte de la política). Supieron encontrar una traducción más interesante a su malestar. Hasta la llegada del micrófono de 6,7,8 no imaginaron que iban a rendir examen. Y no tuvieron tiempo de hacer un curso acelerado que incluyera la lectura de las leyes ni el análisis de los datos económicos.”
O sea, hasta que alguien no condescendiente con sus enojos, que eran distintos y no sintetizables, hasta que alguien, la cronista de “6,7,8”, Cynthia García, los interrogó acerca de las causas de su malestar, los manifestantes disfrutaban de su “aprendizaje”. Pero, cuando les preguntaron acerca de la supuesta inseguridad jurídica (“no sé, no soy abogada”, dijo una) o la devaluación (que otra denunciaba), su inconsistencia -según Sarlo- se explica porque “no tuvieron tiempo” de estudiar, entender, reflexionar. Y, entonces, si no saben, si no entienden, ¿por qué marchan tan convencidos, por qué se oponen tan cerrilmente, por qué son tan terminantes en sus acusaciones al Gobierno?
También Jorge Fontevecchia salió, desde las páginas de “Perfil”, en defensa de los manifestantes “hablados” por los medios dominantes, aunque en clave psicológica: “¿Y usted por qué está acá?”, preguntaba sin cesar la periodista Cynthia García, del programa 6, 7, 8, a cada uno de los manifestantes del 8N que alcanzaba con su micrófono. Un intento de explicación racional por parte de la TV Pública tan loable como infructuoso, porque no hay palabras que resuman los sentimientos.” O sea, según Fontevecchia, la manifestación fue la expresión de una “masa” que salió a la calle sin comprender el sentido de sus actos, disculpada de antemano por “inocente”, en tanto sólo expresaba sus “emociones”. ¡Animalitos de Dios!, se infiere, y no ciudadanos.
En suma, tanto Sarlo como Fontevecchia ejercen una suerte de paternalismo despectivo ante los caceroleros, justificándolos en su pobreza argumentativa como si fueran criaturas incompletas en su formación cívica, pero aptas sí para expresarse en las calles contra un Gobierno sustentado por una elocuente legitimidad democrática.
Quien explicó bien este conflicto interpretativo fue Jorge Alemán, en “Página/12”: “El pueblo transforma a la historia, la masa hace que vuelva lo de siempre. Nunca se sabe de entrada cuándo actúa el pueblo y cuándo actúa la masa, sólo a posteriori, en sus efectos y consecuencias podemos concluir cuál fue el sujeto en cuestión. De esta forma, cuando se ganó aquel día por el 54 por ciento, y cuando designamos con razón nuestra experiencia como popular, siempre recuerdo que se trata de una causa que no es susceptible de contabilidad alguna y que tendría mi apoyo aunque tuviera el uno por ciento de los números.” Así de simple, y complejo.
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martes, 24 de julio de 2012
Cristina, Scioli y el relato de la cadena nacional “del miedo y el desánimo”
La presidenta Cristina Fernández volvió a denunciar ayer el papel abiertamente político de la comunicación hegemónica, empeñada en desmoralizar a sus audiencias y desgastar así al gobierno. Cristina definió a los medios opositores como “la cadena nacional del miedo y el desánimo”.
Se trata, claro, de otro round en la pelea que el kirchnerismo libra contra el cerco informativo que construyen las corporaciones dominantes y sus voceros periodísticos, dedicados a imponer su propia agenda de temas y en construir relatos acerca de los conflictos que se suscitan, especialmente aquellos que afectan a la coalición gobernante.
A modo de ejemplo, en estos últimos días los periodistas de los medios opositores se ajustaron muy obedientemente a una suerte de “minuta” comunicacional muy precisa. Sin excepción, todos los “analistas” coincidieron en afirmar que la ayuda ofrecida por el gobierno nacional a la administración de la provincia de Buenos Aires para resolver la “crisis del aguinaldo” -concretada en el préstamo de 600 millones de pesos de la ANSES a la Provincia más la autorización para emitir bono de deuda por 900 millones de pesos-, fue una respuesta defensiva ante una abrupta caída en la imagen positiva de la presidenta Cristina. (Véanse los textos de Fidanza, Fontevecchia, García, Jacquelin, Morales Solá, Laborda, Kirshbaum, Van der Kooy y Aulicino, en cadena gráfica, desde el jueves pasado hasta ayer mismo).
Esto es: según el relato de la prensa gráfica opositora, el envío de una ayuda extraordinaria fue una medida exclusivamente dictada por los sondeos de las principales encuestadoras (de las cuales sólo se identifica en un articulo a la consultora Poliarquía), sondeos que eran supuestamente coincidentes en señalar que “la mayoría de la población entendía que la demora en el pago del aguinaldo de los bonaerenses, era consecuencia de una decisión de la Casa Rosada. Y en esa sintonía, reflejaban una caída de la imagen positiva de la Presidenta.”
Esta lectura intencionada también incluía otros supuestos.
Por caso, que el gobierno nacional dispone de “cajas” inagotables, en el Banco Central y en la ANSES, con fondos siempre disponibles para auxiliar a cualquier administración provincial deficitaria.
Otro supuesto implícito o velado, es que la administración encabezada por Daniel Scioli no cometió ningún error en su planificación, y que su crisis de los aguinaldos simplemente “estalló”.
Y también, que Scioli fue víctima de un engaño. Se lo habría forzado a impulsar un revalúo del impuesto inmobiliario rural con la promesa de enviarle 2.800 millones de pesos y que lo estafaron al enviarle sólo mil.
Y que esta “mezquindad” del gobierno nacional (que siempre tuvo los fondos a disposición) obedece al intento de señalar a Scioli como un mal administrador, para dañarlo en su imagen pública como futuro candidato a presidente.
La situación podría ser narrada de otro modo.
Quienes monitorean la planificación anual de la provincia de Buenos Aires habían advertido con mucha antelación que, dada la situación financiera internacional, las posibilidades de endeudarse estaban seriamente restringidas. Y que el déficit presupuestado pero no cubierto (6.000 millones de pesos) habría de evidenciarse en el mes de julio, a la hora de pagar los aguinaldos. Scioli confió en exceso en la extorsión latente que supone una crisis financiera en la provincia de Buenos Aires para el gobierno nacional. No se “sentó sobre la caja” sino que se “dejó estar” a la espera de la ayuda obligada de su hada madrina, la residente en Olivos.
Según este otro relato, Scioli se marcó la cancha solo, por su impericia a la hora de planificar un gasto público compatible con los ingresos reales y no con los soñados. Y se pegó un tiro en el pie al decidir candidatearse prematuramente a la presidencia cuando Cristina sólo había cumplido seis meses al frente del Ejecutivo nacional, lo que -previsiblemente- le otorgó otro volumen (electoral y mediático) a la discusión. Scioli hizo mal las cuentas, económicas y políticas.
Cristina respondió según su lógica: ella no endeuda al país hoy, para que mañana lo pague otro, es una buena administradora y le exige a los gobernadores ser responsables. “Los recursos no son de chicle”, dijo, al tiempo que enviaba la ayuda.
Como escribió, hace no mucho, Nicolás Casullo: “La presidenta no se equivoca cuando apunta que se trata de una disputa por los relatos”. Ayer, volvió a poner en escena el conflicto que afronta este gobierno ante las corporaciones y sus voceros. Scioli estaba sentado a su lado, escuchando. Sería bueno para este proyecto nacional, popular y democrático, que se haga cargo de esta pelea, que no es sólo discursiva.
Se trata, claro, de otro round en la pelea que el kirchnerismo libra contra el cerco informativo que construyen las corporaciones dominantes y sus voceros periodísticos, dedicados a imponer su propia agenda de temas y en construir relatos acerca de los conflictos que se suscitan, especialmente aquellos que afectan a la coalición gobernante.
A modo de ejemplo, en estos últimos días los periodistas de los medios opositores se ajustaron muy obedientemente a una suerte de “minuta” comunicacional muy precisa. Sin excepción, todos los “analistas” coincidieron en afirmar que la ayuda ofrecida por el gobierno nacional a la administración de la provincia de Buenos Aires para resolver la “crisis del aguinaldo” -concretada en el préstamo de 600 millones de pesos de la ANSES a la Provincia más la autorización para emitir bono de deuda por 900 millones de pesos-, fue una respuesta defensiva ante una abrupta caída en la imagen positiva de la presidenta Cristina. (Véanse los textos de Fidanza, Fontevecchia, García, Jacquelin, Morales Solá, Laborda, Kirshbaum, Van der Kooy y Aulicino, en cadena gráfica, desde el jueves pasado hasta ayer mismo).
Esto es: según el relato de la prensa gráfica opositora, el envío de una ayuda extraordinaria fue una medida exclusivamente dictada por los sondeos de las principales encuestadoras (de las cuales sólo se identifica en un articulo a la consultora Poliarquía), sondeos que eran supuestamente coincidentes en señalar que “la mayoría de la población entendía que la demora en el pago del aguinaldo de los bonaerenses, era consecuencia de una decisión de la Casa Rosada. Y en esa sintonía, reflejaban una caída de la imagen positiva de la Presidenta.”
Esta lectura intencionada también incluía otros supuestos.
Por caso, que el gobierno nacional dispone de “cajas” inagotables, en el Banco Central y en la ANSES, con fondos siempre disponibles para auxiliar a cualquier administración provincial deficitaria.
Otro supuesto implícito o velado, es que la administración encabezada por Daniel Scioli no cometió ningún error en su planificación, y que su crisis de los aguinaldos simplemente “estalló”.
Y también, que Scioli fue víctima de un engaño. Se lo habría forzado a impulsar un revalúo del impuesto inmobiliario rural con la promesa de enviarle 2.800 millones de pesos y que lo estafaron al enviarle sólo mil.
Y que esta “mezquindad” del gobierno nacional (que siempre tuvo los fondos a disposición) obedece al intento de señalar a Scioli como un mal administrador, para dañarlo en su imagen pública como futuro candidato a presidente.
La situación podría ser narrada de otro modo.
Quienes monitorean la planificación anual de la provincia de Buenos Aires habían advertido con mucha antelación que, dada la situación financiera internacional, las posibilidades de endeudarse estaban seriamente restringidas. Y que el déficit presupuestado pero no cubierto (6.000 millones de pesos) habría de evidenciarse en el mes de julio, a la hora de pagar los aguinaldos. Scioli confió en exceso en la extorsión latente que supone una crisis financiera en la provincia de Buenos Aires para el gobierno nacional. No se “sentó sobre la caja” sino que se “dejó estar” a la espera de la ayuda obligada de su hada madrina, la residente en Olivos.
Según este otro relato, Scioli se marcó la cancha solo, por su impericia a la hora de planificar un gasto público compatible con los ingresos reales y no con los soñados. Y se pegó un tiro en el pie al decidir candidatearse prematuramente a la presidencia cuando Cristina sólo había cumplido seis meses al frente del Ejecutivo nacional, lo que -previsiblemente- le otorgó otro volumen (electoral y mediático) a la discusión. Scioli hizo mal las cuentas, económicas y políticas.
Cristina respondió según su lógica: ella no endeuda al país hoy, para que mañana lo pague otro, es una buena administradora y le exige a los gobernadores ser responsables. “Los recursos no son de chicle”, dijo, al tiempo que enviaba la ayuda.
Como escribió, hace no mucho, Nicolás Casullo: “La presidenta no se equivoca cuando apunta que se trata de una disputa por los relatos”. Ayer, volvió a poner en escena el conflicto que afronta este gobierno ante las corporaciones y sus voceros. Scioli estaba sentado a su lado, escuchando. Sería bueno para este proyecto nacional, popular y democrático, que se haga cargo de esta pelea, que no es sólo discursiva.
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domingo, 8 de julio de 2012
Fontevecchia: ¿autocrítica del odio?
Jorge Fontevecchia publica en “Perfil” una editorial en la que -bienvenida la paradoja- cuestiona el nivel de aceptación que alcanzan sus propias manipulaciones de la opinión pública. Así es que aconseja a su público-objeto -“sectores de alto nivel de ingresos y educación”- que no sean tan crédulos y que moderen sus entusiasmos coyunturales por Moyano, hoy, o por Duhalde, ayer nomás, como respuestas posibles frente al kirchnerismo.
Es curioso que formule esta advertencia quien tanto ha contribuido a promover estas ilusiones. Y es muy significativo que identifique al “odio” como motor de esas preferencias equivocadas.
Su texto bien podría ser leído como una suerte de crítica del “antikirchnerismo intenso” que, cegado, acompaña cada operación de la prensa opositora. “¿Por qué les resulta especialmente verosímil la mayoría de los pronósticos negativos sobre el kirchnerismo?”, inquiere Fontevecchia.
Una pregunta interesante, dirigida (en apariencia) a esa minoría que él mismo alimenta (ese público tan crédulo) pero que en realidad puede ser interpretada como una autocrítica formulada desde la propia maquinaria de imposición cultural.
Citando en exceso, al borde del plagio, su texto reenvía a un artículo de Luis Tonelli, publicado en la revista “Debate”, y especialmente a su mención de la “inducción retrospectiva” que domina a aquellos actores que imaginan el resultado probable de un proceso político (“Cristina no pudo completar su mandato”, por caso) y actúan hoy como si ya hubiera sucedido.
Y vuelve a mentar “el odio” como un sentimiento que enturbia la comprensión de la realidad y está en la base del “pensamiento ilusorio” que termina orientando la expectativa de los opositores hacia lo que sería más placentero en lugar de lo que sería más probable.
Todo bien, hasta aquí, hasta el punto en que denuncia la obnubilación del oposicionismo bobo al Gobierno, que muta en su adhesión a partidos o dirigentes, no porque crea en sus propuestas o simpatice con ellos sino porque sólo apuesta a su capacidad de “daño”.
Donde la embarra (y se delata) es cuando postula su propio wishful thinking al anunciar que el kirchnerismo actuará especularmente: “Lo habita el mismo odio que nubla la razón de sus opositores, y el día que cambien los equilibrios de poder cometerá tantos errores como quienes hoy lo enfrentan.”
El kirchnerismo ya enfrentó equilibrios de poder adversos (nació con tan sólo el 22 por ciento de los votos, perdió la lucha contra “el campo” en 2008 y las elecciones bonaerenses en 2009), y la matriz de su convocatoria nunca fue “el odio”. Sí, el reclamo al apoyo popular a la hora de afrontar los sucesivos conflictos, identificando a los adversarios, señalando el interés de la mayorías como sustento de sus políticas, siempre en el marco de las instituciones democráticas. Está claro que, después de 2003, el odio en la política argentina no se comparte, es “gorila”, reaccionario, opositor y, a menudo, destituyente. Y es el principal combustible de la prensa canalla.
Es curioso que formule esta advertencia quien tanto ha contribuido a promover estas ilusiones. Y es muy significativo que identifique al “odio” como motor de esas preferencias equivocadas.
Su texto bien podría ser leído como una suerte de crítica del “antikirchnerismo intenso” que, cegado, acompaña cada operación de la prensa opositora. “¿Por qué les resulta especialmente verosímil la mayoría de los pronósticos negativos sobre el kirchnerismo?”, inquiere Fontevecchia.
Una pregunta interesante, dirigida (en apariencia) a esa minoría que él mismo alimenta (ese público tan crédulo) pero que en realidad puede ser interpretada como una autocrítica formulada desde la propia maquinaria de imposición cultural.
Citando en exceso, al borde del plagio, su texto reenvía a un artículo de Luis Tonelli, publicado en la revista “Debate”, y especialmente a su mención de la “inducción retrospectiva” que domina a aquellos actores que imaginan el resultado probable de un proceso político (“Cristina no pudo completar su mandato”, por caso) y actúan hoy como si ya hubiera sucedido.
Y vuelve a mentar “el odio” como un sentimiento que enturbia la comprensión de la realidad y está en la base del “pensamiento ilusorio” que termina orientando la expectativa de los opositores hacia lo que sería más placentero en lugar de lo que sería más probable.
Todo bien, hasta aquí, hasta el punto en que denuncia la obnubilación del oposicionismo bobo al Gobierno, que muta en su adhesión a partidos o dirigentes, no porque crea en sus propuestas o simpatice con ellos sino porque sólo apuesta a su capacidad de “daño”.
Donde la embarra (y se delata) es cuando postula su propio wishful thinking al anunciar que el kirchnerismo actuará especularmente: “Lo habita el mismo odio que nubla la razón de sus opositores, y el día que cambien los equilibrios de poder cometerá tantos errores como quienes hoy lo enfrentan.”
El kirchnerismo ya enfrentó equilibrios de poder adversos (nació con tan sólo el 22 por ciento de los votos, perdió la lucha contra “el campo” en 2008 y las elecciones bonaerenses en 2009), y la matriz de su convocatoria nunca fue “el odio”. Sí, el reclamo al apoyo popular a la hora de afrontar los sucesivos conflictos, identificando a los adversarios, señalando el interés de la mayorías como sustento de sus políticas, siempre en el marco de las instituciones democráticas. Está claro que, después de 2003, el odio en la política argentina no se comparte, es “gorila”, reaccionario, opositor y, a menudo, destituyente. Y es el principal combustible de la prensa canalla.
lunes, 12 de julio de 2010
Periodismo basura: ¿dónde están las fuentes?
"El periodismo está construyendo sus propias reglas, a falta de un ente de contralor que custodie el buen desempeño profesional. En este marco, vale todo; vale incluso que un rumor, una versión, o la suposición de alguien ingenioso se convierta en noticia."
¿Y cuál es la fuente? Desde hace varios días, después de la derrota del seleccionado argentino frente al equipo alemán, circula una "información" que da por cierto que el Gobierno nacional habría ordenado la impresión de 50.000 afiches con la imagen de la presidenta, Cristina Fernández, y el director técnico de la selección nacional, Diego Maradona, con una intención proselitista. Pero ninguno de los que reprodujeron esta "noticia" pudo identificar la fuente de esa "información".
Así lo dijo Carlos Pagni en La Nación (05/07/10): "El feliz retrato que los Kirchner compusieron con Diego Maradona y Julio Grondona al inaugurar, como si fuera un plan de asistencia social, el programa Fútbol para todos, iba a ser reproducido en 50.000 afiches por todo el país. Ahora, después del 4 a 0, ese triángulo familiar está atravesado por enconos y por traiciones." O sea, para Pagni, los afiches nunca se imprimieron.
Por su parte, el muy creíble Guillermo Cherashny afirmó en su página "Informador público" (07/07/10), lo siguiente: "El gobierno tenía preparados 50.000 afiches con la foto de Cristina con Maradona firmados con Fútbol para Todos que se iban a pegar ni bien terminara el partido con Alemania si ganaba Argentina. Pero finalmente tuvieron que tirar los afiches a la basura por el fracaso deportivo". O sea, según Cherashny, sí estaban impresos y los tiraron a la basura.
Nelson Castro ofreció otra versión del rumor en Perfil.com (10/07/10): "Hubo que parar la impresión de afiches con la foto de la Presidenta junto a Diego Armando Maradona, aquel día en que se anunció el Fútbol para Todos y la Dra. Fernández de Kirchner habló de los 'goles secuestrados'". Según Castro, pararon las rotativas.
Así las cosas, llegamos al titular de Clarín de este domingo: "Antes de que nadie los viera, quemaron los afiches para festejar el Mundial". Allí, la reciente incorporación del Grupo, Susana Viau, escribe: "Los sueños sudafricanos de los Kirchner quedaron reducidos a cenizas y, como un símbolo, los 50 mil afiches que habían encargado para asociarse al triunfo deportivo fueron incinerados estos días en medio de inusitadas medidas de seguridad. Habían sido confeccionados en las imprentas ligadas a la Secretaría de Informaciones y la foto, tomada antes de la partida de los jugadores, mostraba a la Presidenta con la camiseta argentina y flanqueada por su marido y Diego Maradona. Faltó Lionel Messi, quien declinó la invitación porque su sentido común le indicaba que 'no hay que mezclar las cosas'".
O sea: así prolifera un rumor que se vuelve noticia. No hay una fuente comprobable. Se puede decir cualquier cosa. A esta altura los supuestos afiches no fueron impresos, se los imprimió y tiró a la basura y, también, ya impresos se los quemó. ¡Y ni hablar acerca de las contradictorias versiones de la foto del afiche que nadie vio!
La degradación del periodismo hegemónico parece no tener límite. "Y en el fetiche de un afiche de papel / Se vende la ilusión, se rifa el corazón." ¿No es cierto, Susana?
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