Condenado al ostracismo, conduciendo un programa nocturno en una señal marginal (canal 26), en un horario donde compiten los “tanques” de la televisión abierta, Jorge Lanata la tenía muy difícil a la hora de encontrar, no sólo un público propio, sino algún “rebote”, algún espacio de incidencia, alguna mención en la corriente principal de la comunicación masiva.
Sin embargo, en los últimos días, Lanata, un exaltado decadente que quiere hacerse oír desde la periferia comunicacional, se ha visto favorecido por un inesperado aliado en su intento por hacerse visible y participar del debate político y adquirir algún simulacro de autoridad. En efecto, sorprendentemente, 6-7-8 decidió acudir en su ayuda y construirlo como un adversario de fuste. Una y otra vez, el programa de la TV pública reitera la ostensible mutación en las opiniones de Lanata, a lo largo de las sucesivas ediciones, convirtiéndolo en un protagonista, en apariencia ineludible.
En la edición de ayer, 6-7-8 difundió un informe acerca de las repercusiones de un artículo del diario El País, de España, titulado: “Maradona como metáfora argentina”, presentándolo bajo el título/zócalo “Lanata a la derecha de Feinmann… (Eduardo)”. Digamos, el propósito de este tramo del programa no fue cuestionar ese artículo bizarro, someterlo a crítica, sino ¡dejar sentada la coincidencia en las posiciones de Feinmann y Lanata! O sea, un abrazo en el barro de los luchadores de lo peor.
Después, señalaron la común aversión de Lanata y Feinmann sobre cualquier reconocimiento a la figura de Ernesto “Che” Guevara, y su crítica coincidente a la toma de colegios. Y, finalmente, el informe reiteró el “hit” denuncista sobre Lanata, que se resume en la contraposición de dos declaraciones. Lanata dice en 2003: “Yo creo que los asuntos del pasado siguen existiendo porque nunca hubo justicia. O sea, no creo que los asuntos del pasado sean pasado. Hasta que no haya justicia en serio, la grieta sigue abierta”. Y, luego, su sospechosa "actualización", en 2010. Dice Lanata: “Me tienen harto con la dictadura. ¡Algo que pasó hace 34 años!”.
Un apunte al paso. ¿No parece débil argumentar que, tanto Martín Caparrós como el propio Lanata eran defensores de la “memoria” cuando habían publicado sendos libros sobre la historia argentina? ¿Se trataba sólo de un afán comercial/editorial? ¿No resulta esto una chicana barata? Nos parece que una discusión acerca del papel que cumplen hoy algunos periodistas que, tiempo atrás, fueron clasificados como “progresistas” (¿qué será eso?) no admite semejante reduccionismo.
Pero, sigamos. Y aquí viene a cuento reivindicar al tan cuestionado Orlando Barone, porque él sí enfocó su crítica sobre el artículo del diario El País y su asombrosa difusión en los medios argentinos. Y porque, también, se declaró en rebeldía respecto del tratamiento sesgado de la producción de 6-7-8.
Dijo Barone: “No sé si nos estamos excediendo en poner algún personaje allí, siempre como protagonista. Como si su voz tuviera importancia. Me parece a veces importante reducir la importancia del mensaje. Porque si no, le estamos dando, a lo mejor, un escenario que no se merece. Hay cierta altura donde la decadencia debe decaer sola”.
Y sí, tiene razón Barone. Porque el “agite” que ha hecho PPT de la figura de Lanata, no hace sino favorecerlo, resucitarlo. Basta ver cuántas intervenciones en los blogs ha merecido, cuántas discusiones, a favor y en contra. El problema es que 6-7-8 se encapsula y discute con cualquiera que le “toma su palabra”, y se equivoca. Lanata no vale la pena.