La exitosa movilización convocada por el kirchnerismo generó, como era previsible, respuestas indignadas desde la oposición.
Queda para los historiadores del periodismo gráfico el diverso tratamiento icónico que ofreció “Clarín” a la marcha opositora del “8N” en su tapa, tan elocuente y entusiasta, en comparación con su versión de este lunes, luego del “9D”, sin foto alguna de la multitud que acompañó a Cristina. Y, digamos, sí, que “La Nación” se mantuvo fiel a la buena lógica del periodismo gráfico y no ocultó el documento “visual” de una Plaza de Mayo plenamente ocupada. E
sta torpe política de las fotos que censura lo evidente señala la impotencia de “Clarín” a la hora de comunicar todo aquello que desmiente su propio relato sobre la marcha de las cosas. A punto tal que, a la hora de fotografiar la Plaza de Mayo, lo hizo después, al día siguiente, exhibiendo imágenes que documentaban los residuos de la fiesta popular, botellas de plástico y papeles. Un desafío para Mauricio Macri, el intendente, que debe ocuparse del “alumbrado, el barrido y la limpieza”.
Pero, la política de las fotos anti K encontró su versión propositiva. No ya como simple negación de la movilización popular sino como exaltación de la “unidad opositora”. Según “Clarín”:
“En el Comité nacional de la UCR, los radicales Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz y Julio Cobos, además del presidente del partido, Mario Barletta, recibieron al jefe de Gobierno Mauricio Macri, el líder del Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, a los diputados del PJ disidente, Francisco De Narváez y de la Coalición Cívica, Alfonso Prat Gay y de Unión por Todos, Patricia Bullrich, entre otros.” El Grupo A, reciclado, bajo la batuta de la UCR. ¡Carta ganadora!
Es obvio que
cualquier discusión acerca del porvenir se libra dentro del peronismo, y de sus posibles liderazgos. Mientras tanto, Cristina recibió el domingo un elocuente respaldo popular. Y envió un fuerte mensaje hacia las corporaciones, tanto la mediática como la judicial. Vivimos tiempos interesantes.