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viernes, 29 de octubre de 2010

No estás sola, Cristina.

Estuvimos en la Plaza y formamos parte de la interminable cola que procuraba llegar a la Casa Rosada. Pero, después de más de siete horas, nos rendimos (estaremos viejos, quizás). O mejor, en verdad, teníamos urgencias que atender en casa.En los diarios que publicarán sus portadas dentro de un rato, es casi seguro que la movilización a Plaza de Mayo en homenaje a Néstor Kirchner y en apoyo a la presidenta Cristina, porque las dos cosas fueron juntas en los gritos del pueblo, habrá de ocupar un lugar central. Se trata de un hecho político de enorme significación, en tanto expresa la respuesta popular a la pérdida de un dirigente que es vivida como una derrota. Y, también, contradictoriamente, la afirmación de una esperanza, de la conciencia de haber asumido un proyecto de país, un voto a favor de Cristina.
En la fila, que se engrosaba inexorablemente, confluía lo heterogéneo y bueno que convoca el kirchnerismo. Una rica mezcla de generaciones, también de identidades políticas, de historias y de inscripciones sociales y económicas muy diversas. Y ahí caminábamos. El canto preferido era, obviamente, “¡Andate Cobos, la puta que te parió! Y luego, su versión irónica: ¡Y llevate a la Carrió!
Pero era infinita la muchedumbre. Nos hizo acordar a las marchas cuando murió Perón, bajo la lluvia. Allí también el campo popular se hizo presente, e iniciaba “colas” que no se sabía ciertamente a dónde llegaban, pero quería estar allí y decir presente.
Habrá que subrayar, para todos los compañeros que no pudieron acercarse a la Plaza de Mayo, que se trató (y se trata, porque continúa) de un ejemplo de movilización democrática. No hubo organizadores ni administradores de esta irrupción de la multitud. Como le escuchamos decir a una compañera *: “Somos nosotros, que nos disciplinamos en nuestra expresión. Aquí no hay peleas, hay sentimiento”.
Pero claro, una vez llegados a casa, buscamos en la red las versiones de esta marcha histórica y encontramos esto:
Y esto:
Bien sabemos cuál es el sentimiento hostil -y aún perverso- que anida tanto en las redacciones del Clarín como en La Nación respecto de la muerte de Néstor Kirchner y hacia el futuro del gobierno de Cristina. Pero, convengamos, en ese aminoramiento mentiroso entre las "decenas" de miles y los "cientos" de miles, los empleados de Magnetto terminan por certificar su renuncia a cualquier resto de veracidad, en su pretensión de trabajar como periodistas y a la vez rendirse ante la patronal, procurando minimizar una movilización que entrará en la historia por su magnitud y elocuencia.
Están asustados, parece.

* 3:16 de la madrugada la vimos -en la transmisión de Visión 7- lograr su objetivo, junto a sus compañeras, rindiendo homenaje al ex presidente. Bien por ella y por todos.