La derecha no sale de su asombro ante la renuncia de Guillermo “Patota” Moreno, el siempre “polémico” secretario de Comercio. La Gata Flora opositora no sabe bien qué decirle a su clientela: de una parte, festeja que el incorruptible funcionario abandone su puesto; de otra, arguye que esa partida fortalece al nuevo ministro de Economía, el “marxista” (más precisamente “comunista”, según Marcelo Bonelli) Axel Kicillof. Y en consecuencia no sabe muy bien qué le conviene.
Por “izquierda” (chiste) presumen que, según dijo Lucas Carrasco: “Cristina le acaba de entregar la cabeza de Polémico Moreno a Clarín y el poder económico” (aquí van las risas). NO. La presidenta Cristina relanza su gobierno de cara a la sociedad y necesita renovar su Gabinete. Los funcionarios de los gobiernos populares que confrontan con las corporaciones, especialmente aquellos que se involucran en batallas de alta repercusión pública, se desgastan, pierden credibilidad e influencia, cuando no logran domeñar a “los mercados”. Guillermo Moreno, ese tipazo, ese militante, quedó excesivamente expuesto como principal y casi único responsable del alza de precios, especialmente en los alimentos.
Es obvio que el persistente ataque de “Clarín” a Moreno no responde a la preocupación de Magnetto & Co. por la “soberanía alimentaria” de los más pobres, erosionada por la inflación. NO. Lo que les dolió fueron sus intervenciones en Papel Prensa, en las asambleas de accionistas de “Clarín” (junto con Kicillof) y su constante reivindicación de la legitimidad de la intervención estatal, de su capacidad de fiscalización y regulación.
Porque Moreno es el “enemigo perfecto” de la “opo” neoliberal. Frontal, irónico, peronista hasta la obscenidad, inteligente, culto, provocador y -al fin de cuentas- convertido en una suerte de ícono del kirchnerismo que no arruga frente a los poderosos. ¡Muchas gracias, Guillermo Moreno, y suerte!
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miércoles, 20 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
Alfredo Leuco, Magdalena Ruiz Guiñazú, combatientes por la fama contra la dictadura K.
Si uno revisa Google a esta hora, algo después de la medianoche, el supuesto robo a Leuco recorre 6,7,8 páginas. El título, denso: Alfredo Leuco: “Estoy rogando que sea un robo común y nada más”. Por honestidad (¿o por error?) la guía de nota de “Clarín” dice: Policiales, y no Política. Y no Kirchnerismo.
O sea: “Clarín” digital culmina este día jueves con esta noticia como cabeza en su portada. Allí el portal consigna: “El periodista se quebró al hablar del episodio de inseguridad del que fue víctima. ‘Hice mal, pero resistí porque había cosas de valor inconmensurable’, dijo.” Un apunte bobo: el tipo estaba emocionado, “se quebró”, pero es un valiente porque “resistió”. En rigor, resulta bastante inverosímil el relato para cualquier porteño que conozca la zona: no da para que te roben cuatro motochorros sobre Avenida de Mayo, te golpeen y demás. No. Pero evidentemente, esa ficción es útil a la construcción de cierto relato opositor.
Leamos:
La respuesta: el problema es la construcción paranoica que los medios opositores ofrecen día a día, al servicio de la cual se anotan Magdalena Ruiz Guiñazú (en tanto contribuyente que recibe una visita de la AFIP y se siente perseguida) o el propio Alfredo Leuco (en tanto víctima de un episodio callejero) quien presume ser alguien perseguido por razones políticas -se supone- y no una simple víctima de un robo.
Tal como señaló el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, la preocupación por la inseguridad ciudadana se basa en un “discurso” generado por los grandes medios y que crea “paranoia”. “El mismo discurso lo tiene México con 70 mil muertos en tres años con decapitados, castrados, algo dramático. El mismo discurso lo tiene Centroamérica con las 'maras' (narcotraficantes en Guatemala). Pero también Brasil y el Cono Sur, donde tenemos los índices de homicidios más bajos en la región. El mismo discurso de inseguridad lo tiene Europa donde el índice es bajo también. Es decir, está generado por las redes de medios masivos de difusión”, señaló Zaffaroni.
En fin, hubiera sido interesante ver a estos combatientes por la fama (Ruiz Guiñazú y Leuco) enfrentarse, tan valientes y gallitos, a los dictadores de verdad que supimos padecer (1976-1983) en nuestro país. No estuvieron en esa pelea, pero sí han elegido prestarse a construcciones realmente muy berretas de la comunicación política opositora ante este gobierno nacional, democrático y popular. Son, sencillamente, expresiones de la prensa canalla.
O sea: “Clarín” digital culmina este día jueves con esta noticia como cabeza en su portada. Allí el portal consigna: “El periodista se quebró al hablar del episodio de inseguridad del que fue víctima. ‘Hice mal, pero resistí porque había cosas de valor inconmensurable’, dijo.” Un apunte bobo: el tipo estaba emocionado, “se quebró”, pero es un valiente porque “resistió”. En rigor, resulta bastante inverosímil el relato para cualquier porteño que conozca la zona: no da para que te roben cuatro motochorros sobre Avenida de Mayo, te golpeen y demás. No. Pero evidentemente, esa ficción es útil a la construcción de cierto relato opositor.
Leamos:
“Tengo muchos amigos y compañeros en los medios de comunicación que se han preocupado. Me siento extraño como miles de argentinos que a diario les toca estar en este lugar, tengo que agradecer que no me clavaron un puñal o que no tuvieran un arma. Estoy rogando que sea lo que creo que fue, el robo de una mochila y nada más. Es por el bien de todos. Incluso por el bien de mis enemigos”, agregó Leuco.¿“Enemigos”? ¿En qué batalla anda Leuco, el mismo que supo condenar mediáticamente al ex K Lucas “metralleta” Carrasco? Y, ¿entonces? ¿Cómo se vincula la noticia acerca del episodio de “robo” (un delito contra el patrimonio de Leuco) con la sospecha de que pudo tratarse de “algo más”. Según la nota de “Clarín”: “No saber si se trató de un robo común o algo más, todos me lo preguntaron. Una manera de saber si era un caso más o un castigo para mí. Eso habla del tipo de sociedad que estamos construyendo”, relató Leuco en su columna, que a diferencia de la que hace todos los días, esta vez fue grabada.”
La respuesta: el problema es la construcción paranoica que los medios opositores ofrecen día a día, al servicio de la cual se anotan Magdalena Ruiz Guiñazú (en tanto contribuyente que recibe una visita de la AFIP y se siente perseguida) o el propio Alfredo Leuco (en tanto víctima de un episodio callejero) quien presume ser alguien perseguido por razones políticas -se supone- y no una simple víctima de un robo.
Tal como señaló el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, la preocupación por la inseguridad ciudadana se basa en un “discurso” generado por los grandes medios y que crea “paranoia”. “El mismo discurso lo tiene México con 70 mil muertos en tres años con decapitados, castrados, algo dramático. El mismo discurso lo tiene Centroamérica con las 'maras' (narcotraficantes en Guatemala). Pero también Brasil y el Cono Sur, donde tenemos los índices de homicidios más bajos en la región. El mismo discurso de inseguridad lo tiene Europa donde el índice es bajo también. Es decir, está generado por las redes de medios masivos de difusión”, señaló Zaffaroni.
En fin, hubiera sido interesante ver a estos combatientes por la fama (Ruiz Guiñazú y Leuco) enfrentarse, tan valientes y gallitos, a los dictadores de verdad que supimos padecer (1976-1983) en nuestro país. No estuvieron en esa pelea, pero sí han elegido prestarse a construcciones realmente muy berretas de la comunicación política opositora ante este gobierno nacional, democrático y popular. Son, sencillamente, expresiones de la prensa canalla.
jueves, 3 de octubre de 2013
Un análisis “tiernamente equivocado”, según Lucas Carrasco, nos convoca a discutir sobre los grandes medios que monopolizan la transmisión de la información en nuestro país. Y todo porque la presidenta Cristina Fernández habló con Jorge Rial.
Al periodista Lucas Carrasco -el mismo que trafica con el gastado “business” de las generaciones políticas en “El Dipló”-, no le gusta que se hable del “cerco comunicacional” que los medios dominantes construyen en torno de la presidenta Cristina Fernández.
Digamos que tal vez en la sala de redacción de “infocamioneros” de estas cosas no se habla pero, “en rigor de verdad”, existen. O sea: que a Cristina la tergiversan es fácilmente verificable, más allá de lo que balbucee Hugo Moyano, o alguno de sus hijos, que leen a John William Cooke, organizan fiestas de disfraces o financian intelectuales díscolos. Y todo eso a la vez, pero siempre fotografiados con “modelos”.
Hay un cerco “periodístico” tendido para rodear y distorsionar y -si pueden- enmudecer a Cristina. ¿Se acuerda Carrasco de la anécdota de la Presidenta diciendo que los funcionarios designados por Ella debían temerle? ¿Se acuerda del tratamiento que el sistema de medios hegemonizado por “Clarín” otorgó a esos dichos durante semanas, esa construcción paranoica de una presidenta que “amenazaba” a los argentinos?
En otra época, cuando Carrasco “paneleaba” en “6,7,8” como ¡especialista en elecciones!, seguramente sí se acordaba. Pero, ahora, no. Ahora, tiene una visión tributaria de la “heidipolítica” a la hora de hablar del Grupo Clarín y su posición dominante y muy opositora. Según el actual Carrasco no hay ningún “cerco” y ninguna “tergiversación”. Ni ahí, boló. Se trata, dice Carrasco ahora de un “cerco supuesto”.
Aquí dijimos que Cristina no se resigna a ser tergiversada por Clarín y procura otras vías de interlocución con los universos populares, y que ella pasó de pantalla, luego de las PASO, y que sigue dispuesta a dar debate, a reinventar las formas de comunicación, a conectar con nuevas audiencias, hablando con Rial, por caso. Y aquí, al clarinista Carrasco, se le “soltó la cadena” y comenzó a hablar del “partido cristinista”, de su inevitable derrota y de la no correspondencia entre “rating” y “votos”.
En fin, me limito a citar un apunte de Antonio Cicioni que me resulta esclarecedor respecto del “juego en que andamos” (ver Gelman) y que nos preocupa. “El problema es que los grandes medios buscan la división, el conflicto extremo, el odio, el miedo. Y vaya si lo logran, contagiando con esas nocivas predisposiciones a millones de compatriotas (que terminan creyendo que el odio viene del otro lado). Y lo logran a través de la mentira, la deformación de los hechos, la desinformación masiva y, por supuesto, con el cuasi monopolio de la transmisión de la información (sobre todo en la tv)”.
Se trata de discutir esa manipulación, Carrasco. No es tan difícil de entender. Vos lo sabías, ¿te olvidaste?
Digamos que tal vez en la sala de redacción de “infocamioneros” de estas cosas no se habla pero, “en rigor de verdad”, existen. O sea: que a Cristina la tergiversan es fácilmente verificable, más allá de lo que balbucee Hugo Moyano, o alguno de sus hijos, que leen a John William Cooke, organizan fiestas de disfraces o financian intelectuales díscolos. Y todo eso a la vez, pero siempre fotografiados con “modelos”.
Hay un cerco “periodístico” tendido para rodear y distorsionar y -si pueden- enmudecer a Cristina. ¿Se acuerda Carrasco de la anécdota de la Presidenta diciendo que los funcionarios designados por Ella debían temerle? ¿Se acuerda del tratamiento que el sistema de medios hegemonizado por “Clarín” otorgó a esos dichos durante semanas, esa construcción paranoica de una presidenta que “amenazaba” a los argentinos?
En otra época, cuando Carrasco “paneleaba” en “6,7,8” como ¡especialista en elecciones!, seguramente sí se acordaba. Pero, ahora, no. Ahora, tiene una visión tributaria de la “heidipolítica” a la hora de hablar del Grupo Clarín y su posición dominante y muy opositora. Según el actual Carrasco no hay ningún “cerco” y ninguna “tergiversación”. Ni ahí, boló. Se trata, dice Carrasco ahora de un “cerco supuesto”.
Aquí dijimos que Cristina no se resigna a ser tergiversada por Clarín y procura otras vías de interlocución con los universos populares, y que ella pasó de pantalla, luego de las PASO, y que sigue dispuesta a dar debate, a reinventar las formas de comunicación, a conectar con nuevas audiencias, hablando con Rial, por caso. Y aquí, al clarinista Carrasco, se le “soltó la cadena” y comenzó a hablar del “partido cristinista”, de su inevitable derrota y de la no correspondencia entre “rating” y “votos”.
En fin, me limito a citar un apunte de Antonio Cicioni que me resulta esclarecedor respecto del “juego en que andamos” (ver Gelman) y que nos preocupa. “El problema es que los grandes medios buscan la división, el conflicto extremo, el odio, el miedo. Y vaya si lo logran, contagiando con esas nocivas predisposiciones a millones de compatriotas (que terminan creyendo que el odio viene del otro lado). Y lo logran a través de la mentira, la deformación de los hechos, la desinformación masiva y, por supuesto, con el cuasi monopolio de la transmisión de la información (sobre todo en la tv)”.
Se trata de discutir esa manipulación, Carrasco. No es tan difícil de entender. Vos lo sabías, ¿te olvidaste?
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