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jueves, 19 de julio de 2012

Scioli y los costos de su prematuro desafío electoral a Cristina

La falta de timing de Scioli, la que puso en evidencia al anunciar anticipadamente su candidatura a la presidencia de la Nación, sumada a su impericia para administrar la crisis financiera de Buenos Aires (la provincia), tal vez haya otorgado a la Presidenta el escenario propicio para reformular una alianza que comenzaba a resultarle gravosa, en términos políticos y presupuestarios.
La opción de Scioli por el desdoblamiento del pago del aguinaldo a los trabajadores estatales bonaerenses ante el angostamiento presupuestario, su defensa a ultranza de una política de seguridad abiertamente enfrentada con los lineamientos nacionales, así como las escenas de “fulbito” en La Ñata con los opositores Macri y Moyano (tan celebradas y difundidas por la prensa hegemónica), sus publicitados coqueteos con Roberto Lavagna, Alberto Fernández y Julio Bárbaro (entre otras viudas ficticias del aquel kirchnerismo fundante), difícilmente puedan ser interpretadas como gestos de compromiso con el proyecto que encabeza Cristina, la tan votada. Y, de allí, la necesaria reformulación de esta convivencia, tan difícil.
Scioli es esquivo a poner la cara a la hora de tomar medidas “antipáticas” para los ganadores de un ciclo de muchos años de crecimiento a tasas chinas; por caso, cobrarles impuestos. Resulta clara la requisitoria que le formuló Cristina en ese acto que compartieron a disgusto en General Rodríguez. Dijo la Presidenta: Gestionar implica “el pelear también, porque muchas veces hay que discutir cuando uno administra en nombre del pueblo; tenés que enfrentarte muchas veces con intereses, lo que no quiere decir confrontar, porque siempre hay que optar, sobre todo en economía”. Obviamente, el reclamo apuntó a reordenar “el modelo” económico bonaerense y alinearlo con la Nación.
Sucede que Scioli descubrió, de golpe, para su asombro, que no cuenta con financiamiento externo para cubrir su déficit presupuestario y, neoliberal al fin, propuso ajustar sus cuentas pegando abajo, ralentando obra pública, anticipando la jubilación de empleados estatales, desdoblando aguinaldos. Y, entonces, ¿cómo se resuelve esta disputa de visiones ideológicas y políticas entre la presidenta de la Nación y el gobernador de la provincia más importante, ambos dos legitimados por el arrollador voto popular que acompañó al FPV en octubre?
Al respecto, el ex gobernador bonaerense Felipe Solá, señaló: “Tiene que haber un acuerdo político, en el cual Scioli deberá ceder mucho”. Y agregó: “El Gobierno (nacional) ha gobernado más seriamente que Scioli por lo que “a partir de ahora, Scioli tendrá que moverse con más inteligencia de la que se ha movido. O sea, Scioli deberá reconocer los límites de su “autonomía relativa” en los marcos de un proyecto político (que conduce Cristina y él dice acompañar), sentarse y “negociar a pérdida”. ¿De qué se trata?
Desde su columna dominical en “Pagìna/12”, Horacio Verbitsky planteó una hipótesis acerca del posible resultado de esa negociación a pérdida: “Scioli va comenzando a comprender que antes de 2015 viene 2013. En ese año podría librarse del tormento de la administración y encabezar la lista de candidatos legislativos del Frente para la Victoria, con la lealtad a la presidente que proclama cada vez que se enciende una cámara y por la cual ha sido candidato a tres cargos distintos en 2003, 2007, 2009 y 2011.”
Hay otro camino, claro, para Scioli: saltar el cerco y convertirse ya en uno de los jefes de la oposición a Cristina. Así lo señaló Alejandro Horowicz: “La oposición (bonaerense) no puede respaldar a Scioli más allá del parloteo; el gobernador solicita, requiere, necesita dinero fresco. O lo genera mediante impuestos provinciales (después de todo, esa sería la retraducción práctica de la andanada discursiva presidencial) o lo recibe del Poder Ejecutivo. La oposición no puede apoyar una cosa ni lograr la otra, por tanto sigue en el limbo, carece de política propia. No es la lealtad la que le impide a Scioli invertir las alianzas, sino la dura materialidad de la política práctica. Salvo que decida inmolarse.”
Scioli, por el momento, se empeña en fugar hacia adelante, antes que inmolarse. ¿O qué otra cosa distinta supone el acuerdo a quince años con los dueños de los “bingos” para pagar el aguinaldo en la mitad de este año? En lo inmediato, suponemos, se abrirá un camino de negociación, la búsqueda de un equilibrio sustentable para la gobernabilidad kirchnerista en los próximos meses, que permita resolver la situación financiera bonaerense sin descargarla sobre los sectores populares.
Pero, además, está latente el conflicto político. ¿Cómo se compatibiliza esa impotencia en la gestión con el desafío irresponsable que formuló al adelantar la sucesión presidencial y debilitar a Cristina, señalándola tan prematuramente (saltando tantos escenarios posibles) como un “pato rengo“? Parece difícil que Scioli pueda seguir adelante en su contradictorio papel de dirigente con ambiciones presidenciales y a la vez exhibirse como un gobernador que no puede administrar su provincia sin ayuda del gobierno que encabeza Cristina. Tal vez, Scioli deberá moderar sus entusiasmos deportivos y electorales porque ningún desafío es gratuito. Nadie potencia a un opositor siempre en ciernes, a un aliado que a pesar de sus declaraciones de lealtad parece empeñado en tensar la cuerda y provocar.

jueves, 12 de julio de 2012

Cristina y su enésimo combate por el relato

La prensa hegemónica se hizo en estos días un festival comentando las dificultades (mejor dicho: la imposibilidad) que afronta la gobernación de la provincia de Buenos Aires a la hora de pagar el medio aguinaldo de los empleados públicos dependientes de la administración provincial.
Y esos medios opositores festejaron más aún cuando esta situación les permitió proponer lecturas insidiosas acerca de un supuesto “ahogo financiero” planificado desde el gobierno nacional en perjuicio del gobernador Daniel Scioli, ejercido como una suerte de disciplinamiento a este aliado que (¡faltando nada menos que tres años y medio!) anunció su candidatura a la presidencia de la Nación, en las elecciones de 2015. Se trataría, dicen, de un “castigo” a esa vocación por adelantar el relevo del “pato rengo” Cristina y no de una falla en la capacidad de administrar Buenos Aires, la provincia.
Hubo más para la comidilla de esa prensa opositora. La filtración de una grabación de los dichos de un intendente según la cual Cristina habría comentado en una reunión su deseo de destituir a Scioli. Y, después, una conferencia de prensa del gobernador quien (luego de confesar sus imposibilidades presupuestarias) afirmó haber mantenido una conversación telefónica con Cristina, quien le habría confirmado su vocación de “seguir trabajando juntos”.
Por cierto, el contenido de esa conversación telefónica entre la Presidenta y Scioli fue también objeto de especulaciones periodísticas. La mejor, lejos, fue la atribuida a un “osado” contertulio en una reunión de alcaldes. Dijo que la Presidente le respondió al Gobernador en una frase: “Lo que yo tenga que decirte, te lo digo por cadena nacional”, desmintiendo cualquier mensaje por terceros, según la oportuna crónica.
Y, así, llegaron, en este contexto de versiones, la Presidenta y el Gobernador a verse las caras en un acto celebrado ayer en el partido bonaerense de General Rodríguez, y que fue efectivamente transmitido por cadena nacional. Más allá del anuncio formal de una importante inversión extranjera orientada a la producción de maquinaria agrícola, Cristina tomó por las astas la cuestión del financiamiento de la Provincia. “Podría contarles que desde el año 2003 a la fecha, entre coparticipación y todo tipo de transferencias directas o indirectas, aplicación presupuestaria, Asignación Universal por Hijo, la Nación le ha transferido a la provincia de Buenos Aires 400 mil millones de pesos, una cifra inédita.”
Y también formuló un derrotero a cumplir: “Por eso me gusta hablar con números, a mí me gusta mucho administrar y gestionar, tuve un gran maestro para esto, que me enseñó que no hay manera de poder sobrevivir ni como político ni como empresario ni de ninguna otra manera si uno no administra y gestiona.”
Pero, además, en obvia réplica al relato de quienes la cuestionan por su talante “crispado“, dijo que esto implica “el pelear también, porque muchas veces hay que discutir cuando uno administra en nombre del pueblo; tenés que enfrentarte muchas veces con intereses, lo que no quiere decir confrontar, porque siempre hay que optar, sobre todo en economía”.
Hasta ahora, Scioli optó por hacer la plancha, por “borrarse” de todas y cada una de las peleas que emprendió el kirchnerismo ante los poderes corporativos. Se trata de un “dirigente” con aspiraciones presidenciales que, dado que gerencia “sin ideología”, ante las cuestiones decisivas que han atravesado las luchas políticas de la última década optó por “no pagar costos”.
Scioli no emite opinión ante ningún debate, no sabe, no contesta, refugiado apenas en su declarada “lealtad” hacia el proyecto inaugurado en 2003, mientras goza de un compacto blindaje mediático. Pero, hoy esa estrategia de silencio planificado se agota, en tanto la parte que le toca, la administración de la provincia de Buenos Aires, se derrumba.
Cristina aborda en público el conflicto e intenta -en disputa con ese cerco comunicacional- hacer inteligible para las mayorías las causas de este grave desorden presupuestario (y fundamentalmente distributivo) en la provincia más importante del país. Por enésima vez emprendió el combate por “el relato” que disputa con la comunicación dominante. Frente al simulacro de “gestión” apolítica que esgrime Scioli, ella “politiza”.